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Ambiente malsano


Un hecho cierto es que la vida intelectual en nuestro país está sumamente deteriorada. No hay, por así decirlo, una sostenida conversación amena y reposada sobre cuestiones elevadas del espíritu. Pueda que ello se deba a que han desaparecido, sobretodo en el área citadina, aquellas cafeterías de antaño en que alrededor de un "pintao" se conversaba legalmente en diálogo ordenado sobre cuestiones filosóficas, literarias, sociológicas o científicas, temas que con gran gusto se extendían hasta la hora propia para ingerir alimentos de medio día o quizás hasta la prima noche, siempre que se tratara de un fin de semana o día de asueto o, por qué no decirlo, por estar sufriendo el castigo del desempleo a consecuencia de las represalias impuesta por los regímenes oligárquicos.
Naturalmente, nos estamos refiriendo a la década del 50 en que la miseria no estaba tan incrementada como en el presente. No existía entonces, la enorme cantidad de vendedores ambulantes y los temas que se abordaban se desarrollaban sin interrupción de extraños. Recuerdo que en uno de los restaurantes adyacentes al Banco Nacional de la Ave Central concurrían connotados escritores y poetas, de los que cabe mencionar a José María Sánchez, Ramón H. Jurado, entre otros, así como políticos progresistas o periodistas de algún renombre.
Era el centro obligado de reuniones para tratar con la debida seriedad los asuntos nacionales, ya que con el favor de la lucha revolucionaria se concurría a la emisora HOQ, cercano a ese sitio, donde se hacía uso libremente de los micrófonos para condenar las arbitrariedades del gobierno.
Entonces, con frecuencia, se pagaba con la cárcel, ya que al finalizar las transmisiones del radioperiódico, estaban al pie de la escalera, revolver en mano, los antiguos agentes de la Policía Secreta, ocupándose del arresto arbitrario que ordenaba su jefe verbalmente, desde luego sin una orden de autoridad alguna, pero allá en el encierro se meditaba y era reiterativo el propósito de no claudicar a pesar de todos los sacrificios.
Destacada conducta jugaron, entonces, los miembros del Frente Patriótico junto a sus altos dirigentes y con igual determinación, los miembros del Partido del Pueblo, cuyo locales estaban instalados en el área de Santa Ana.
Pero retomando nuestras opiniones iniciales sobre el ambiente muy diferente que impera en las cafeterías citadinas, es obligante que quien se precia de serio, se ha de mostrar renuente a tomarse una taza de café en algunas de ellas, sobre todo en aquellas en que es conocida su asistencia por elementos de baja calaña, elementos sin dignidad alguna que profieren como saludos frases hirientes, propias de la baja escala moral en que se agitan como delincuentes profesionales, ya que son de los llamados "arregla documentos" contra quienes la justicia los persigue frecuentemente como estafadores de incautos. Naturalmente cuando en los bajos fondos ellos mismos se "ajustan las cuentas" la sociedad decente siente un alivio.

101 años de Panamá América

 
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