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Al oído de la Sra. Ministra


Serán muy pocos aquellos que puedan desconocer la influencia de la escuela primara en la formación del alma nacional, a pesar de que esta influencia será cada vez mayor a medida que se cumpla mejor con la obligatoriedad de asistencia a esta etapa de aprendizaje y se prolongue la permanencia de los niños en la escuela. Es la escuela primara la que debe, en primer término, enseñar a todos los panameños cuáles son sus deberes y obligaciones civiles y políticas, y por más sencilla que ésta sea, la enseñanza de la escuela primaria será siempre, quiéranlo o no, la primera noción de Ley, de Derecho y de responsabilidad social que adquiere el futuro ciudadano. A veces es la única noción de tan básicos, pero importantes aspectos para nuestras vidas, aunque para muchos, obtusa e informe permanecerá esa noción en su conciencia por muchos años.
En nuestro país, cuyo pasado heroico es tan cercano y lleva el sentido magnífico de una liberación sin los estigmas de conquistas ni depredaciones, fácil es hacer que de él fluya una corriente emocional que depure, enaltezca y lleve con un sólido empuje de superación a los que han nacido aquí y a los que han llegado y llegarán de otras partes del mundo. Señora Ministra: es nuestra escuela primara la que tiene a su cargo comenzar esta obra, y para ello tenemos que fortalecerla todavía más. Hay que recordar que por ella pasa forzosamente toda la población; ella es la que constituye el lugar y el instrumento para que se compenetren, asimilen y unifiquen todos los elementos humanos y así, al mismo tiempo, dar a la nación una definida orientación constructiva.
Comparado con la pequeñez del niño, probablemente estos términos parezcan excesivos a muchos. No comparto esa opinión, porque las primeras influencias que el espíritu en formación recibe son usualmente decisivas y gravitan sobre nuestra existencia entera. La influencia familiar y ambiental son muy grandes, y que si pueden reforzar, también llegan a veces a anular la influencia de la escuela.
La finalidad de nuestra escuela primaria deberá ser, entonces, la preparación del hombre para su actuación de acuerdo con la estructura de la Nación. Estoy seguro que las escuelas de una teocracia, de una autocracia o de una democracia podrán enseñar a leer y escribir a nuestros niños de la misma forma, pero su influencia formador, su molde ético, serán muy distintos entre sí. Insisto una vez más: tenemos que velar por el mejoramiento de nuestras escuelas primarias, porque dependiendo de la enseñanza que allí se imparta podremos vislumbrar el futuro de la Patria y el tipo de cosechas que queramos recoger.

101 años de Panamá América

 
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