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Amenaza, espanto e indolencia


Este diario, tanto en editoriales como en sus columnas, ha señalado en diversas ocasiones el peligro y la seria amenaza social que constituye un enmascarado en el escenario de nuestra vida cotidiana, lo cual hace imperativo su arresto. Se cubre el rostro para asegurarse de no ser reconocido al momento de ejecutar sus siniestros propósitos. Es por eso que sostenemos que su persecución debe ser prioritaria para detenerlo a la mayor brevedad posible.
Uno de los errores más serios que cometen nuestras autoridades cuando se captura a peligrosos delincuentes y se les toma fotos, es permitirles que se cubran el rostro. Es importante que la comunidad los vea. Si alguno de ellos se fuga de la cárcel, cualquier ciudadano podrá reconocerlo y contribuir así a su recaptura.
Vigilantes del acontecer nacional, procuramos cooperar con las autoridades. Hacemos, con las mejores intenciones, sanas críticas para corregir errores del mismo modo como aplaudimos a funcionarios y a cualquier persona cuyas actuaciones sean dignas de reconocimiento y loa.
Hoy, desgraciadamente, tenemos que exteriorizar nuestro desengaño y nuestra más vehemente protesta por la lenidad y la indolencia de nuestras autoridades.
Su falta de acción ha causado estímulo para los enmascaramientos.
Lo sucedido en Colón no tiene nombre ni perdón. Se ha creado ya una situación de espanto. Una gavilla de maleantes enmascarados y con machetes en mano, ha tenido la audacia de amenazar abiertamente con salir a las calles la próxima semana y cometer actos de violencia. Eso no tiene justificación. Las autoridades han debido allanar el lugar, desarmarlos y apresarlos. Ya que eso no se hizo por descuido o porque no se pudo, lo que procede ahora es que el gobierno se prepare a reprimirlos y que públicamente se le haga saber al país que, desde ahora en adelante, dondequiera que aparezca un enmascarado será especialmente perseguido.

101 años de Panamá América

 
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