Aislamiento comercial de Panamá
Dijo Cohen: "Estamos solos, no pertenecemos al Mercosur, ni al Pacto Andino, tampoco al bloque centroamericano ni al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC)". Ese aislamiento, explicó, no genera inversiones, pues los 2.8 millones de habitantes de Panamá no representan un mercado interesante para nadie.
Los bloques regionales sirven para integrar mercados, haciéndolos más atractivos para la inversión extranjera y local. Tan solo el intercambio entre sus miembros es un incentivo. Además, negociando en bloque con otros similares de Europa y Asia, por ejemplo, o con potencias mundiales como China y Japón, se tiene más peso específico para obtener ventajas que hacerlo individualmente.
Panamá podría no ser atractiva presentándose sola, pero no como miembro del bloque centroamericano por ejemplo. Pero ese no es el caso. La dolorosa realidad es que estamos aislados. Siendo así, no tenemos nada que ofrecer a interlocutores más grandes como Estados Unidos, Chile, México y Canadá.
Costa Rica es un ejemplo para nosotros. Sus últimos tres gobiernos han seguido una consistente política de estado, de integrarse comercialmente a distintos bloques y países. Lo ha hecho inteligentemente, con base a una doble estrategia: usar individualmente su inmenso prestigio como democracia y potencia ecológica continental y, cuando le conviene, negociar como parte del bloque centroamericano. De ese modo, nuestro incansable vecino del oeste, ha logrado concretar tratados de libre comercio con Chile, México, Canadá y República Dominicana.
Claro que el proceso integrador conlleva riesgos y algunos errores. Solo quien construye y avanza se expone al tropiezo. Pero hay que avanzar y arriesgar.
Recientemente, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la renovación del tratado de preferencias arancelarias con el Pacto Andino integrado por Venezuela, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Ciertamente, la cooperación en la erradicación de cultivos de coca ha sido el mayor estímulo compensatorio para la potencia norteña. Pero sea cual fuere la causa, el resultado es el mismo, ampliar mercados para las exportaciones subregionales. El convenio permite la entrada de una amplia gama de productos andinos al apetecido mercado estadounidense a cero arancel. Si Panamá formara parte del bloque, seguramente gozaría de la misma ventaja.
Por eso insistimos en que Panamá debe ensayar pactos de integración con países de nuestro nivel, para sumar experiencia. Con Centroamérica tenemos la proximidad y una larga experiencia con tratados bilaterales. Incluso tenemos de hecho una paulatina integración bancaria que se ha desarrollado por la iniciativa privada, lo cual es importante porque ese sector ha sido impedimento para la firma de convenios de integración con Chile y México. Tenemos un Canal, una Zona Libre, un centro de comunicaciones y una Ciudad Tecnológica del Saber. Por eso insistimos en que debemos empezar con ellos, con nuestros vecinos del istmo. Es un primer paso fácil, natural y obligado. Si tenemos miedo con Centroamérica, mejor será olvidarnos de pasos mayores como un TLC con Estados Unidos o el ALCA continental.
Los bloques regionales sirven para integrar mercados, haciéndolos más atractivos para la inversión extranjera y local. Tan solo el intercambio entre sus miembros es un incentivo. Además, negociando en bloque con otros similares de Europa y Asia, por ejemplo, o con potencias mundiales como China y Japón, se tiene más peso específico para obtener ventajas que hacerlo individualmente.
Panamá podría no ser atractiva presentándose sola, pero no como miembro del bloque centroamericano por ejemplo. Pero ese no es el caso. La dolorosa realidad es que estamos aislados. Siendo así, no tenemos nada que ofrecer a interlocutores más grandes como Estados Unidos, Chile, México y Canadá.
Costa Rica es un ejemplo para nosotros. Sus últimos tres gobiernos han seguido una consistente política de estado, de integrarse comercialmente a distintos bloques y países. Lo ha hecho inteligentemente, con base a una doble estrategia: usar individualmente su inmenso prestigio como democracia y potencia ecológica continental y, cuando le conviene, negociar como parte del bloque centroamericano. De ese modo, nuestro incansable vecino del oeste, ha logrado concretar tratados de libre comercio con Chile, México, Canadá y República Dominicana.
Claro que el proceso integrador conlleva riesgos y algunos errores. Solo quien construye y avanza se expone al tropiezo. Pero hay que avanzar y arriesgar.
Recientemente, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la renovación del tratado de preferencias arancelarias con el Pacto Andino integrado por Venezuela, Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú. Ciertamente, la cooperación en la erradicación de cultivos de coca ha sido el mayor estímulo compensatorio para la potencia norteña. Pero sea cual fuere la causa, el resultado es el mismo, ampliar mercados para las exportaciones subregionales. El convenio permite la entrada de una amplia gama de productos andinos al apetecido mercado estadounidense a cero arancel. Si Panamá formara parte del bloque, seguramente gozaría de la misma ventaja.
Por eso insistimos en que Panamá debe ensayar pactos de integración con países de nuestro nivel, para sumar experiencia. Con Centroamérica tenemos la proximidad y una larga experiencia con tratados bilaterales. Incluso tenemos de hecho una paulatina integración bancaria que se ha desarrollado por la iniciativa privada, lo cual es importante porque ese sector ha sido impedimento para la firma de convenios de integración con Chile y México. Tenemos un Canal, una Zona Libre, un centro de comunicaciones y una Ciudad Tecnológica del Saber. Por eso insistimos en que debemos empezar con ellos, con nuestros vecinos del istmo. Es un primer paso fácil, natural y obligado. Si tenemos miedo con Centroamérica, mejor será olvidarnos de pasos mayores como un TLC con Estados Unidos o el ALCA continental.