Al maestro y amigo
A mediados de abril de este año fue la última vez que lo vi. Por primera vez en los casi 20 años de conocerlo, diez de los cuales lo traté en su residencia, debido a que dejó de impartir clases en la Universidad de Panamá, no lo encontré en su amplio y acogedor estudio, sino en un sillón reclinable de su habitación ubicada cerca de aquél. Yacía prácticamente tirado en él, vestido muy informalmente, cansado; pero aún así me recibió y, como siempre, conversamos amenamente. Me refiero al profesor y amigo César Quintero.
En esta última ocasión, le fui a llevar una invitación y un ejemplar de mi libro Hacia una Nueva Constitución Política. Ya en el 2000 tuve el honor que me presentara, en el Colegio Nacional de Abogados, la obra La Función Juzgadora de la Contraloría General de la República. Ahora, a pesar de su estado físico, visiblemente deteriorado por la enfermedad, reflejaba una personalidad fuerte y una capacidad intelectual envidiable. Tomó en sus manos el libro, lo ojeó rápidamente, reparó en el índice, la bibliografía y de inmediato empezó a hablarme parte de nuestra historia constitucional, en especial, la de nuestra unión a Colombia, de Rafael Núñez y Miguel A. Caro. Luego de ello intercambiamos ideas sobre la historia constitucional patria, que aborda precisamente la referida obra, no sin antes darme las gracias por el obsequio y declinar la invitación por motivos de salud.
Qué puede decir del maestro y amigo que no sepa y diga la comunidad nacional y especialmente los que tuvimos la dicha de conocerlo muy de cerca. César Quintero era un hombre excepcional, de esos que producen los países lamentablemente en producción limitada. Era y es, un prohombre de la Patria, como lo son Manuel Amador Guerrero, Belisario Porras, Eusebio Morales, Carlos A. Mendoza, Harmodio Arias, Octavio Méndez Pereira, Víctor Florencio Goytía, José Dolores Moscote, Ricardo J. Alfaro, entre otros preclaros ciudadanos, que a pesar de su partida física, están siempre presentes, de una forma u otra, pues dejan gravada una huella indeleble en la memoria de la patria.
La hoja de vida del dilecto docente y amigo es impresionante. Era un hombre de vocación hacia la enseñanza y la investigación, como pocos hay en nuestro país. Nunca tenía un no en sus labios a la hora de una pregunta, consulta o entrevista. Poseía una memoria, a pesar de los malestares que lo aquejaban, sencillamente prodigiosa. Era una mente brillante en un cuerpo enfermo, cansado y viejo, como él mismo solía admitir. Lo que más le incomodaba en sus últimos meses de vida no fue tanto su estado físico, sino el problema de su vista, lo que le impedía leer por más de cuatro horas al día. En un hombre de su clase, formación y vocación, eso era realmente fatal y deprimente.
En cierta ocasión me confesó que prefería morir, descansar en paz, "que un hombre que pasa los 80 años está viviendo tiempo extra". Ahora no me queda más que expresar, con nostalgia inefable y profundo dolor en mi alma, "Descanse en paz Maestro y Amigo".
Conocerlo y tratarlo personalmente fue una experiencia realmente enriquecedora e insustituible, y procuraremos -labor que no es fácil- en homenaje a su memoria, seguir sus pasos en la docencia y la investigación. Creo que es el mejor tributo que sus discípulos y las actuales generaciones podemos brindar a un hombre de su talla, Dr. César Quintero. Hasta luego maestro y amigo.
En esta última ocasión, le fui a llevar una invitación y un ejemplar de mi libro Hacia una Nueva Constitución Política. Ya en el 2000 tuve el honor que me presentara, en el Colegio Nacional de Abogados, la obra La Función Juzgadora de la Contraloría General de la República. Ahora, a pesar de su estado físico, visiblemente deteriorado por la enfermedad, reflejaba una personalidad fuerte y una capacidad intelectual envidiable. Tomó en sus manos el libro, lo ojeó rápidamente, reparó en el índice, la bibliografía y de inmediato empezó a hablarme parte de nuestra historia constitucional, en especial, la de nuestra unión a Colombia, de Rafael Núñez y Miguel A. Caro. Luego de ello intercambiamos ideas sobre la historia constitucional patria, que aborda precisamente la referida obra, no sin antes darme las gracias por el obsequio y declinar la invitación por motivos de salud.
Qué puede decir del maestro y amigo que no sepa y diga la comunidad nacional y especialmente los que tuvimos la dicha de conocerlo muy de cerca. César Quintero era un hombre excepcional, de esos que producen los países lamentablemente en producción limitada. Era y es, un prohombre de la Patria, como lo son Manuel Amador Guerrero, Belisario Porras, Eusebio Morales, Carlos A. Mendoza, Harmodio Arias, Octavio Méndez Pereira, Víctor Florencio Goytía, José Dolores Moscote, Ricardo J. Alfaro, entre otros preclaros ciudadanos, que a pesar de su partida física, están siempre presentes, de una forma u otra, pues dejan gravada una huella indeleble en la memoria de la patria.
La hoja de vida del dilecto docente y amigo es impresionante. Era un hombre de vocación hacia la enseñanza y la investigación, como pocos hay en nuestro país. Nunca tenía un no en sus labios a la hora de una pregunta, consulta o entrevista. Poseía una memoria, a pesar de los malestares que lo aquejaban, sencillamente prodigiosa. Era una mente brillante en un cuerpo enfermo, cansado y viejo, como él mismo solía admitir. Lo que más le incomodaba en sus últimos meses de vida no fue tanto su estado físico, sino el problema de su vista, lo que le impedía leer por más de cuatro horas al día. En un hombre de su clase, formación y vocación, eso era realmente fatal y deprimente.
En cierta ocasión me confesó que prefería morir, descansar en paz, "que un hombre que pasa los 80 años está viviendo tiempo extra". Ahora no me queda más que expresar, con nostalgia inefable y profundo dolor en mi alma, "Descanse en paz Maestro y Amigo".
Conocerlo y tratarlo personalmente fue una experiencia realmente enriquecedora e insustituible, y procuraremos -labor que no es fácil- en homenaje a su memoria, seguir sus pasos en la docencia y la investigación. Creo que es el mejor tributo que sus discípulos y las actuales generaciones podemos brindar a un hombre de su talla, Dr. César Quintero. Hasta luego maestro y amigo.