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Alza del combustible


Con los precios internacionales del petróleo tocando las nubes, pasando el precio de 40 dólares el barril, con paso firme hacia los 50 dólares, quedan pocas dudas que, salvo que se ponga pronto freno a la actual espiral alcista, las prometedoras estimaciones de la economía mundial para el presente año recibirán de lleno un serio traspié, tras mostrar alentadores signos de recuperación el año pasado.
Panamá no es una isla y, por ende, el aumento de 12 centavos del precio por galón de gasolina y de 5 centavos el diesel, es consecuencia ineludible de la actual situación de los mercados internacionales del crudo.
El mundo y su economía son petróleo -dependientes crónicos, incluyéndonos. Así las cosas, no es de extrañar que las primeras reacciones contra el alza y sus consecuencias estén produciéndose con mayor o menor virulencia.
Los transportistas, a través de su Cámara Nacional del Transporte (CANATRA), que agrupa a 284 organizaciones, están considerando hacer un llamado a huelga porque la ley les impide transferir al usuario del servicio el costo del aumento del combustible sin que, al mismo tiempo, se advierta por parte del Gobierno, la adopción de medida de mitigación alguna para enfrentar la situación.
Por otro lado, es lógico esperar que, con efecto inmediato, el costo de la electricidad se va a producir, en perjuicio de los consumidores y los industriales que -seguramente- se inclinarán por traspasar el aumento al precio de sus productos, con efectos inflacionarios inmediatos. Salvo un repentino mejoramiento de la situación internacional, no sería realista esperar una solución milagrosa al problema en los meses venideros. ¿Qué hacer?
A nivel individual cada quien debe programar y racionalizar su gasto, rodando menos y apagando más. En lo gubernamental es más difícil porque el largo período de transición trabaja esta vez en contra suya. No puede esperar a que la próxima administración asuma el poder. ¿Qué puede hacer?
El Ejecutivo nacional no tiene que inventar la rueda frente a la crisis que se viene encima. Primero ha de aguardar el breve margen para no hacer nada, a ver si el mercado nacional e internacional se corrige solo. Si la situación persiste, las alternativas son pocas: bajar el impuesto por consumo de combustible, subsidiar, o cruzarse de brazos dejando al mercado flotar a la libre. Entre todos, luego de llegar al límite con la última alternativa, intentaríamos una solución vía reducción de impuesto de consumo de combustible. A fin de cuentas, la razón de ser del impuesto, a más de recaudista, es para castigar el consumo excesivo. Y este último -castigo del consumo excesivo- propósito se llena con creces con los altos precios actuales.

101 años de Panamá América

 
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