default

Aguas envenenadas


Después del envenenamiento total de las aguas de la política a que condujo la dictadura militar, con el trágico desenlace de extrema violencia que costó la vida a cientos de panameños y panameñas, se hizo un esfuerzo sincero y responsable de retomar los comportamientos democráticos de diálogo y construcción de consenso, sin los cuales la democracia no es posible.
En las precarias circunstancias en que la oposición a la dictadura militar recibió el país, no solo necesitó de muy buen criterio para adaptarse y adaptar sus ideas a las condiciones existentes en ese momento, sino que era imprescindible la colaboración de los que siendo aliados de los militares, durante una larga noche para la democracia, se habían convertido súbitamente en oposición. Hubo respeto mutuo y el país despegó. Se jugó por las reglas y la conclusión siempre fue que ganó el mejor, el mejor para el país. Pero desde hace unos pocos años, la corrupción (la utilización del poder público con fines privados) ha vuelto ha prevalecer en la clase gobernante, se ha destruido su credibilidad, y se han vuelto a envenenar las aguas de las política. Ya no hay respeto entre adversarios, sino las tácticas más inconcebiblemente irresponsables de arruinar al enemigo. Se comportan como si este fuese un país que pudiese andar bien, independientemente del respeto que se le tenga a la autoridad.
Los miembros de la oposición debieran reconocer que si ellos hubiesen presentado una propuesta de reforma de la seguridad social, pues nada se lo impedía, la reacción de obreros y estudiantes habría sido igual o, seguramente, peor a la que se ha escenificado en la última semana.
En realidad, la posición del gobierno está mucho más cerca de la que defienden los manifestantes, si la comparamos con la de sus adversarios opositores. Pero en las aguas envenenadas en las que se bebe la política en estos días, casi todas las partes se han comportado de modo irracional y sin mirar las consecuencias de sus acciones.
Por principio, la cordura es una condición natural del ser humano. En estas circunstancias, hay que exigirla de los actores políticos y sociales, porque es la viabilidad de la democracia la que está en juego.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América