Ahora nosotras convocamos
A lo largo de la historia las mujeres hemos acudido a todas las convocatorias para construir un mundo mejor. Hemos participado en todas y cada una de las causas que han impulsado a la humanidad en la búsqueda de la verdad, la libertad y la justicia y aportado una cuota de sacrificio y generosidad, que por más que haya querido reducirse al hacer el recuento posterior de los hechos, no ha podido ignorarse ni eliminarse por completo.
El intento de minimizar la contribución de las mujeres en los diversos movimientos a través de los siglos no es de extrañar, puesto que nuestra actuación se ha dado dentro de los supuestos ideológicos y culturales de la sociedad patriarcal, en la que el poder económico, político, social y religioso forman un entramado que excluye de manera sistemática -por la vía de la invisibilidad o del sometimiento- la afirmación y presencia de lo femenino, y lo reduce al ámbito de lo doméstico o al mundo de lo privado. Además, al negar la contribución y el protagonismo de las mujeres se facilita escamotearnos cualquier beneficio que pudiera derivarse de nuestras acciones.
Hace apenas tres décadas que, gracias al aporte del movimiento feminista, la investigación histórica ha rescatado del olvido documentos ignorados hasta ahora y personajes femeninos que nos revelan otra dimensión de los hechos y una riqueza mucho más acorde con la veracidad y la complejidad de las actuaciones humanas. Ese trabajo académico serio y sistemático, realizado por académicos de ambos sexos, nos ha permitido ver bajo otra luz y con otros ojos la historia de toda la humanidad, y no sólo de una mitad de la misma; pero, sobre todo, conocer mejor la vida de las mujeres a través de los siglos y escuchar las voces que desde hace mucho reclaman derechos fundamentales y plantean una nueva manera de relacionarnos hombres y mujeres.
Por eso el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, aunque queda un largo camino por recorrer, la mujeres alrededor del mundo nos detenemos por un momento para celebrar lo que somos y lo que hemos alcanzado, producto de nuestra tenacidad y nuestra constancia: el derecho a ser reconocidas como ciudadanas y poder elegir y ser elegidas, el respeto a nuestra dignidad como personas que aspiramos a vivir sin violencia, con igualdad de oportunidades y la protección debida de las autoridades que tienen el deber de hacer cumplir las leyes que nos amparan de manera fiel y eficiente.
En este siglo -que muchos han dado por llamar de las mujeres- la convocatoria para construir una sociedad más justa, próspera y fraterna la hacemos nosotras, de una manera incluyente y pacífica, a partir del respeto mutuo y de la reivindicación del amor, que sólo puede darse entre iguales, como forma de eliminar la violencia.