Alberto... otra vez
Cuando decidí incursionar en la política lo hice por el afán de ayudar a construir un mejor país. Poco a poco aprendí que no todo lo que se escucha es cierto y que más importante es ver lo que la gente hace y no lo que dice en los discursos. En 1999 respaldé la candidatura de Alberto Vallarino y no lo hice por estar en contra de Martín, ni de Mireya. Lo hice porque creo que es el presidente que Panamá necesita. Mis esfuerzos estuvieron dirigidos a ponderar la propuesta y cualidades de mi candidato y con ello pretendí convencer al electorado.
Me encontré aspirando a la Alcaldía de San Miguelito y sólo llevaba conmigo mi propuesta de gobierno local y muchos sueños por realizar. Si apoyé a Alberto, a grado tal de dedicarme a tiempo completo a la campaña, fue porque creí en él. Vi al profesional capaz, preparado, con visión de futuro, con claridad en la propuesta, con precisión en los caminos, con ideas para construir un Panamá distinto. Conocí y pude percibir el hombre íntegro, honesto, con valores, que hacía la campaña con métodos y acciones distintas. Era un Alberto auténtico, con un discurso lleno de contenido.
No fue un camino fácil y como todas las cosas valiosas, costó hacer la campaña, donde los recursos financieros no abundaron, pero sí los hombres y mujeres llenos de entrega, compromiso y esperanza. Los aciertos, fallas, rectificaciones y vueltas al camino, me permitieron saber que no estaba frente a un candidato producto de las imágenes, la manipulación publicitaria y la consecuente idealización. Estaba frente a un verdadero ser humano, que no tuvo reparos en mostrarse como es: un hombre con sueños, esperanzas y con la cautela propia de quien cada vez quiere equivocarse menos.
Alberto tuvo la valentía de enfrentar a un sector que a pesar de que le apoyaba, en su afán político electoral, perdía de vista la propuesta para el país y sólo pensaba en las nimiedades de lo que es bueno para el partido. Pero debo reconocer también, que hubo gente valiosa que se concentró en trabajar y divulgar el Plan Económico y de Acción Social, documento elaborado con proyectos específicos y rutas de acción definidas. En fin, un verdadero Plan de Gobierno debidamente sustentado en una seria y profunda investigación.
Como panameños(as) tendremos que decidir en el 2004 si Panamá necesita como presidente a quien diariamente sólo se dedica a hablar en los medios sobre todos los temas. Si lo que necesitamos son los discursos almibarados llenos de promesas, pero vacíos de realidades. Si lo que nos merecemos es un presidente que jamás puede decir nada positivo de los demás, sino sólo insultos, críticas destructivas, sin propuestas, metido en el dime que te diré cotidiano.
Tendremos que decidir si lo que necesitamos son "políticos a tiempo completo" que se ven a sí mismos como los únicos intachables, inmaculados y perfectos. Aquellos para quienes la política es un negocio y ha sido y es su única forma de vida. Si éste es el presidente que buscamos ese no es Alberto.
Pero si el presidente que nos merecemos es aquel que ha participado en numerosos foros en escuelas, universidades, con gremios y organizaciones no gubernamentales. Que ha hecho escuchar su voz ante los distintos problemas nacionales. Que ha hecho saber su posición en lo del Fondo Fiduciario, ha sido valiente y respetuoso en sus cuestionamientos a los actuales gobernantes y a la vez ha sido lo suficientemente grande para hacerle reconocimientos al gobierno nacional, cuando el caso lo amerita. Aquel que ha realizado recorridos por el país para conversar con los productores, los ganaderos, los campesinos, los indígenas, las mujeres, y los distintos sectores productivos que requieren un apoyo y voz de aliento.
Si a quien queremos es aquel que no ha estado en la diatriba constante, ni en la ofensa permanente, ni con los discursos llenos de palabras, pero vacíos de propuesta. Alguien que es distinto y que no ha hecho lo que hacen otros. Si el presidente que merecemos es quien ha sido y sigue siendo el hombre de trabajo y de familia, que se ha dedicado a generar empleos, crecimiento y desarrollo económico para el país. Si requerimos a una persona comprometida con una propuesta de trabajo que le dice a los panameños y panameñas, que podemos despegar y que tenemos derecho a soñar con los pies puestos en la tierra.
Entonces estamos hablando de Alberto Vallarino el empresario capaz, el hombre íntegro, con la palabra precisa, sin ofensas, y que con ecuanimidad, se hace presente en el día a día del Panamá que produce, con las alas suficientes para ponernos a volar muy alto, con la cabeza gobernada por la razón, con el corazón lleno de pasión por todo lo que hace y el alma llena de esperanza. Por todo esto y por mucho más en el 2004 Alberto... otra vez.
Me encontré aspirando a la Alcaldía de San Miguelito y sólo llevaba conmigo mi propuesta de gobierno local y muchos sueños por realizar. Si apoyé a Alberto, a grado tal de dedicarme a tiempo completo a la campaña, fue porque creí en él. Vi al profesional capaz, preparado, con visión de futuro, con claridad en la propuesta, con precisión en los caminos, con ideas para construir un Panamá distinto. Conocí y pude percibir el hombre íntegro, honesto, con valores, que hacía la campaña con métodos y acciones distintas. Era un Alberto auténtico, con un discurso lleno de contenido.
No fue un camino fácil y como todas las cosas valiosas, costó hacer la campaña, donde los recursos financieros no abundaron, pero sí los hombres y mujeres llenos de entrega, compromiso y esperanza. Los aciertos, fallas, rectificaciones y vueltas al camino, me permitieron saber que no estaba frente a un candidato producto de las imágenes, la manipulación publicitaria y la consecuente idealización. Estaba frente a un verdadero ser humano, que no tuvo reparos en mostrarse como es: un hombre con sueños, esperanzas y con la cautela propia de quien cada vez quiere equivocarse menos.
Alberto tuvo la valentía de enfrentar a un sector que a pesar de que le apoyaba, en su afán político electoral, perdía de vista la propuesta para el país y sólo pensaba en las nimiedades de lo que es bueno para el partido. Pero debo reconocer también, que hubo gente valiosa que se concentró en trabajar y divulgar el Plan Económico y de Acción Social, documento elaborado con proyectos específicos y rutas de acción definidas. En fin, un verdadero Plan de Gobierno debidamente sustentado en una seria y profunda investigación.
Como panameños(as) tendremos que decidir en el 2004 si Panamá necesita como presidente a quien diariamente sólo se dedica a hablar en los medios sobre todos los temas. Si lo que necesitamos son los discursos almibarados llenos de promesas, pero vacíos de realidades. Si lo que nos merecemos es un presidente que jamás puede decir nada positivo de los demás, sino sólo insultos, críticas destructivas, sin propuestas, metido en el dime que te diré cotidiano.
Tendremos que decidir si lo que necesitamos son "políticos a tiempo completo" que se ven a sí mismos como los únicos intachables, inmaculados y perfectos. Aquellos para quienes la política es un negocio y ha sido y es su única forma de vida. Si éste es el presidente que buscamos ese no es Alberto.
Pero si el presidente que nos merecemos es aquel que ha participado en numerosos foros en escuelas, universidades, con gremios y organizaciones no gubernamentales. Que ha hecho escuchar su voz ante los distintos problemas nacionales. Que ha hecho saber su posición en lo del Fondo Fiduciario, ha sido valiente y respetuoso en sus cuestionamientos a los actuales gobernantes y a la vez ha sido lo suficientemente grande para hacerle reconocimientos al gobierno nacional, cuando el caso lo amerita. Aquel que ha realizado recorridos por el país para conversar con los productores, los ganaderos, los campesinos, los indígenas, las mujeres, y los distintos sectores productivos que requieren un apoyo y voz de aliento.
Si a quien queremos es aquel que no ha estado en la diatriba constante, ni en la ofensa permanente, ni con los discursos llenos de palabras, pero vacíos de propuesta. Alguien que es distinto y que no ha hecho lo que hacen otros. Si el presidente que merecemos es quien ha sido y sigue siendo el hombre de trabajo y de familia, que se ha dedicado a generar empleos, crecimiento y desarrollo económico para el país. Si requerimos a una persona comprometida con una propuesta de trabajo que le dice a los panameños y panameñas, que podemos despegar y que tenemos derecho a soñar con los pies puestos en la tierra.
Entonces estamos hablando de Alberto Vallarino el empresario capaz, el hombre íntegro, con la palabra precisa, sin ofensas, y que con ecuanimidad, se hace presente en el día a día del Panamá que produce, con las alas suficientes para ponernos a volar muy alto, con la cabeza gobernada por la razón, con el corazón lleno de pasión por todo lo que hace y el alma llena de esperanza. Por todo esto y por mucho más en el 2004 Alberto... otra vez.