Agosto: ¡Dilema fatal!
Espero que mis planteamientos sean fríamente analizados, no hieran susceptibilidades, ni se interpreten como una posición ventajosa por ser parte interesada. Y es que el 10 de agosto son las elecciones primarias del PRD, donde una membresía de más de 480,000 inscritos tendrá el derecho y deber de escoger entre casi 6,000 aspirantes a candidatos a legisladores, alcaldes, representantes y concejales que nos deberán representar ante el electorado el 2 de mayo de 2004. En agosto se determinará, considero, dos cosas: Una, si las bases del PRD han asimilado o interpretado el deseo generalizado del electorado, en cuanto a “caras y oferta electoral nueva”; y la otra, si realmente se cumple con ese ineludible mandato filosófico de Omar Torrijos, el cacareado, pero nunca practicado “Relevo Generacional”.
Caras y oferta electoral nuevas sí, es lo que propugnamos en el primer punto, pero este paso debe darse sin improvisación. Quienes merezcan el derecho de ser elegidos, deben ser hombres y mujeres con formación y trayectoria política, pero con credenciales de honestidad, lealtad y principios éticos y morales. La negativa experiencia en la historia reciente de los tránsfugas del parlamento, así como el timorato y pusilánime silencio de muchos ante los embates y ataques contra el partido y nuestro máximo dirigente, nos advierten que seamos severos y certeros escrutadores en este democrático y festivo ejercicio electoral.
Por último, el “Relevo Generacional” del que habló Torrijos, pero que pareciera una utopía, ya que quienes por creerse los imprescindibles se aferran a los cargos sin entender que “el poder absoluto, corrompe absolutamente” indicativos claros de un atrofiamiento natural que impide ver que no se trata de excluir, sino de un sano desprendimiento de participación. En este sentido, es plausible la actitud asumida por la Ing. Balbina Herrera y el Lic. Gerardo González.
El 10 de agosto es una fecha de dilema y fatalidad, porque en ella se reflejará la interpretación y liderazgo de ese discurso renovador de Martín Torrijos, que habla de una nueva generación política; no para satisfacer intereses personales, para cambiar el rumbo, entendiendo la rendición de cuentas en función de gobierno, combatir la corrupción, no diciéndolo, sino haciéndolo. En síntesis, generar la fe y credibilidad del pueblo en sus autoridades. Ese es el reto y dilema fatal de los miembros del PRD.
Endara fue el que sacó al país del profundo pozo maloliente en que había caído. Y ahora tendrá que repetir otro esfuerzo enorme para salvar a la Nación.
Esencialmente hablando, Endara es un hombre honrado. Cuando terminó su mandato no quiso aceptar el puesto que le correspondía en el PARLACEN, y así huir de sus responsabilidades presidenciales con una inmunidad sospechosa. No, durante los cinco años posteriores a su mandato no salió ni un solo día del país, esperando que alguien lo acusara de algún hecho de corrupción que se hubiera producido en su gobierno, ¡y nadie se atrevió a denunciarlo!
También se le reconoció que hubiera rechazado las cuentas secretas millonarias de las que hubiera podido hacer uso como Presidente. Igualmente, se le elogió mucho que hubiera nombrado a ciudadanos intachables como guardianes de las finanzas estatales.
Nunca podremos olvidar a un Chinchorro Carles, a un Lucho Moreno, a un Mario Galindo, a un Guillermo Ford, a un Billy Quijano, y a muchos otros, que brillaron por su integridad moral y su extraordinaria competencia. También recordamos a Endara, porque realizó unas elecciones ejemplares en la historia de la República.
Con la entrada de Endara al escenario político, vemos con recuperada esperanza que un hombre honrado vuelva por los fueros presidenciales.
Cuando Guillermo Endara repitió en mi programa radial, hace algunos meses, que rebajaría los sueldos altísimos del presidente, los ministros y los otros altos dignatarios del Estado, porque no estaba de acuerdo con el criterio infeliz de que había que subírselos para evitar que robaran, se ganó la entera voluntad del pueblo chiricano. Y no era un decir, dio múltiples ejemplos durante su mandato.
En 1951, no sólo los colombianos sino todo el continente miraban con zozobra y ansiedad la tragedia política que desgarraba al país hermano.En ese momento, desde Panamá, uno de los hombres más ilustres que ha tenido la República, José Isaac Fábrega, publicó un ensayo vibrante y enérgico que tituló: “O Lleras Camargo, o el caos”. Y así fue, Lleras Camargo sacó de la tragedia al pueblo colombiano.
Hoy quiero terminar, parafraseando a José Isaac Fábrega: ¡O Guillermo Endara, o el caos. ¡Sí señores!
Caras y oferta electoral nuevas sí, es lo que propugnamos en el primer punto, pero este paso debe darse sin improvisación. Quienes merezcan el derecho de ser elegidos, deben ser hombres y mujeres con formación y trayectoria política, pero con credenciales de honestidad, lealtad y principios éticos y morales. La negativa experiencia en la historia reciente de los tránsfugas del parlamento, así como el timorato y pusilánime silencio de muchos ante los embates y ataques contra el partido y nuestro máximo dirigente, nos advierten que seamos severos y certeros escrutadores en este democrático y festivo ejercicio electoral.
Por último, el “Relevo Generacional” del que habló Torrijos, pero que pareciera una utopía, ya que quienes por creerse los imprescindibles se aferran a los cargos sin entender que “el poder absoluto, corrompe absolutamente” indicativos claros de un atrofiamiento natural que impide ver que no se trata de excluir, sino de un sano desprendimiento de participación. En este sentido, es plausible la actitud asumida por la Ing. Balbina Herrera y el Lic. Gerardo González.
El 10 de agosto es una fecha de dilema y fatalidad, porque en ella se reflejará la interpretación y liderazgo de ese discurso renovador de Martín Torrijos, que habla de una nueva generación política; no para satisfacer intereses personales, para cambiar el rumbo, entendiendo la rendición de cuentas en función de gobierno, combatir la corrupción, no diciéndolo, sino haciéndolo. En síntesis, generar la fe y credibilidad del pueblo en sus autoridades. Ese es el reto y dilema fatal de los miembros del PRD.
Endara fue el que sacó al país del profundo pozo maloliente en que había caído. Y ahora tendrá que repetir otro esfuerzo enorme para salvar a la Nación.
Esencialmente hablando, Endara es un hombre honrado. Cuando terminó su mandato no quiso aceptar el puesto que le correspondía en el PARLACEN, y así huir de sus responsabilidades presidenciales con una inmunidad sospechosa. No, durante los cinco años posteriores a su mandato no salió ni un solo día del país, esperando que alguien lo acusara de algún hecho de corrupción que se hubiera producido en su gobierno, ¡y nadie se atrevió a denunciarlo!
También se le reconoció que hubiera rechazado las cuentas secretas millonarias de las que hubiera podido hacer uso como Presidente. Igualmente, se le elogió mucho que hubiera nombrado a ciudadanos intachables como guardianes de las finanzas estatales.
Nunca podremos olvidar a un Chinchorro Carles, a un Lucho Moreno, a un Mario Galindo, a un Guillermo Ford, a un Billy Quijano, y a muchos otros, que brillaron por su integridad moral y su extraordinaria competencia. También recordamos a Endara, porque realizó unas elecciones ejemplares en la historia de la República.
Con la entrada de Endara al escenario político, vemos con recuperada esperanza que un hombre honrado vuelva por los fueros presidenciales.
Cuando Guillermo Endara repitió en mi programa radial, hace algunos meses, que rebajaría los sueldos altísimos del presidente, los ministros y los otros altos dignatarios del Estado, porque no estaba de acuerdo con el criterio infeliz de que había que subírselos para evitar que robaran, se ganó la entera voluntad del pueblo chiricano. Y no era un decir, dio múltiples ejemplos durante su mandato.
En 1951, no sólo los colombianos sino todo el continente miraban con zozobra y ansiedad la tragedia política que desgarraba al país hermano.En ese momento, desde Panamá, uno de los hombres más ilustres que ha tenido la República, José Isaac Fábrega, publicó un ensayo vibrante y enérgico que tituló: “O Lleras Camargo, o el caos”. Y así fue, Lleras Camargo sacó de la tragedia al pueblo colombiano.
Hoy quiero terminar, parafraseando a José Isaac Fábrega: ¡O Guillermo Endara, o el caos. ¡Sí señores!