“Alianzas”, interprimarias, o doble vuelta
Los "aspirantes presidenciales" de los partidos llamados de oposición (en algunos hay más de uno) están anclados en el pasado. Por eso insisten, una y otra vez, en forzar "alianzas electorales", dizque para servir "a los altos intereses de la patria"; pero cuyo propósito es, como ha sido en el pasado, repartirse cuotas del poder (y sus beneficios).
Desde hace varias semanas, varios de los infrascritos se han dado a la tarea de pintarnos "un oscuro futuro", que únicamente puede evitar una "unión de la oposición para enfrentar con éxito al PRD". Como la falta de imaginación parece haber acampado de manera permanente entre los partidos de la llamada oposición, varios de sus dirigentes hablan y proponen reuniones y conciliábulos, para "estructurar la necesaria alianza opositora". En su empírica simpleza no terminan de entender que a la gran mayoría del pueblo panameño, pero muy especialmente al 53% de los electores que no pertenecemos a sus partidos, "ese llamado desesperado" nos importa menos que una boñiga. Y no lo entienden porque todavía no se han dado cuenta de que ya estamos hartos de que, repitiendo la misma treta, nos impongan "sus candidatos".
Razón tienen, tanto Guillermo Endara como Ricardo Martinelli, al rechazar "el corralito" de la "alianza necesaria" en que pretenden encerrarlos "sus colegas opositores". Y también tienen razón en rechazar el siniestro engendro alternativo de las "elecciones interprimarias o multipartidarias"; la otra bellaquería, urdida para satisfacer ambiciones muy específicas de sus promotores.
Es cierto que si la alianza no cuaja, que no cuajará, la llamada oposición podría llegar a tener tres o cuatro candidatos: Endara, Martinelli y el o los que produzcan panameñistas, patrióticos y molirenas. Y también es cierto que en ese escenario el candidato oficialista, como es fácil predecir, sería el ganador. Pero lo que no es cierto, es que por miedo al cuco del PRD tengamos que seguirle el juego a "la llamada oposición" y respaldar sus fórmulas caducas y aberrantes.
Si a los aspirantes y dirigentes de la llamada oposición les preocupara la consolidación de una verdadera democracia en Panamá, y la antepusieran a sus intereses personales, en lugar de seguir trillando por el camino del chantaje electoral, debieran proponer y promover que en nuestro país, al igual que existe en la mayoría de los países latinoamericanos, se establezca el sistema de la doble vuelta, para que, en lugar de ellos, sea el pueblo el que decida.
La vía para establecerla es sencilla. La he propuesto antes, varias veces; y la vuelvo a repetir: No se requiere de una reforma constitucional; basta que mediante una brevísima reforma al Código Electoral expresamente se estipule, en desarrollo del artículo 177 de la Constitución, que dice que el presidente será elegido "por mayoría de votos", que "mayoría de votos es la mitad más uno de los votos válidos; y que en el caso de que ninguno de los candidatos obtenga esa votación, los que ocupen los primeros lugares concurrirán a una segunda vuelta.
No sólo hay que hablar de democracia sino practicarla. Y la verdadera democracia es aquella en la que el pueblo tiene la última palabra; y no los gamonales políticos partidistas.