Aguda confrontación en Venezuela
Caracas (AIPE)- Durante los tres años que lleva Chávez gobernando a Venezuela, su régimen se ha caracterizado por la más impresionante ineficiencia. Su mensaje populista, su crítica a la corrupción de un sistema que parecía agotado, lo llevaron a ganar una elección tras otra mientras mantenía un amplio apoyo popular. Pero toda la euforia que suscitó el autoritario caudillo militar no sirvió para nada a la hora de gobernar. Descuidando por completo los verdaderos problemas del país y manteniendo un mensaje siempre agresivo -y en el fondo antidemocrático- sus palabras y sus acciones han llevado a más desempleo y más pobreza, a un desorden administrativo y presupuestario que ha hecho retroceder a Venezuela en todos los sentidos. Nada extraño resulta que, desde hace unos meses, su ineptitud se haya convertido en una vertiginosa disminución de su popularidad.
Sintiendo que perdía sus fuentes de apoyo, Chávez ha reaccionado como un autócrata que se pretende revolucionario: en vez de rectificar, ha aumentado sus promesas populistas y se ha decidido a imponer a Venezuela un modelo económico que se inscribe dentro de la más pura tradición comunista. En las 49 leyes que ha aprobado por decreto días atrás se viola por completo el derecho de propiedad, se propicia un estatismo desenfrenado y se define un curso de acción que llevaría al país por los derroteros que sigue la Cuba fidelista.
Los venezolanos, hastiados ahora de un presidente que no cesa de hacer el ridículo, pero atemorizados también, de algún modo, por el futuro que se les pretende imponer, han reaccionado pasando por fin a la acción. Marchas, cacerolazos, caravanas y otras manifestaciones de protesta se han sucedido y se preparan ahora en Caracas, mientras los medios de comunicación se alejan cada vez más del mandatario. Un paro nacional de la central de empresarios se prepara para el día 10 de diciembre, con amplio y variado apoyo de gremios profesionales y asociaciones civiles de todo tipo. Pero eso no es, quizás, lo más interesante: lo grave para Chávez es que la Confederación de Trabajadores de Venezuela, en manos de la oposición, se ha sumado también a la protesta, preparando medidas todavía más duras contra su gestión.
La respuesta de Chávez ha sido la previsible. Un caudillo militar que se presenta a sí mismo como líder infalible de una revolución armada, no podía hacer otra cosa que amenazar, insultar y sacar las tropas a la calle. Caracas está prácticamente tomada por la Guardia Nacional que, con el pretexto de combatir la delincuencia, se encuentra ahora en posición de amedrentar a quienes vayan a protestar contra el régimen. Mientras circulan rumores de que Chávez va a decretar el Estado de Excepción como una forma de dar el autogolpe que lo convierta abiertamente en dictador del país, otros rumores, tal vez infundados, predicen que el ejército no lo secundará y que dará un golpe para derrocarlo.
La situación es crítica y la confrontación se hace cada vez más aguda, más irreconciliable, en un clima de tensión que nada augura de bueno. Venezuela, cansada de esta falsa revolución que sólo ha servido para aumentar nuestros males, se dispone ahora a dar la batalla contra las pretensiones de un poder que no acepta el diálogo ni quiere ceder.
Es posible que Chávez, con el apoyo que todavía le resta, pueda superar de momento la creciente oposición a su gobierno. Pero su futuro, creemos, está sellado: no se puede dirigir así a un país a espaldas de todos, no se puede imponer la dictadura a un pueblo que ya no le cree y poco espera de él. En las próximas semanas podremos conocer si es posible encontrar una salida pacífica que acabe con este malhadado experimento o si Venezuela, como le ha sucedido a otras naciones, se ve envuelta en una espiral de violencia de terribles consecuencias.
(c)* Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.www.aipenet.com
Sintiendo que perdía sus fuentes de apoyo, Chávez ha reaccionado como un autócrata que se pretende revolucionario: en vez de rectificar, ha aumentado sus promesas populistas y se ha decidido a imponer a Venezuela un modelo económico que se inscribe dentro de la más pura tradición comunista. En las 49 leyes que ha aprobado por decreto días atrás se viola por completo el derecho de propiedad, se propicia un estatismo desenfrenado y se define un curso de acción que llevaría al país por los derroteros que sigue la Cuba fidelista.
Los venezolanos, hastiados ahora de un presidente que no cesa de hacer el ridículo, pero atemorizados también, de algún modo, por el futuro que se les pretende imponer, han reaccionado pasando por fin a la acción. Marchas, cacerolazos, caravanas y otras manifestaciones de protesta se han sucedido y se preparan ahora en Caracas, mientras los medios de comunicación se alejan cada vez más del mandatario. Un paro nacional de la central de empresarios se prepara para el día 10 de diciembre, con amplio y variado apoyo de gremios profesionales y asociaciones civiles de todo tipo. Pero eso no es, quizás, lo más interesante: lo grave para Chávez es que la Confederación de Trabajadores de Venezuela, en manos de la oposición, se ha sumado también a la protesta, preparando medidas todavía más duras contra su gestión.
La respuesta de Chávez ha sido la previsible. Un caudillo militar que se presenta a sí mismo como líder infalible de una revolución armada, no podía hacer otra cosa que amenazar, insultar y sacar las tropas a la calle. Caracas está prácticamente tomada por la Guardia Nacional que, con el pretexto de combatir la delincuencia, se encuentra ahora en posición de amedrentar a quienes vayan a protestar contra el régimen. Mientras circulan rumores de que Chávez va a decretar el Estado de Excepción como una forma de dar el autogolpe que lo convierta abiertamente en dictador del país, otros rumores, tal vez infundados, predicen que el ejército no lo secundará y que dará un golpe para derrocarlo.
La situación es crítica y la confrontación se hace cada vez más aguda, más irreconciliable, en un clima de tensión que nada augura de bueno. Venezuela, cansada de esta falsa revolución que sólo ha servido para aumentar nuestros males, se dispone ahora a dar la batalla contra las pretensiones de un poder que no acepta el diálogo ni quiere ceder.
Es posible que Chávez, con el apoyo que todavía le resta, pueda superar de momento la creciente oposición a su gobierno. Pero su futuro, creemos, está sellado: no se puede dirigir así a un país a espaldas de todos, no se puede imponer la dictadura a un pueblo que ya no le cree y poco espera de él. En las próximas semanas podremos conocer si es posible encontrar una salida pacífica que acabe con este malhadado experimento o si Venezuela, como le ha sucedido a otras naciones, se ve envuelta en una espiral de violencia de terribles consecuencias.
(c)* Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.www.aipenet.com