Al padre panameño en su día
Ha llegado el día del padre nuevamente; en Panamá esta es una fecha que no muere, una fecha que no se borra, una fecha que acaricia las emociones y la alegría de los hijos que todavía tenemos la dicha de tener vivo a nuestro progenitor, ese ser que siempre estuvo allí en los momentos más importantes de nuestras vidas, sobre todo, cuando fuimos pequeños en aquellos momentos en que vacilábamos en dar un paso y enfrentábamos el temor de caer, debido a la torpeza de los primeros pasos infantiles.
¡Qué momento! (abro un paréntesis por la memoria de aquellos padres que ya partieron, y elevo una oración porque sigan recibiendo la bendición del Altísimo). No sé por qué a veces pasamos inadvertidos momentos importantes en la vida de nuestro padre, quizá, porque lo tenemos allí, tal vez, porque tenemos siempre esa respuesta de contar con su presencia.
Voy a citar un pensamiento que es un anónimo, porque se desconoce su autor, pero quiero aprovechar, debido a que llega en el momento preciso, lo leí hace poco, y lo grabé en mi pensamiento para siempre. Con este pensamiento quiero hacer un llamado a la conciencia de los hijos para que meditemos un momento en nuestras vidas y comprendamos el gran valor que debemos sentir por nuestro padre, ese señor que merece llamarse papá.
He aquí algunas concepciones de un hijo hacia su padre: A los siete años: Papá es un sabio, todo lo sabe. A los 14 años: Me parece que papá se equivoca en algunas de las cosas que dice. A los 20 años: Papá está un poco atrasado en sus teorías, no es de esta época. A los 25 años: El "viejo" no sabe nada, quizá la edad. A los 35 años: Con mi experiencia mi padre a esta edad hubiera sido millonario. A los 45 años: No sé si ir a consultar con el "Viejo" este asunto, tal vez pudiera aconsejarme. A los 55 años: Qué lastima que se haya muerto el "viejo", la verdad es que tenía unas ideas y una clarividencia notable. A los 60 años: ¡Pobre papá, era un sabio! ¡Qué lástima que yo lo haya comprendido demasiado tarde!.
No dejemos que esto nos ocurra, saquémosle provecho a la sabiduría que hay guardada en la mente de nuestros padres, aprovechemos al máximo toda su energía y fortaleza, aprendamos cosas positivas que nos han legado desde el transcurrir de su vida; sólo un ejemplo de esto, el no habernos abandonado.
Ahora nos toca hacer lo mejor para nuestros padres, procurándoles una vida más placentera llena de optimismo y de alternativas que le hagan sentir siempre que son imprescindibles para nosotros, haciéndoles saber que sin ellos, no somos nada, porque debemos reconocer que hay veces que debido a dificultades que se presentan estamos sin brújula y sin puerto seguro donde llevar la nave de nuestro ser.
Nos corresponde ayudar a hacerles una vida rebosante de alegría, dándoles a saber que además de sentirnos orgullosos de que son nuestros padres, saber siempre que también son nuestros amigos en todo momento. Que la fuerza de voluntad y la voluntad de la fuerza nos motive a estar siempre juntos. Que a pesar del tiempo estaremos allí siempre para compartir y que ni la distancia pueda separar lo que siempre nos mantuvo unidos, por lo tanto deberá ser un encuentro permanente entre el hijo y el padre y en ello quiero incluir en toda su dimensión a aquellos que como yo, experimentan la dicha de ser padres.
En especial, este homenaje va dedicado a mi padre Eleno Arrocha, quien me legó su honestidad, sin olvidar que su ser es sinónimo de humildad, que no se dejó abatir ante las adversidades y que jamás ha perdido el sitial que le corresponde en sus siete décadas y tres años que lleva de vida, por lo tanto seguirá ocupando la silla de honor, que es nuestro humilde reconocimiento ante la ejemplar y sacrificada vida que compartió con quien en vida fuera su esposa, mi madre Bienvenida de Arrocha (q.e.p.d.) y sus seis hijos Gloria, Bella, Ire, Mily, Emy y Blas. Feliz Día del Padre Papá y a los padres de Panamá.
¡Qué momento! (abro un paréntesis por la memoria de aquellos padres que ya partieron, y elevo una oración porque sigan recibiendo la bendición del Altísimo). No sé por qué a veces pasamos inadvertidos momentos importantes en la vida de nuestro padre, quizá, porque lo tenemos allí, tal vez, porque tenemos siempre esa respuesta de contar con su presencia.
Voy a citar un pensamiento que es un anónimo, porque se desconoce su autor, pero quiero aprovechar, debido a que llega en el momento preciso, lo leí hace poco, y lo grabé en mi pensamiento para siempre. Con este pensamiento quiero hacer un llamado a la conciencia de los hijos para que meditemos un momento en nuestras vidas y comprendamos el gran valor que debemos sentir por nuestro padre, ese señor que merece llamarse papá.
He aquí algunas concepciones de un hijo hacia su padre: A los siete años: Papá es un sabio, todo lo sabe. A los 14 años: Me parece que papá se equivoca en algunas de las cosas que dice. A los 20 años: Papá está un poco atrasado en sus teorías, no es de esta época. A los 25 años: El "viejo" no sabe nada, quizá la edad. A los 35 años: Con mi experiencia mi padre a esta edad hubiera sido millonario. A los 45 años: No sé si ir a consultar con el "Viejo" este asunto, tal vez pudiera aconsejarme. A los 55 años: Qué lastima que se haya muerto el "viejo", la verdad es que tenía unas ideas y una clarividencia notable. A los 60 años: ¡Pobre papá, era un sabio! ¡Qué lástima que yo lo haya comprendido demasiado tarde!.
No dejemos que esto nos ocurra, saquémosle provecho a la sabiduría que hay guardada en la mente de nuestros padres, aprovechemos al máximo toda su energía y fortaleza, aprendamos cosas positivas que nos han legado desde el transcurrir de su vida; sólo un ejemplo de esto, el no habernos abandonado.
Ahora nos toca hacer lo mejor para nuestros padres, procurándoles una vida más placentera llena de optimismo y de alternativas que le hagan sentir siempre que son imprescindibles para nosotros, haciéndoles saber que sin ellos, no somos nada, porque debemos reconocer que hay veces que debido a dificultades que se presentan estamos sin brújula y sin puerto seguro donde llevar la nave de nuestro ser.
Nos corresponde ayudar a hacerles una vida rebosante de alegría, dándoles a saber que además de sentirnos orgullosos de que son nuestros padres, saber siempre que también son nuestros amigos en todo momento. Que la fuerza de voluntad y la voluntad de la fuerza nos motive a estar siempre juntos. Que a pesar del tiempo estaremos allí siempre para compartir y que ni la distancia pueda separar lo que siempre nos mantuvo unidos, por lo tanto deberá ser un encuentro permanente entre el hijo y el padre y en ello quiero incluir en toda su dimensión a aquellos que como yo, experimentan la dicha de ser padres.
En especial, este homenaje va dedicado a mi padre Eleno Arrocha, quien me legó su honestidad, sin olvidar que su ser es sinónimo de humildad, que no se dejó abatir ante las adversidades y que jamás ha perdido el sitial que le corresponde en sus siete décadas y tres años que lleva de vida, por lo tanto seguirá ocupando la silla de honor, que es nuestro humilde reconocimiento ante la ejemplar y sacrificada vida que compartió con quien en vida fuera su esposa, mi madre Bienvenida de Arrocha (q.e.p.d.) y sus seis hijos Gloria, Bella, Ire, Mily, Emy y Blas. Feliz Día del Padre Papá y a los padres de Panamá.