Algunos comentarios
Leí el magnífico ensayo de Ricardo Soto Paredes "De conquistas y conquistadores" (El Panamá América, 12 de octubre de 2002). Según Soto "desde sus remotos orígenes, el hombre fue el depredador por excelencia". En una síntesis muy apretada, el ensayista le echa un vistazo a la historia criminal y rapaz del hombre desde que apareció en el planeta. Felicitaciones. Dio la casualidad de que, el mismo día que leí el ensayo de Soto Paredes, me entretuve leyendo en otra parte (muy interesante), sobre el poder que tuvieron sobre reyes y emperadores sus validos y consejeros, que "ocultos tras una cortina de humo", movieron los hilos del poder. La historia es larga, y va desde los que estaban detrás de los antiguos faraones hasta los modernos manipuladores, que se desplazan en jet detrás de reyes, sultanes, papas, emperadores y presidentes de los gobiernos. Hablan del poder que tuvieron Richelieu, Talleyrand, Rasputín y otros. Pero quiero hablarles un poco del siniestro Talleyrand, "talón de Aquiles del emperador" (Napoleón).
Este buen señor, para llamarlo de la mejor manera posible, "cambiaba de ideología como de camisa". Vivió una larguísima (para esos tiempos) de 84 años; y en sus quehaceres se iba a los extremos cuando de su bolsillo se trataba. No olvidemos que fue sacerdote y obispo durante diez años. Pero vino la Revolución y se hizo revolucionario (o robolucionario, como se decía entre nosotros). Consiguió ser diputado en los Estados Generales, y "le dio plomo" - como diría un panameño- a los curas que habían caído en desgracia. Esto provocó que el Papa lo excomulgara. Pero "no lloró por eso". Después de un "exilio" de dos años en Estados Unidos, volvió a París, y fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores. Dicen que fue tan provechoso para él este cargo, que "le hizo inmensamente rico". No lo dicen en el artículo que comento, pero se sabe por otras fuentes que, siendo Ministro de Napoleón, fue a Estados Unidos a negociar la venta de la Luisiana; y en esa operación se quedó con casi la mitad de los millones que pagaron a Francia por los nuevos territorios adquiridos. Talleyrand, se repite, no fue fiel a ninguna doctrina o credo, y trabajó sucesivamente para la Iglesia, para la Revolución, para el Imperio, para la Restauración y para la Monarquía Borbónica. "Pero nunca, nunca, dejó de hacerlo para su propio bolsillo". Murió inmensamente rico, y por lo que pudiera pasar, antes de fallecer se reconcilió con la Iglesia y recibió, santamente, los últimos sacramentos".
Una pregunta. ¿En quién pensaron cuando vieron a Sadam Hussein desenvainando una espada y amenazando que si atacan a su país, la sangre correrá a raudales en Estados Unidos? Yo pensé en lo que sucedió en Panamá: que quien blandía amenazante un machete, fue el primero que salió huyendo cuando la invasión norteamericana.
Pero cambiemos de tema. Escribieron por ahí: "que debemos tener mucho cuidado con el cáncer, porque "el 50% de los hombres en todo el mundo tiene cáncer en la próstata...". Imagínense: que la mitad de la humanidad masculina anda con cáncer en tan importante lugar del organismo. ¡Que 1,500 millones de hombres andan con tan terrible enfermedad! De ahora en adelante, cada vez que veamos a una multitud o vamos a una fiesta, pensaremos que la mitad de todos ellos padecen de cáncer en la próstata... A propósito amigo lector, ¿cómo anda usted de la próstata?
Este buen señor, para llamarlo de la mejor manera posible, "cambiaba de ideología como de camisa". Vivió una larguísima (para esos tiempos) de 84 años; y en sus quehaceres se iba a los extremos cuando de su bolsillo se trataba. No olvidemos que fue sacerdote y obispo durante diez años. Pero vino la Revolución y se hizo revolucionario (o robolucionario, como se decía entre nosotros). Consiguió ser diputado en los Estados Generales, y "le dio plomo" - como diría un panameño- a los curas que habían caído en desgracia. Esto provocó que el Papa lo excomulgara. Pero "no lloró por eso". Después de un "exilio" de dos años en Estados Unidos, volvió a París, y fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores. Dicen que fue tan provechoso para él este cargo, que "le hizo inmensamente rico". No lo dicen en el artículo que comento, pero se sabe por otras fuentes que, siendo Ministro de Napoleón, fue a Estados Unidos a negociar la venta de la Luisiana; y en esa operación se quedó con casi la mitad de los millones que pagaron a Francia por los nuevos territorios adquiridos. Talleyrand, se repite, no fue fiel a ninguna doctrina o credo, y trabajó sucesivamente para la Iglesia, para la Revolución, para el Imperio, para la Restauración y para la Monarquía Borbónica. "Pero nunca, nunca, dejó de hacerlo para su propio bolsillo". Murió inmensamente rico, y por lo que pudiera pasar, antes de fallecer se reconcilió con la Iglesia y recibió, santamente, los últimos sacramentos".
Una pregunta. ¿En quién pensaron cuando vieron a Sadam Hussein desenvainando una espada y amenazando que si atacan a su país, la sangre correrá a raudales en Estados Unidos? Yo pensé en lo que sucedió en Panamá: que quien blandía amenazante un machete, fue el primero que salió huyendo cuando la invasión norteamericana.
Pero cambiemos de tema. Escribieron por ahí: "que debemos tener mucho cuidado con el cáncer, porque "el 50% de los hombres en todo el mundo tiene cáncer en la próstata...". Imagínense: que la mitad de la humanidad masculina anda con cáncer en tan importante lugar del organismo. ¡Que 1,500 millones de hombres andan con tan terrible enfermedad! De ahora en adelante, cada vez que veamos a una multitud o vamos a una fiesta, pensaremos que la mitad de todos ellos padecen de cáncer en la próstata... A propósito amigo lector, ¿cómo anda usted de la próstata?