Ahora malaria en Darién
Cuando parecía que la paz en la conflictiva zona fronteriza era posible, con el inicio de conversaciones de paz en la vecina Colombia, trayendo al fin una buena nueva, ahora se le viene encima la malaria a nuestra abandonada y atribulada provincia oriental.
En efecto, hasta el 4 de julio del presente año, han aparecido 412 casos confirmados de la enfermedad, contra sólo 116 del año pasado, lo que representa un aumento alarmante de 355%.
El explosivo incremento de la malaria en Darién se atribuye a la escasez de medios de transporte terrestre, botes, helicópteros, caballos, etc. A ello se suma la situación de aislamiento de las comunidades afectadas, por la precariedad de las vías de comunicación.
La enfermedad azota los poblados kunas de Mortí, Paya, Nurva, Wale y Pucurú; pero también afecta a Boca de Cupe, Unión Chocó, Sambú, Copetí, Los Monos y Manené. La situación de violencia que se vivió el año pasado, por la incursión de paramilitares colombianos persiguiendo guerrilleros y chocando en ocasiones con policías panameños, ha contribuido a agravar la crisis, desde el momento que se dificulta la prestación de servicios de salud.
Autoridades médicas han expresado que la inmigración incontrolada de personas enfermas del mal, contribuye a propagarlo, desde el momento que el mosquito vector, al atacar a gente infectada, contagiará a personas sanas que sean picadas por el mismo insecto.
La enfermedad, causada por la inoculación en la sangre de un microbio parásito, el plasmodium, provoca severos cuadros de anemia y hasta la muerte, si no es tratada a tiempo, siendo más perniciosa en personas débiles y mal alimentadas.
Durante la construcción del Canal Francés, la malaria hizo estragos entre los ingenieros y trabajadores de campo. Y cuando tocó el turno a los norteamericanos, empezaron saneando el área de aguas estancadas y atacando el mosquito con DDT.
Darién necesita de un esfuerzo similar, que incluye vacunación, salud ambiental y el tratamiento de los enfermos. Sólo que para hacerlo se requiere de vías de acceso, lo que no es posible sin una carretera.
La malaria es pues otra poderosa razón para insistir en la construcción de la Panamericana, que atraviese Darién por el centro, hasta Yaviza y más allá, cerca de la frontera colombiana. Sólo así llevaremos el progreso, seguridad y atención que se merece nuestra olvidada y abandonada provincia.
En efecto, hasta el 4 de julio del presente año, han aparecido 412 casos confirmados de la enfermedad, contra sólo 116 del año pasado, lo que representa un aumento alarmante de 355%.
El explosivo incremento de la malaria en Darién se atribuye a la escasez de medios de transporte terrestre, botes, helicópteros, caballos, etc. A ello se suma la situación de aislamiento de las comunidades afectadas, por la precariedad de las vías de comunicación.
La enfermedad azota los poblados kunas de Mortí, Paya, Nurva, Wale y Pucurú; pero también afecta a Boca de Cupe, Unión Chocó, Sambú, Copetí, Los Monos y Manené. La situación de violencia que se vivió el año pasado, por la incursión de paramilitares colombianos persiguiendo guerrilleros y chocando en ocasiones con policías panameños, ha contribuido a agravar la crisis, desde el momento que se dificulta la prestación de servicios de salud.
Autoridades médicas han expresado que la inmigración incontrolada de personas enfermas del mal, contribuye a propagarlo, desde el momento que el mosquito vector, al atacar a gente infectada, contagiará a personas sanas que sean picadas por el mismo insecto.
La enfermedad, causada por la inoculación en la sangre de un microbio parásito, el plasmodium, provoca severos cuadros de anemia y hasta la muerte, si no es tratada a tiempo, siendo más perniciosa en personas débiles y mal alimentadas.
Durante la construcción del Canal Francés, la malaria hizo estragos entre los ingenieros y trabajadores de campo. Y cuando tocó el turno a los norteamericanos, empezaron saneando el área de aguas estancadas y atacando el mosquito con DDT.
Darién necesita de un esfuerzo similar, que incluye vacunación, salud ambiental y el tratamiento de los enfermos. Sólo que para hacerlo se requiere de vías de acceso, lo que no es posible sin una carretera.
La malaria es pues otra poderosa razón para insistir en la construcción de la Panamericana, que atraviese Darién por el centro, hasta Yaviza y más allá, cerca de la frontera colombiana. Sólo así llevaremos el progreso, seguridad y atención que se merece nuestra olvidada y abandonada provincia.