Al Maestro, César Quintero
Cuando lo conocí, a mediados de los ochenta, el Dr. César Quintero era un consagrado Constitucionalista el cual estaba en el otoño de su vida y yo apenas era un estudiante primaveral de derecho de los miles a los cuales él había impartido clases y que por su don de gente y humildad le llamábamos simplemente “Maestro”; ya que todos sabíamos que él representaba la excelencia académica del que había hecho de la investigación, la enseñanza y el estudio del derecho un modo de vida para engrandecer a la patria que lo vio nacer.
Era el doctor Quintero uno de los más notables intelectuales panameños y su patriotismo exquisito demostrado en su vida al servicio exterior dan cuenta de un jurista de primera en donde el debate era su arma, para parodiando a Unamuno, con la cual lograba “convencer y no vencer” pues, como nos dice el Dr. Miguel Antonio Bernal sobre insigne figura, “su rigurosa metodología y la solidez de sus análisis, dónde cada concepto era el resultado de una paciente investigación y reflexión y que, en cada lección, conferencia o escrito procuraba reflejar una convicción más que una improvisación, una reflexión más que un lamento, animado por el deseo de saber y de educar que siempre le animó y acompañó”.
Tuve el honor de que fuera mi director de la tesis de grado, la ultima que dirigió, y hasta me sugirió que la misma versara sobre un estudio jurisprudencial sobre la defensa de los derechos individuales y las libertades públicas a través de los procesos constitucionales en nuestro país y siempre recordaré cuando lo visitaba en la Corte Suprema de Justicia y en su despacho conversábamos por un espacio ilimitado de tiempo de temas diversos del acontecer nacional y del futuro del constitucionalismo en Panamá.
Como Magistrado de la Corte Suprema de Justicia vistió con dignidad y decoro como muy pocos la “sagrada toga del juez” y muy especialmente cuando sin titubear, pero con un respeto a sus pares, hizo un salvamento de voto en torno a la decisión mayoritaria que estableció la jurisprudencia del habeas corpus preventivo pues él consideraba que mientras no se diesen las reformas constitucionales, que posteriormente le dieron la razón en 2004, “cualquier jurisprudencia, por elevada y laudable que sea, encaminada a establecer el habeas corpus preventivo sería contra legem, bajo el entendimiento de que esta locución incluye, tanto la ley fundamental como la ordinaria”.
Hoy, a seis años de su desaparición física, todos aquellos que lo admiramos en su momento y que le seguimos extrañando debemos mantener vigente su pensamiento y velar por que su legado jurídico y de patriotismo sea divulgado para las nuevas generaciones que no lo conocieron, y por ello es un deber de las autoridades públicas honrar al Dr. César Quintero como se merece e instalarle un monumento en el denominado “paseo de los próceres y ciudadanos ilustres” de la cinta costera.