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Al pueblo de Las Tablas le falta autoridad


Y lo digo porque si tuviéramos un alcalde que realmente quisiera mandar no se hubieran visto los espectáculos en el Carnaval este año en el poblado.
Definitivamente, los tableños hemos perdido el carnaval. No quiero decir que nos oponemos a que vaya gente de afuera; pero quisiéramos que se comportaran con respeto, y sobre todo, respeto a nuestras soberanas, a nuestras tradiciones, a nuestras costumbres. Lo que antaño fue el toldo de Calle Abajo, donde otrora nos vanagloriábamos de tener la mejor música típica, hoy es la cuna de la vulgaridad y la negación al folclor que caracterizaba al carnaval tableño.
El llamado Pub Herrerano rebasó la copa de la tolerancia. El sábado se dedicaron a poner regués con letras que sobrepasan a la vulgaridad común. Ponían, a propósito, un bajo computarizado que retumbaba en el estómago y rompía con la consideración al vecindario que no podía descansar. Una cosa es contarlo y otra haberlo vivido. Los dueños del negocio cercan las calles que son públicas, violando la libertad de circulación. Permiten toda clase de espectáculos cometidos por una juventud descontrolada, sin buenas costumbres, llena de vicios que superan toda imaginación. ¿Y las autoridades? Bien y usted. Pareciera que las tienen compradas. Las ventas de comida ocupaban la mitad de las calles con el peligro consiguiente.
La poquísima autoridad que le queda al alcalde la utiliza para molestar a Calle Abajo porque él es de Calle Arriba. La neutralidad que debe tener se la comió la ignorancia.
Los tableños de ambas tunas hacen grandes esfuerzos para presentar el espectáculo folclórico y hermoso que se da de ambos lados, y no hay derecho para que la gente que va de afuera lo eche a perder. Señores visitantes, el pueblo no es un basurero; el pueblo está habitado por gente decente, por gente que quiere divertirse sanamente, por gente que ya se cansó de lo que sucedió este año.
A los dueños del Seco Herrerano quiero decirles que sus locutores desmeritan nuestros esfuerzos con sus vulgaridades e irrespetos. No es sólo cuestión de hacer plata a expensas de la indecencia con un negocio, sino de permitir que se haga lo que no quisieran que se les hiciera a ellos. No se toca nuestra música, y las autoridades no los obligan. Encima, las canciones que ponen están prohibidas.
Los robos estuvieron a la orden del día. ¿Y el alcalde y la policía? Bien y usted. Realmente es impresionante.
Si los tableños no le ponemos un alto a lo que vivimos este año, no podremos quejarnos más adelante. Gran parte de la juventud que asiste al carnaval no tiene valores de ninguna clase. Y los padres de esos jóvenes ¿dónde están?
A la Ministra de la Juventud le toca algo del apoyo que necesitamos para adecentar, no sólo el carnaval tableño sino todo el país.
Yo me pregunto a dónde vamos. Quisiera saber cómo hacer para retomar un curso de modernización con decencia, con respeto. Lo primero no es el dinero; existen cosas más importantes y tenemos que aceptar que modernización no es perderlas, no es ser vulgar, es aplicar lo aprendido. Pero, ¿a esa juventud se lo han enseñado?
Si hay que suspender los carnavales, tal vez lo hagamos. Pero estamos dispuestos a retomarlos y hacer de los mismos un espectáculo digno de la cuna del folclor y digno de nosotros mismos.

101 años de Panamá América

 
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