default

Aló &#191Kankintú ? Aló &#191Manenec ?


Hasta hace poco, desconocía que en Panamá, existía una población llamada Kankintú. Gracias a que de repente escuché las peripecias pasadas por un grupo de técnicos para llevar la telefonía hasta ese lugar, conocí del desenvolvimiento de esta pujante comunidad, allá en las montañas bocatoreñas.
Kankintú, tiene una numerosa población indígena. También cuenta con una casa cural, una escuela, un centro médico y ahora con dos teléfonos públicos y uno residencial. El milagro de la comunicación telefónica, algo que parecía más que imposible, se hizo realidad.
Pero la labor no fue fácil según cuenta Mario Moodie, uno de los trabajadores encargado de las instalaciones telefónicas en el sitio. "Una cosa fue la alegría de saber que nos aprobaban el proyecto para nuestros paisanos y otra llegar hasta allá por nuestros materiales", nos comentó.
"Kankuntí está montaña adentro", agregó. "Partiendo de Almirante con una lancha rápida, navegábamos una hora hasta llegar a la boca del río Cricamola. De allí sorteando al río, una hora más, hasta aperarnos en un pueblo llamado Visira. Desde este punto era preferible, por el caudal y lo peligroso del río, continuar a pie. A pie y a falta de caballos, cargando muchas veces el material, por más de una hora bajo el sol y la lluvia hasta llegar al poblado. A eso hay que agregar los cuarenta y cinco minutos que nos tomaba peleando contra el lodazal, subir, el cerro en donde se encuentran nuestras instalaciones técnicas. Un cerro de difícil acceso en donde quien no está en condiciones, no sube".
Versiones como la de Moodie, nos han hecho conocer más parte del entorno bocatoreño.
Versiones también como la de Waldo Morales, un supervisor encargado de los teléfonos públicos en Darién, nos muestran una visión de lo que cuesta llevar la tecnología a muchos lugares del país.
"A veces he tenido que tragar lodo parejo", relató Morales. "Recuerdo la instalación del teléfono en Manenec, una población que pega casi con Colombia. En el tramo hacia Yaviza el carro se nos atascó varias veces en el lodazal de la carretera. Después para poder llegar, tuvimos que desplazamos en helicóptero. En esa área, por el problema de las señalizaciones, hubo que ubicar la caseta de radio en un cerro. Desde el cerro hasta donde se ubicó la cabina telefónica hay más de mil pies de distancia y entre ambos, una cantidad de árboles que era preciso subir para tirar el alambrado. Estas odiseas son reales, sin hablar sobre la lluvia, los mosquitos y veinte mil cosas más. Pero al final valió la pena. Si no, pregúnteselo al pueblo. La gente estaba feliz. Todos decían que en ese lugar tan metido, nunca pensaron en tener un teléfono".
Ambos testimonios, el de Moodie y el de Morales, también nos dejan otra reflexión. La instalación de teléfonos públicos se está incrementando cada día más. Lugares remotos como Kankintú y Manenec cuentan con la facilidad de recibir llamadas desde cualquier parte de Panamá y del mundo. De recibir para que en ambas vías se disponga de una comunicación efectiva.
Sin embargo, pese a cualquier tipo de esfuerzos, aún malos ciudadanos persisten en dañar estos canales de comunicación, sin importar el daño que puedan causar a muchos, cuyo contacto inmediato con otras latitudes es el teléfono público.
Ejemplo de ello es el caso de Vista Alegre, en donde un grupo de vándalos sin escrúpulos de ninguna clase, incendiaran por vagancia, una cabina telefónica, sin medir las consecuencias que ello acarreara. Quizás y que Dios me perdone, con la complicidad silente, de algunos poco importa.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América