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Aldabonazo a la conciencia ciudadana


El asesinato de Monseñor Jorge Altafulla, en su propia iglesia, representa un aldabonazo a la conciencia ciudadana para que nos dispongamos a erradicar con decisión, coraje y sentido de patria, el flagelo del crimen, la droga y la violencia que se han apoderado de todos los sectores del país dejando huellas de luto, dolor, llanto e inseguridad ciudadana.
Los cimientos de nuestra sociedad se tambalean ante el embate de estos males que amenazan la misma estabilidad institucional y dañan la imagen de una nación que tiene derecho a mejor futuro. Día a día, el crimen, el asalto a mano armada, la droga, el robo, rondan por el ámbito nacional y es de urgencia, que todos los panameños (pueblo, gobierno, instituciones cívicas, iglesia, empresa privada, etc.), nos propongamos llevar adelante una cruzada que sea capaz de detener y hacer desaparecer, esta ola de violencia que mantiene consternados a todos los hombres y mujeres conscientes de esta nación.
En diversas ocasiones nos hemos referido a la violencia en los menores de edad y a la promoción de ésta a través de programas televisivos, en donde predominan el crimen, la droga, el asalto, la violación, la vulgaridad y el sexo, que están haciendo gran daño a una sociedad que experimenta una quiebra de valores éticos y morales. Y muy a pesar de que muchos han tocado el mismo tema de manera acertada, la situación continúa igual, sin que las autoridades a quienes corresponde dar soluciones, hayan logrado un plan eficaz frente a esta ola de violencia que crece, vertiginosamente, y que mantiene a la comunidad nacional alarmada y temerosa por la falta de una seguridad pública.
Menores de edad con revólver en mano y sin control, recorren las calles con el propósito de robar, asaltar y acabar con la vida de las personas. Tal vez ellos consideran que la misma sociedad los ha acorralado en una esquina de hambre y miseria, y no se les ha dado la oportunidad para convertirse en futuros ciudadanos dignos del respeto y la consideración que todo ser humano merece. Y los niños que se encuentran en las esquinas y semáforos acercándose a las ventanillas de los automóviles para pedir algo que alivie su hambre son los hombres del mañana que "matan porque les da la gana", ya que dentro de ellos hay una amargura por el abandono en que se encuentran, sin una familia bien integrada, sin escuelas que los ayuden a encausar sus vidas por senderos de rectitud y disciplina, sin leyes sociales que procuren la existencia de una sociedad más justa para la extrema pobreza y el hambre que son "caldos de cultivo" para que la promoción de la violencia desaparezca del suelo patrio y haya más solidaridad humana, comprensión y amor entre los panameños.
Todos los panameños tenemos el compromiso de intensificar los esfuerzos contra la violencia y delincuencia juvenil, contra el narcotráfico y contra el crimen, contra la exagerada cantidad de armas que clandestinamente se encuentran en las calles en manos de irresponsables que hacen de ellas instrumentos de muerte.
La situación de violencia que se registra en la República está demandando, con urgencia, la organización de un frente nacional contra el hambre, la miseria y el desempleo, a fin de consolidar la paz y tranquilidad que la familia panameña está necesitando. Urge que los medios de comunicación, especialmente algunos canales de televisión, sean más conscientes de su papel orientador de la opinión pública y ofrezcan a los panameños programas que contribuyan, positivamente, al crecimiento cultural, a la sana recreación, al fortalecimiento de nuestros valores humanos y al robustecimiento de una familia que, en un alto grado, no está en condiciones de orientar a niños y jóvenes que se ven afectados por una ola de violencia y llegan a convertirse en delincuentes.

101 años de Panamá América

 
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