Airbus A380 o la revolución del transporte aéreo
MIENTRAS EL presidente norteamericano George Bush hijo daba los últimos toques a su discurso de inicio de su segundo mandato, el cual se caracterizaría por su claro toque hegemónico y belicista; al otro lado del Atlántico, en París, se corría la cortina que presentaba al más grande avión de transporte de pasajeros construido jamás, el Airbus A380, con capacidad para 500 pasajeros de aerolínea o de 700 pasajeros en vuelos "charter", fruto de la comunitaria compañía constructora europea.
Sus dimensiones descomunales hacen que tan sólo su cola sea del alto de un edificio de siete pisos y con 80 metros de alas. Los aeropuertos del planeta tienen un tremendo problema para manejar semejantes dimensiones y atender tantos pasajeros de un solo avión, sobre todo los de los países menos desarrollados. Ni hablar, si se tratara de varios de esos colosos aterrizando simultáneamente en diversas terminales.
¿Qué será de nuestro pobre aeropuerto, tras el arribo de un vuelo "charter"?
Es más que evidente que las reformas proyectadas al aeropuerto de Tocumen ya están obsoletas. Porque, seguramente, esa será la tendencia de la industria, igual que en lo marítimo, contrario a lo ocurrido con el Concorde, sacado de circulación por sus altos costos, reducida capacidad y competitividad.
La industria aeronáutica europea supo responder rápidamente al desafío. Y no se llame nadie a engaños, que el avión es ya un éxito comercial.
En efecto, la próxima semana se firmará la compra, por parte de China, de los primeros cinco aviones que estarían destinados a sus aerolíneas China Southern y Chinese Aviation. En realidad, son tan sólo una parte de 139 pedidos iniciales, con perspectivas seguras de alcanzar los 150, de aquí a julio.
¿Qué hacer? Ser más ambiciosos y futuristas en cuanto a las obras de modernización de Tocumen. Lo que es intolerable es continuar como hasta ahora, atendiendo al millón de turistas que recibimos el año pasado, más el porcentaje de incremento del actual, con solamente tres puestos de migración y aduanas.
Sus dimensiones descomunales hacen que tan sólo su cola sea del alto de un edificio de siete pisos y con 80 metros de alas. Los aeropuertos del planeta tienen un tremendo problema para manejar semejantes dimensiones y atender tantos pasajeros de un solo avión, sobre todo los de los países menos desarrollados. Ni hablar, si se tratara de varios de esos colosos aterrizando simultáneamente en diversas terminales.
¿Qué será de nuestro pobre aeropuerto, tras el arribo de un vuelo "charter"?
Es más que evidente que las reformas proyectadas al aeropuerto de Tocumen ya están obsoletas. Porque, seguramente, esa será la tendencia de la industria, igual que en lo marítimo, contrario a lo ocurrido con el Concorde, sacado de circulación por sus altos costos, reducida capacidad y competitividad.
La industria aeronáutica europea supo responder rápidamente al desafío. Y no se llame nadie a engaños, que el avión es ya un éxito comercial.
En efecto, la próxima semana se firmará la compra, por parte de China, de los primeros cinco aviones que estarían destinados a sus aerolíneas China Southern y Chinese Aviation. En realidad, son tan sólo una parte de 139 pedidos iniciales, con perspectivas seguras de alcanzar los 150, de aquí a julio.
¿Qué hacer? Ser más ambiciosos y futuristas en cuanto a las obras de modernización de Tocumen. Lo que es intolerable es continuar como hasta ahora, atendiendo al millón de turistas que recibimos el año pasado, más el porcentaje de incremento del actual, con solamente tres puestos de migración y aduanas.