Alto a la violencia
Muy acertada la propuesta del actual gobierno de crear un nuevo Viceministerio de Seguridad Pública para enfrentar la ola delictiva y regular la venta de armas de fuego, municiones y explosivos. Al parecer, la propuesta será presentada en la Asamblea Nacional en marzo cuando inicien las sesiones.
El incremento de la violencia con su secuela de crímenes, asaltos a mano armada, secuestros, droga y delincuencia juvenil, sigue en aumento provocando temor e intranquilidad en el seno de la familia panameña. Eso está afectando el normal desarrollo económico del país, porque son muchos los inversionistas nacionales y extranjeros que han sido víctimas de este estado de violencia incontrolable. No hay la seguridad indispensable para el trabajo productivo, la paz y la tranquilidad que necesita la nación para caminar hacia el progreso y bienestar de todos.
La violencia que se registra en la república está demandando con urgencia la organización de un frente común para que sociedad civil, partidos políticos, iglesia en una cruzada contra el vicio, el crimen y la droga, logren para el país un estado de cosas que propicien la armonía y la solidaridad en momentos en que nos preparamos para realizar actividades eleccionarias.
La seguridad y protección de vidas y bienes de los asociados es una prioridad de todo programa de gobierno que aspire una sociedad rica en valores morales y de allí que sea un imperativo que el gobierno se sienta interesado en aumentar los recursos que han de contribuir a que la violencia en Panamá vaya desapareciendo, paulatinamente. Es tarea del gobierno intensificar los esfuerzos contra la violencia, contra el narcotráfico que están haciendo tanto daño a los niños y a los jóvenes, reservas morales de la patria, contra la exagerada cantidad de armas que, clandestinamente, están en las calles en manos de irresponsables que hacen de ellas instrumentos de muerte.
Urge que los medios de comunicación, especialmente algunos canales de TV, sean conscientes de su papel orientador de la opinión pública y ofrezcan programas que contribuyan, positivamente, al crecimiento cultural, a la sana recreación, al fortalecimiento de los valores humanos y a la formación de una familia que, en un alto grado, no está en condiciones de orientar a niños y a jóvenes que se ven afectados por una ola de violencia que crece a ritmos vertiginosos.