Agitación laboral
Desde hace semanas, Panamá vive una extraña inquietud laboral caracterizada por el uso de métodos violentos y una agitación callejera programada. Se diría que hay dirigentes sindicales que han decidido prescindir del diálogo racional y maduro para lanzarse a una escalada irreflexiva de reclamos por las tarifas del suministro eléctrico, a sabiendas de que el incremento obedece a los precios del mercado internacional del petróleo.
El ingreso de dirigentes sindicales a las dependencias del Ministerio de Trabajo en medio de forcejeos con los encargados de la seguridad constituye un episodio que no tiene razón de ser, puesto que hay un titular de la cartera abierto al diálogo y un gobierno preocupado por el hallazgo de fórmulas viables para el mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores.
Por añadidura, las marchas de estudiantes y trabajadores por las principales vías en horas punta corresponden a un plan de presiones que se apoya irracionalmente en congestiones vehiculares y en las protestas que generan. Toda esta agitación es artificial, porque los líderes de las protestas conocen que las causas de las anunciadas alzas de tarifas se encuentran no en iniciativas gubernamentales sino en contratos celebrados entre el Estado y las empresas privadas operadoras en los que se fijan los parámetros para la revisión de los costos energéticos.
Las privatizaciones son irreversibles en la medida en que responden a compromisos jurídicos, cuya reversión o nulidad afectarían seriamente la imagen de estabilidad legal que Panamá debe presentar ante la comunidad financiera internacional. Por supuesto, ello no impide que los ajustes tarifarios que afectan a los usuarios los analice el Estado para corroborar que se ciñan a la realidad. Esta opción está abierta, pero necesariamente debe canalizarse a través de una comunicación seria entre los entes estatales respectivos y las operadoras privadas. En ese contexto de reflexión y análisis resulta improcedente la agitación que no puede cambiar el status y que, anarquizando el escenario urbano, lo único que consigue es desencadenar el desorden por el desorden. El sindicalismo panameño del milenio debe modificar radicalmente una estrategia que, en vez de procurar mejoras y ventajas acarrea problemas a todo el mundo.
El ingreso de dirigentes sindicales a las dependencias del Ministerio de Trabajo en medio de forcejeos con los encargados de la seguridad constituye un episodio que no tiene razón de ser, puesto que hay un titular de la cartera abierto al diálogo y un gobierno preocupado por el hallazgo de fórmulas viables para el mejoramiento del nivel de vida de los trabajadores.
Por añadidura, las marchas de estudiantes y trabajadores por las principales vías en horas punta corresponden a un plan de presiones que se apoya irracionalmente en congestiones vehiculares y en las protestas que generan. Toda esta agitación es artificial, porque los líderes de las protestas conocen que las causas de las anunciadas alzas de tarifas se encuentran no en iniciativas gubernamentales sino en contratos celebrados entre el Estado y las empresas privadas operadoras en los que se fijan los parámetros para la revisión de los costos energéticos.
Las privatizaciones son irreversibles en la medida en que responden a compromisos jurídicos, cuya reversión o nulidad afectarían seriamente la imagen de estabilidad legal que Panamá debe presentar ante la comunidad financiera internacional. Por supuesto, ello no impide que los ajustes tarifarios que afectan a los usuarios los analice el Estado para corroborar que se ciñan a la realidad. Esta opción está abierta, pero necesariamente debe canalizarse a través de una comunicación seria entre los entes estatales respectivos y las operadoras privadas. En ese contexto de reflexión y análisis resulta improcedente la agitación que no puede cambiar el status y que, anarquizando el escenario urbano, lo único que consigue es desencadenar el desorden por el desorden. El sindicalismo panameño del milenio debe modificar radicalmente una estrategia que, en vez de procurar mejoras y ventajas acarrea problemas a todo el mundo.