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Algo no funciona


Si existe un tema sobre el cual hay un total consenso, es que el mayor peligro que enfrenta la democracia en nuestro país es la pobreza. Y es que, como dijo alguien recientemente, "tenemos una pobreza que mata, pero no muere; que es tremendamente contagiosa porque los pobres multiplican pobreza". Estamos frente a un mal crónico y lo más preocupante es que sigue aumentando.
Desde que tengo uso de razón, recuerdo que todas las plataformas electorales han puesto la lucha contra la pobreza como su objetivo principal. Son numerosas las explicaciones que se han fundamentado.
Han sido muchos los análisis que, cuantificando pobres, se han producido para todos nuestros gobiernos.
Son centenares las organizaciones nacionales e internacionales que han dedicado tiempo y recursos al problema y existe una montaña de leyes que se han aprobado para hacerle frente a la pobreza. Sin embargo, las postergaciones en que se encuentran cientos de miles de personas en Panamá continúan creciendo.
Por otro lado, se ha podido observar que el carácter de la pobreza se ha ido transformando. Ya no se trata solamente de que ésta afecte a la población que se encuentra en el sector informal, sino que afecta a otros grupos.
En Panamá hemos compartido épocas de desarrollo económico sostenido, pero no podemos decir lo mismo con respecto al objetivo de erradicar, siquiera, la pobreza extrema. Es una meta que, por alguna razón, se nos escapa de las manos.
El considerar que la democracia está en peligro, no es una exageración. Todos sabemos que ésta es mucho más que elecciones libres; que consolidar un sistema de libertades demanda una sociedad con mucha mayor equidad social.
Panamá crece como si se tratara de dos países, somos una sociedad dual donde la comunicación entre los dos es cada vez más deficiente.
La pobreza crece y coexiste con un proceso de modernización, y la modernización, por lo general, está restringida a ciertos ámbitos exclusivos, lo que genera profundos abismos en la sociedad.
El éxito económico divorciado del éxito social no construye democracia.
Una advertencia al nuevo gobierno porque eso ya ha ocurrido. La escasa relación que existe entre lo que acontece en la esfera de lo político y las demandas de la población, se agrava cuando la modernización se limita a medios técnicos para incrementar la producción, o a mejora la gestión publica o privada.
Se corre un peligro de que la política aparezca como una actividad de especialistas, de una élite que está al corriente de las pautas de acción universales, y trata de insertarse en un mundo competitivo.
La vida de un amplio sector sumido en la pobreza queda por fuera. El riesgo que nos corremos es que los esfuerzos de integración internacional, puedan acarrear efectos negativos de desintegración nacional.
Viviendo en un escenario de baja equidad y de poca esperanza hay muchas probabilidades de que las presiones sociales se vuelvan intolerables y obliguen a recurrir a una alta densidad de intervenciones para regular y restablecer el equilibrio -como ha estado ocurriendo en la ciudad de Colón- originando situaciones y ambientes de inestabilidad y de desconfianza pública.
Realmente no entiendo qué es lo que no funciona, pero en mi opinión la diversidad de la situación de pobreza dentro del país, al tiempo que reafirma la centralidad del objetivo, sugiere la necesidad de adoptar énfasis estratégicos diversos para lograrlo.
Sin embargo, la superación de la pobreza será viable en la medida en que se logre eliminar -o reducir significativamente- sus causas.
Esto es, en la medida en que se incremente la generación de excedentes económicos, se logre su distribución equitativa, y se superen las restricciones existentes en la oferta y la demanda de medios de satisfacción de las necesidades básicas e la población.

101 años de Panamá América

 
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