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Algo sobre política exterior


La diplomacia es como un juego de ajedrez que, gracias a Dios, pocas veces termina en Jaque Mate. Casos extremos de intervención física como el de Noriega en Panamá o el de Hussein en Irak son excepcionales. Normalmente el cuadro mundial en el cual se definen las políticas exteriores suelen ser predecibles, lo que cambian son los jugadores; o sea, los gobiernos.

Los países que tienen bien definida una estrategia global, permanentemente actualizan su servicio exterior. Cada dos años convocan a sus embajadores y ajustan sus estrategias de acuerdo a las situaciones geopolíticas y a los cambios en las jefaturas de los gobiernos. Estructuran sus misiones en el exterior de manera que, mediante un sistema de carrera diplomática, rotan las posiciones más relevantes cada tres años.

Cuando analizamos la estrategia diplomática de Panamá, hay que echarse a llorar; el 90% de los funcionarios cambia cada cinco años y la mayoría se inicia sin ninguna experiencia previa. Meses antes de las elecciones presidenciales, los funcionarios en las embajadas están más preocupados pensando si van a ser destituidos que en la labor que desempeñan. Tan pronto se conoce el ganador de los comicios, se inicia la búsqueda de padrinos o relaciones familiares dentro del nuevo gobierno y los jefes de misión vuelven al país meses antes de la toma de posesión.

Por instrucciones de la Chancillería, dos meses antes del cambio de gobierno, los embajadores deben tomar sus vacaciones y presentar la renuncia 30 días antes de la toma de posición del nuevo gobierno. Eso significa que le tocará al nuevo embajador encontrar la misión a cargo de una secretaria.

Como el presupuesto nacional comienza a regir a partir de enero, ya para octubre no quedan partidas para cubrir viáticos, pasajes o salarios y los recién nombrados se quedan en el país y acumulan salarios para poder viajar a presentar credenciales ante los gobiernos designados.

Si el éxodo en las embajadas se da dos meses antes del cambio de gobierno y el nuevo embajador no viaja sino cuatro meses después de su nombramiento, y si cuando llega a su destino no encuentra a nadie que le apoye en la gestión, pasará un año antes de que pueda iniciar acción alguna a favor del país.

Cada nueva administración pregona que hará los cambios necesarios para lograr una verdadera "Chancillería" que responda a los intereses de la nación y no a determinados grupos políticos o privados. Durante la gestión Pérez Balladares, un canciller visionario, Don Gabriel Lewis Galindo (quien falleció antes de poder implementarlo) y su sucesor, Dr. Ricardo Arias, contrataron expertos locales y extranjeros, quienes hicieron un diagnostico de nuestro servicio exterior y recomendaron cambios drásticos.

Dicho estudio de gran valía está, como todo lo bueno en este país, durmiendo el sueño de los justos. Estamos cercanos a otra elección, ¿seguiremos exportando más de lo mismo?

101 años de Panamá América

 
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