Afrenta y educación
El país en su totalidad, quedó lastimado por el evento futbolístico, recientemente celebrado en El Salvador, que lo dejó sin posibilidad de participar en el torneo mundial de esa disciplina, próximo a realizarse en África. Fue un pesar que arropó a la colectividad nacional, poniendo de manifiesto, el sentimiento puro de panameñidad. El país demostró que quiere lo suyo, y que llora ante cualquier asunto que lo afecte sensiblemente.
Algo así esperaba, ante la publicación de los resultados del Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (SERCE), donde, por vez primera, se media internacionalmente los niveles de aprendizaje en las asignaturas de Ciencias, Matemáticas y Español, en los estudiantes de 3º y 6º del nivel primario del sistema educativo panameño.
Los resultados fueron desastrosos y consecuencialmente preocupantes. Los mismos evidencian la crisis, por la que atraviesa la educación nacional, que cada vez se profundiza sin posibilidades reales -hasta el momento- de superarlas.
Pero lo interesante de todo es que, frente a la dura situación educativa, han surgido un sinnúmero de interpretaciones teóricas, y hasta estudios que ubican, de acuerdo a un estudio de la investigadora Ileana Gólcher, en nueve esfuerzos sin que los mismos hayan tenido el efecto deseado que conduzca a la educación por los caminos deseados para obtener óptimos resultados.
Y es que mientras no se despolitice el Ministerio de Educación para poder definir con entera claridad los objetivos nacionales de la educación, y de la misma manera la filosofía que debe sustentar la misma, los saldos serán negativos.
En este periodo presidencial, en donde han transitado cuatro ministros, ha quedado claramente expresado que no hay una definición científicamente concebida sobre la aspiración de la Educación panameña. Esa cartera ministerial ha respondido más a los intereses políticos que a los educativos, de tal forma que difícilmente puede articularse y menos desarrollarse una propuesta educativa en firme.
La educación, como un componente social, ha quedado al margen del desarrollo de la sociedad y ni siquiera ha podido presentarse como un elemento eficiente que influya en el mismo.
Si desde arriba no ha podido concebirse una propuesta, sustentada desde luego, por las realidades y necesidades que deben surgir de los diagnósticos, de las experiencias, de los conocimientos de todos los estamentos del sistema, malamente pueden esperarse resultados buenos en sus distintos niveles.
Los ministros de Educación responden al entendimiento que el partido político en el poder tiene sobre el sistema, más que a una política educativa debidamente estructurada sobre bases científicas.
Y si a esa triste situación le unimos, la cantidad exuberante de gremios docentes, los cuales superan la cantidad de veinte, debemos decir que hay un serio problema. Esos mismo sectores reciben una cantidad astronómica de recursos económicos para la "capacitación profesional", sin que se vean los logros positivos. De manera que, frente a la ausencia de una política seria que atienda los distintos factores de la crisis, desde la rectoría del sistema y ante la presencia atrofiada de "gremios docentes", que también lo politizan, no queda más que seguir con la crisis de la educación panameña.
Por tal motivo, hoy el país también debiera llorar por los pésimos resultados obtenidos por los estudiantes panameños, lo que evidencia que hay que hacer un alto para retomar rumbos.
jorge0913@pa.inter.net