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Al oído de los defensores de los consumidores



Una creciente inconformidad se hace notoria por estos días con aquellos establecimientos que importando artículos importantes al país, persisten en la vieja práctica de no incorporar la correspondiente cantidad de repuestos, afectando luego a sus clientes. En el drama van desde importadoras de autos hasta quienes traen, por ejemplo, computadoras de uso personal.
Varios son los que se quejan de que luego de adquirir las populares portátiles "laptop", no se pueden correr el riesgo de que alguno de los dispositivos exteriores se dañe. Tendrán que esperar de 15 a 20 días para que sean traídos de Estados Unidos. ¿Puede imaginarse usted lo que significa una situación como esa para un ejecutivo que tenga toda su información en su computadora de uso personal?
Pero más aún ¿quién es el encargado de regular esta situación o de hacerla cumplir? No puede considerarse empresarialmente responsable una situación como esta. ¿Qué sucede con un automóvil? Cuánto tiempo tendrá usted que esperar hasta que la empresa que se lo vendió tenga la amabilidad de traer de otro país un artículo que debió tener en existencia.
La institución que vela por estos asuntos debía lograr que los responsables tuvieran un mínimo de consideración y respeto para con los consumidores. No es posible que el nuestro sea un mercado donde solo se ve nuestra potencial posibilidad de comprar, sin que se considere ni se respete el derecho que le asiste al consumidor porque se le garantice el uso adecuado y legítimo de un artículo en el que no solo invirtió el dinero, sino que adquirió un artículo determinado por una necesidad, y lo transformó en una herramienta de trabajo, sin la cual le resulte imposible desarrollar sus compromisos, y que nadie responda por los daños que se le haya causado.
Esto, tarde o temprano, hará crisis, y las autoridades correspondientes debían, de manera preventiva, contemplar medidas y sanciones que acaben con prácticas que al final le pueden ahorrar algunos centésimos a los importadores, pero que le ocasionan daños sensibles a quienes confiaron equivocadamente en la seriedad de quienes se lo han vendido.

101 años de Panamá América

 
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