Algunas consideraciones medio ambientales
Pudo haber quedado el sinsabor de mi entrega anterior (Opinión, lunes 12 de mayo), en el sentido absoluto de que las consideraciones medio ambientales deben estar de último al elaborar nuestra lista de prioridades nacionales. Nada más alejado de la realidad.
La única idea que traté de convenir, y pido excusas si no fui lo suficientemente explícito, es que en materia de emisión de dióxido de carbono, y por lo tanto, del efecto invernadero creado por la utilización de los derivados del petróleo para conseguir los efectos medio ambientales deseados, el mejor camino es el de resolver el problema económico vía la sustitución gradual y sostenida de la dependencia del petróleo.
Por su parte, en materia de generación de energía eléctrica, no es posible que el exagerado celo por cuidar la naturaleza no brinde equilibrio a las decisiones que haya que tomar para aumentar la oferta de electricidad, recurriendo a una excelente vía alternativa, como lo es el aprovechamiento de la generación hidroeléctrica del país.
De manera general, cada proyecto que así lo exija la Ley, debe ir acompañado de su respectivo estudio de impacto ambiental, y la determinación de si el proyecto es o no viable debe considerarse como una seria responsabilidad del Estado, administrada a través de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM).
No obstante, la ANAM no sólo debe ser reactiva como lo ha sido hasta ahora, sino también pro activa. No es necesario que haya un proyecto de deforestación de 100 árboles para que la ANAM exija la reforestación de la misma cantidad, sino que es importante que estemos permanentemente reforestando el país, tanto para atacar indirectamente el efecto invernadero como para proteger la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá.
El mar también debe ser objeto de protección ambiental. Debemos proteger la producción industrial y artesanal de la pesca tanto con fines de subsistencia como con fines exportadores. Debemos tener una política clara y efectiva de protección de algunas especies marinas vitales al momento del desove y de la reproducción, tal y como lo hacemos con la veda del camarón.
Y, finalmente, deberíamos pensar en la idea de desarrollar desde la iniciativa privada, pero también gubernamental, un proyecto de protección de especies marinas en peligro de extinción que, a su vez, sirva de enorme acuario para el deleite de todos, paralelo a un Instituto de Investigaciones Marinas, que nos permita desarrollar al máximo el conocimiento relativo a los aportes que el mar y las especies de flora y fauna que allí viven pueden hacer al mejoramiento de la calidad de la vida de los panameños en particular, y del mundo, en general.