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Amenaza para la paz


No es ningún secreto el programa de armas nucleares que está desarrollando Corea del Norte, si de manera oficial esa república comunista abiertamente así lo reconoció. Tampoco es desconocida la rigidez ideológica que caracteriza a ese régimen totalitario y la actitud belicosa que se manifiesta en permanentes provocaciones a Corea del Sur y sus aliados, impulsadas por el compulsivo deseo de sus intemperantes cabecillas de ir a la guerra. En ese sentido, han estado apertrechándose desde el conflicto armado de 1950-53 que estableció la división de la Península en las dos Coreas, de por medio el Paralelo 38.
Corea del Norte es un país sumamente pobre que ha gastado sus recursos en compra de numeroso armamento y en la preparación militar, mientras su población carece de lo elemental. En esa desventurada zona se producen crisis humanitarias, al no haber ni siquiera alimentos para satisfacer las vitales necesidades de un pueblo oprimido por el más cerrado absolutismo.
Si se analiza esta errada política no es de extrañarse, por tanto, que la industria bélica ocupe preferente lugar y que, en ese rumbo, se haya seguido el camino de la energía atómica no para consolidar el bienestar sino para la ofensiva guerrerista y la muerte, para colocar las tenebrosas ojivas en misiles de largo y mediano alcance.
En diciembre del año pasado, pública y cínicamente, el anotado régimen comunista anunció la reanudación de su actividad nuclear, de espaldas a expresas disposiciones de la comunidad internacional a la que desafía alevosa y constantemente.
222 El estado de cosas se vuelve aún más peligroso ante la posible eventualidad de que Corea del Norte comience a realizar ensayos con cabezas nucleares y que éstos vayan a manos de terroristas...
Según una publicación del diario Asian Wall Street Journal, China, que es república amiga de la mencionada, ha informado que Pyongyang posee en la actualidad los componentes necesarios para fabricar misiles con cabeza nuclear y suficiente plutonio como para construir una bomba atómica.
Otros medios de comunicación, igualmente prestigiosos, dan a conocer que Corea del Norte puede tener ya armas de destrucción masiva, como seis bombas nucleares, a juzgar por las insolentes y pendencieras declaraciones de sus gobernantes.
Recientemente, ocasionó un tiroteo en la bien vigilada frontera, con soldados de Corea del Sur, lo que demuestra la explosiva situación que realmente no ha cambiado en medio siglo. Son reveladoras las declaraciones de Alexander Vershbow, Embajador de Estados Unidos en Moscú, quien califica a Corea del Norte como la mayor amenaza para la paz y la estabilidad global (AFP- EFE).
Con estas aseveraciones, el diplomático en referencia ha recordado que Corea del Norte integra el Eje del Mal, ese grupo de países alentados por posiciones extremas que atentan a la libertad, la democracia y los derechos humanos y que mantienen una línea de conducta que no se aparta del pertinaz hostigamiento y del reiterativo conflicto.
El estado de cosas se vuelve aún más peligroso ante la posible eventualidad de que Corea del Norte comience a realizar ensayos con cabezas nucleares y que éstas vayan a manos de terroristas, entre las que constan, inclusive, propias posiciones norcoreanas.
La ONU ha enfatizado que la comunidad internacional debe unirse para combatir la amenaza terrorista. Frente a lo que está aconteciendo en Corea del Norte, es hora de que demuestre su importancia dentro del contexto universal y adopte las oportunas medidas que fueren menester para que el colosal peligro sea neutralizado a tiempo. En esta delicada materia, mañana es demasiado tarde.

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