Al fin ya lo sabemos
El tan anunciado mensaje presidencial y la tan anunciada publicación de la reforma a la Ley Orgánica del la Caja de Seguro Social (CSS) ha tenido en vilo a la comunidad, al mismo tiempo que las fuerzas sindicales metódicamente estuvieron planificadamente mostrando su oposición anticipada a lo que pudiera salir de la reforma anunciada, con demostraciones pacíficas callejeras, instrumento más usado para expresar cualquier descontento con el consiguiente congestionamiento del tránsito vehicular.
Como en todas las cosas, hay opiniones. Primero, sobre el discurso del Sr. Presidente. A mi juicio, fue muy acertado porque no fue retador ni contestatario sino más bien transmisor de los criterios que lo animaron a emprender esta obra que por razones políticas se debía haber hecho hace 30 años y que llegó y le tocó a él la hora cero, no importa el costo político, ya que las cifras y los pronósticos señalaban que si no se hacía algo, más grave hubiera sido no haber hecho nada. El toro por los cuernos. Segundo, obviamente tenemos que cerrar filas con todos los cuestionamientos válidos que tanto la oposición, dentro y fuera del gobierno le hagan a la esa ley que está en discusión, y desde luego, cerramos filas con todas las objeciones válidas que los gremios obreros presentan contra lo pergeñado por lo especialistas, ya que se trata de un estudio minimizado y los especialistas de ambos bandos son los que tienen la palabra. Desafortunadamente existe una desconfianza muy bien ganada por la Cámara de Diputados a la que han de someter esta ley para su aprobación, por el doloroso historial de comportamiento poco confiable. No se produjo la explosión inmediata que muchos vaticinaban y las respuestas dadas por los líderes sindicales aclarando sus posiciones de no buscar la violencia por la violencia han disipado los lógicos temores de tumultos callejeros y de saqueos que los acompañan y nos llevan a pensar en nuestros miedos.
No podemos negar que le tenemos miedo a las protestas y por otro lado nos quejamos de que este pueblo a diferencia de los hermanos de Centroamérica y Suramérica, dígase Bolivia y Ecuador, no protestamos por nada y nos tragamos los aumentos periódicos del combustible, de la luz, del teléfono, de la canasta básica familiar y otros tranquilamente sin una organizada protesta. Ya que el protestar es un derecho que debe ejercer en democracia, pero protestar sin daño a tercero. Protestar pacíficamente y unitariamente, todos aunados buscando la misma meta, lo cual nos resulta imposible porque adolecemos de una gran insolidaridad y funcionamos egoístamente. Con tal de que yo me acomode, mira a ver qué vas a hacer tú y eso si aumenta los miedos. También ocurre que protestar pacíficamente hasta ahora qué ha conseguido? Rictus despectivos de los poderosos. Por eso las protestas para que sean efectivas tienen que tener su contenido de fuerza y ahí está el problema. Y por eso quizás muchos afectados no protestan, ya que si lo hacen arriesgan sus puestos de trabajo y se exponen a represalias, lo cual no debe suceder si lo que se reclama es lo justo y somos consecuentes con lo que entendemos por democracia. Explica la insolidaridad y son pocos los que se atreven a hacerlo a su propio riesgo.
Fuera de todas las discusiones que se hacen, se han hecho y se harán, todos queremos salvar la CSS, todos estamos de acuerdo en que no se privatice, en que se disminuya la burocracia inoperante, en que los atenciones médicas sean las que se necesiten y no para cuando, por una cita procrastinada, la persona enferma, ya no exista, que no se juegue con la escasez de medicinas y que no imperen los criterios crematísticos en el manejo de esos remedios, que entendamos la solidaridad no como un abuso para que sea limitada y proporcionada la cantidad de beneficiarios con el cotizante y no que uno cotiza y en pequeña cantidad y se quiere beneficiar toda una multitud, así no funcionará ni éste ni otro Seguro del mundo.
(gemiliani@cwpanama.net)
Como en todas las cosas, hay opiniones. Primero, sobre el discurso del Sr. Presidente. A mi juicio, fue muy acertado porque no fue retador ni contestatario sino más bien transmisor de los criterios que lo animaron a emprender esta obra que por razones políticas se debía haber hecho hace 30 años y que llegó y le tocó a él la hora cero, no importa el costo político, ya que las cifras y los pronósticos señalaban que si no se hacía algo, más grave hubiera sido no haber hecho nada. El toro por los cuernos. Segundo, obviamente tenemos que cerrar filas con todos los cuestionamientos válidos que tanto la oposición, dentro y fuera del gobierno le hagan a la esa ley que está en discusión, y desde luego, cerramos filas con todas las objeciones válidas que los gremios obreros presentan contra lo pergeñado por lo especialistas, ya que se trata de un estudio minimizado y los especialistas de ambos bandos son los que tienen la palabra. Desafortunadamente existe una desconfianza muy bien ganada por la Cámara de Diputados a la que han de someter esta ley para su aprobación, por el doloroso historial de comportamiento poco confiable. No se produjo la explosión inmediata que muchos vaticinaban y las respuestas dadas por los líderes sindicales aclarando sus posiciones de no buscar la violencia por la violencia han disipado los lógicos temores de tumultos callejeros y de saqueos que los acompañan y nos llevan a pensar en nuestros miedos.
No podemos negar que le tenemos miedo a las protestas y por otro lado nos quejamos de que este pueblo a diferencia de los hermanos de Centroamérica y Suramérica, dígase Bolivia y Ecuador, no protestamos por nada y nos tragamos los aumentos periódicos del combustible, de la luz, del teléfono, de la canasta básica familiar y otros tranquilamente sin una organizada protesta. Ya que el protestar es un derecho que debe ejercer en democracia, pero protestar sin daño a tercero. Protestar pacíficamente y unitariamente, todos aunados buscando la misma meta, lo cual nos resulta imposible porque adolecemos de una gran insolidaridad y funcionamos egoístamente. Con tal de que yo me acomode, mira a ver qué vas a hacer tú y eso si aumenta los miedos. También ocurre que protestar pacíficamente hasta ahora qué ha conseguido? Rictus despectivos de los poderosos. Por eso las protestas para que sean efectivas tienen que tener su contenido de fuerza y ahí está el problema. Y por eso quizás muchos afectados no protestan, ya que si lo hacen arriesgan sus puestos de trabajo y se exponen a represalias, lo cual no debe suceder si lo que se reclama es lo justo y somos consecuentes con lo que entendemos por democracia. Explica la insolidaridad y son pocos los que se atreven a hacerlo a su propio riesgo.
Fuera de todas las discusiones que se hacen, se han hecho y se harán, todos queremos salvar la CSS, todos estamos de acuerdo en que no se privatice, en que se disminuya la burocracia inoperante, en que los atenciones médicas sean las que se necesiten y no para cuando, por una cita procrastinada, la persona enferma, ya no exista, que no se juegue con la escasez de medicinas y que no imperen los criterios crematísticos en el manejo de esos remedios, que entendamos la solidaridad no como un abuso para que sea limitada y proporcionada la cantidad de beneficiarios con el cotizante y no que uno cotiza y en pequeña cantidad y se quiere beneficiar toda una multitud, así no funcionará ni éste ni otro Seguro del mundo.
(gemiliani@cwpanama.net)