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Al país le hace falta seguridad


LA SEGURIDAD personal o ciudadana, se refiere a la violencia y el crimen que atentan y deterioran la existencia y desenvolvimiento de las personas. Se trata del derecho que asiste a la ciudadanía de desenvolver su vida cotidiana con el menor nivel posible de amenazas a su integridad personal, sus derechos cívicos y el goce de sus bienes, como expresión del contrato social que obliga al Estado a satisfacer necesidades del ciudadano, tales como el Estado de Derecho y la seguridad ciudadana, a cambio de la delegación de poder.
Ahora bien, el concepto de seguridad es más amplio e integral y amplio, y tiene sus raíces en la seguridad humana. Este concepto se centra en el ser humano y sus potencialidades como preocupación universal, sus componentes son interdependientes radicando su fuerza más en la prevención que en la intervención posterior. La seguridad humana debe permitir a la gente ejercer en forma sostenible y libre las opciones que abre el desarrollo humano sostenible, como la establece las Naciones Unidas, a través de siete variaciones : económica, alimentaria, salud, ambiental, comunidad, política y personal.
Pero al seguridad humana no flota en medio de la nada, pues emana de un contexto nacional caracterizado por la condición de ser un país subdesarrollado y asimétrico. La relación es evidente pues el aumento de la pobreza y la desigualdad social en aumento en América Latina desde los ochenta correlaciona con el aumento de los homicidios y la violencia. Ejemplo, una brecha de un año de educación se asocia estadísticamente con un aumento de la tasa de homicidios.
En un estudio, 80% de las comunidades urbanas (en mayor proporción que las rurales o aborígenes) declararon que tuvieron dificultades de robo, drogas y alcohol. Para muchos la cobertura policial es inadecuada (insuficiente número de unidades de policía, transporte y presencia de vigilancia).
Pese a la alta percepción. Los jóvenes menores de 20 años correspondieron solo al 5% de todos los criminales detenidos y los jóvenes entre 20 y 29 años al otro 9%. La mitad de éstos se encuentran en las ciudades de Panamá y Colón, por lo que la hiperpenalización a los jóvenes no es pertinente.
Existe una clara vinculación entre débiles redes sociales e inseguridad ciudadana. Las redes sociales, expresan rasgos de organización social, como la confianza, las normas, ayuda mutua y asociaciones que pueden mejorar la eficacia de la sociedad facilitando acciones coordinadas. La capacidad de reaccionar de las comunidades depende de la existencia o no de redes sociales que tienen generalmente su origen en los vínculos familiares basados en el parentesco y el lugar de origen, o en instancias locales que asumen multiplicidad de formas.
Nuestra población mientras más urbana encarna débiles o inexistentes tejidos de sociedad civil y por lo tanto es más vulnerable. La vulnerabilidad expresa la inseguridad de las personas , hogares o comunidades ante un ambiente cambiante donde el ingreso disminuye, los trabajos son escasos, aumenta el costo de vida. A esto se suma factores de riesgo e incertidumbre, desconfianza, individualismo, y descenso de la autoconfianza.
La vulnerabilidad esta ligada a la posesión o no de activos. A menores activos más vulnerable se es. Los activos principales son el trabajo, recursos humanos, activos productivos (educación, salud, vivienda), relaciones familiares y redes sociales. Cuando la base de activos se agota puede ser muy negativo para la seguridad ciudadana.
Hoy en día el desafío más difícil y complejo es la reconstitución de la trama social. Al aumentar la presión económica y social aumenta las redes sociales, pero cuando la presión llega a ciertos límites las redes se recargan y los sistemas sociales dejan de funcionar, con consecuencias desastrosas para familias y comunidades.
Existen más incidentes de violencia cuando la cohesión social entre los habitantes es más débil. El crimen y la violencia gestados en la anomia social y en un medio de escasas redes sociales, debilitan gradualmente las organizaciones comunitarias y conspiran contra ellas. Así, las familias invierten cada vez más en mecanismos de protección del crimen y la violencia, con la instalación de verjas y puertas metálicas, cerrojos y cercas, perros, en torno a sus viviendas en desmedro del presupuesto hogareño pues la mayoría se siente poco segura en el barrio.
Enfrentar la pobreza y la violencia a través de la construcción o reconstitución del capital social es una tarea de primer orden. Cuando la trama social es fuerte a través de una densa red de organizaciones y asociaciones (cívicas, reivindicativas, iglesias, políticas, grupos de padres de familia y maestros, ligas deportivas y clubes sociales, entre otros), si los valores familiares se mantienen y fortalecen se abren más posibilidades de equidad, y mejoran las condiciones para reducir la vulnerabilidad.
Cuando los ciudadanos no confían en las autoridades policiales o en el sistema judicial derivan con mayor facilidad en tomar la justicia por sus manos o en privatizar la seguridad. La gente y las instituciones endurecen su posición ante el incremento del crimen y la violencia a través de una visión unicausal de la inseguridad ciudadana, lo que predispone a privilegiar lo represivo, el castigo carcelario sin rehabilitación o resocialización, y echar a menos lo preventivo.
El Estado adelgazado, atrapados en la estrechez impuesta por los escasos recursos económicos con los que cuenta y atenazado por la ausencia de voluntad política, le es difícil aportar soluciones integrales gravitando solo en acciones puntuales, esporádicas con enfoques parciales sobre el problema donde priva la represión.
Por el contrario , la seguridad ciudadana que debe ser tener un enfoque integral, incluyente hacia la sociedad civil con un rol participativo desde la consulta hasta la toma de decisiones.
(raulleisr@hotmail.com)

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