Alto a la desidia
En estos días se ha destacado, a través de todos los medios de comunicación social del país, la impactante realidad del fallecimiento por inanición de una infante quien, junto al resto de sus hermanos, tenía varios días de no ingerir alimentos, debido a la situación de pobreza extrema de sus padres. Lo más triste de este caso es que, sucedió en un poblado de pescadores, a muy pocos minutos de la ciudad capital. Es probable que casos similares se estén dando en otras áreas del país, donde por su lejanía de los centros de salud o de sitios de cierta importancia comercial, no cuenten con carreteras o caminos de penetración que permita el envío de giras médicas o de asistencia social. Por la razón que sea, no hay justificación válida para que en pleno siglo XXI se muera de hambre una criatura inocente, porque los adultos no hemos sido lo suficientemente responsables para evitarlo.
¿Dónde estaban los padres de esos mártires del indolente mundo moderno? ¿Dónde están los políticos, tan hábiles para ubicar votantes en los sitios más escondidos y alejados de la civilización? ¿Dónde están los líderes sindicales que siguen exigiendo mejoras salariales y cononjías para los obreros, sin preocuparse por la suerte de los desempleados? ¿Dónde se esconden los gobernantes para "no ver" las vicisitudes de sus gobernados? ¿Si no desean acatar la responsabilidad inherente al cargo, por qué no lo rechazan? ¿Cuántos más tendrán que sucumbir para que acepten su ineptitud y poco importa con el sufrimiento ajeno? Las lamentaciones no van a resucitar a la niña, pero su muerte, para que no sea en vano, debe despertar la conciencia nacional, de manera que todos, sin excepción, nos hagamos el firme propósito de evitar, dentro de las posibilidades económicas de cada uno, que ni un solo niño o adulto fallezca por falta de alimentación adecuada.
Las autoridades deben buscar, en forma prioritaria, el establecimiento de empresas, locales y extranjeras, que ayudan a disminuir, en porcentajes importantes, el margen de desempleo que agobia a nuestra población. Si fuera necesario para lograr este propósito aprobar leyes laborales especiales, no deben dudar en hacerlo, pues con ello no afectarían las condiciones de los actuales trabajadores, sino que ayudarían a conseguir plazas de trabajo a los desempleados, a quienes no ampara ningún código vigente. El derecho al trabajo está establecido en nuestra Constitución, la obligación de facilitar el disfrute de ese derecho, vital para el sustento familiar, está en las manos de los gobernantes de turno. Cumplan con su deber, y ofrezcan las herramientas necesarias al pueblo, para convivir en forma digna dentro del conglomerado moderno. Sólo así estarían haciendo patria, desempeñándose como administradores honestos y responsables. Que de una vez por todas, quede eliminada toda posibilidad de decesos, por falta de alimentos.
¿Dónde estaban los padres de esos mártires del indolente mundo moderno? ¿Dónde están los políticos, tan hábiles para ubicar votantes en los sitios más escondidos y alejados de la civilización? ¿Dónde están los líderes sindicales que siguen exigiendo mejoras salariales y cononjías para los obreros, sin preocuparse por la suerte de los desempleados? ¿Dónde se esconden los gobernantes para "no ver" las vicisitudes de sus gobernados? ¿Si no desean acatar la responsabilidad inherente al cargo, por qué no lo rechazan? ¿Cuántos más tendrán que sucumbir para que acepten su ineptitud y poco importa con el sufrimiento ajeno? Las lamentaciones no van a resucitar a la niña, pero su muerte, para que no sea en vano, debe despertar la conciencia nacional, de manera que todos, sin excepción, nos hagamos el firme propósito de evitar, dentro de las posibilidades económicas de cada uno, que ni un solo niño o adulto fallezca por falta de alimentación adecuada.
Las autoridades deben buscar, en forma prioritaria, el establecimiento de empresas, locales y extranjeras, que ayudan a disminuir, en porcentajes importantes, el margen de desempleo que agobia a nuestra población. Si fuera necesario para lograr este propósito aprobar leyes laborales especiales, no deben dudar en hacerlo, pues con ello no afectarían las condiciones de los actuales trabajadores, sino que ayudarían a conseguir plazas de trabajo a los desempleados, a quienes no ampara ningún código vigente. El derecho al trabajo está establecido en nuestra Constitución, la obligación de facilitar el disfrute de ese derecho, vital para el sustento familiar, está en las manos de los gobernantes de turno. Cumplan con su deber, y ofrezcan las herramientas necesarias al pueblo, para convivir en forma digna dentro del conglomerado moderno. Sólo así estarían haciendo patria, desempeñándose como administradores honestos y responsables. Que de una vez por todas, quede eliminada toda posibilidad de decesos, por falta de alimentos.