Aguafiestas
Dos fenómenos negativos amargan estas festividades: el primero, los fuegos artificiales; pues, además de las quemaduras, sus compuestos químicos por ser oxidantes fuertes, irritantes y explosivos, conllevan alguna morbilidad, como también el humo que inhalan niños y adultos, y que contiene cadmio, arsénico, zinc, cromo, níquel, selenio y plomo, elementos minadores de la salud.
En segundo lugar, atendamos que en los países más desarrollados y en la mayoría de los demás, existen ya los programas para mitigar los perjuicios por los llamados "residuos urbanos", o desechos generados por las actividades industriales y comerciales. En casi todos, se han implementado metodologías hacia una cultura del reciclaje, y en no pocos se diseñan estrategias conducentes a sustituir los plásticos corrientes, cuya degradación tarda 150 años, por los bioplásticos. En nuestro país, la cosa es peor por la incultura de quienes arrojan por doquier esos residuos que tanto afean, y que, además, van a taponar los drenajes de agua, naturales y artificiales, con consecuencias que, como aún no han sido catastróficas, no provocan en las autoridades una reacción drástica.
Los fabricantes de bolsas plásticas y los comerciantes que se valen de ellas como vehículo publicitario, se han refugiado en un argumento iluso: como el papel pesa más que el plástico, el transporte de aquel causa mayor polución que el de éste. Para Panamá, la fabricación y eliminación de bolsas plásticas implica una emisión de centenas de miles de toneladas de gases efecto invernadero, dada la capacidad comercial de Colón y de la ciudad capital, y el acendrado consumismo de sus gentes.
Otra evidencia de la extrema nocividad son las islas alargadas formadas por productos plásticos que, desplazados por los ríos, quedan a la deriva flotando en los océanos y destruyendo masivamente la ecología ecuórea como las tortugas que confunden el polietileno con medusas, ahogándose.
Deberíamos afianzarnos en estrategias preventivas como aquel principio: "el mejor residuo es el que no existe". Las bolsas de tela también pueden ser vehículos publicitarios, y perduran para muchas compras. China anunció la prohibición radical de las bolsas plásticas en los comercios; igual hizo la ciudad de San Francisco hace más tiempo, y en Inglaterra casi 100 ciudades han diseñado diversos sistemas para reemplazar tales empaques. Dinamarca y Suiza crearon un impuesto: la plastasa; mientras que en Francia e Italia se planeó ya la supresión total para 2010; Irlanda fijó un costo de 15 centavos por bolsa y con ello redujo en 90% su utilización. Pero, hay bolsas a base de oxodegradables, aditivos que desaparecen objetos del campo visual, mas no facilitan la bioasimilación.
Tenemos los entes expeditos para eliminar esas amarguras: los ministerios de Educación, Vivienda, Salud, Mida, AANM y la Policía. ¡Veremos, dijo el ciego!