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Amenazas y más amenazas


Hace unos meses vimos al embajador de Panamá en los Estados Unidos, señor Guillermo Ford, dar unas declaraciones que publicó El Panamá América. De manera ofuscada, el Sr. Ford demandaba al gobierno panameño la creación y el envío a Washington de una comisión que negociara con el gobierno norteamericano una serie de temas que se mantenían pendientes. Entre esos temas me llamó la atención el relativo a la seguridad panameña. Posteriormente, en reuniones que sostuviera con líderes de la oposición, el embajador de los Estados Unidos en Panamá, Sr. Simón Ferro, manifestaba preocupaciones en la misma dirección por el hecho de que el gobierno panameño no avanzaba en los compromisos contraídos (¿?), según él con su país, especialmente en materia de seguridad.
Paralelo a estos hechos, el descontento nacional por la postración económica del país y por los problemas sociales, originados por la olímpica incapacidad de los arnulfistas, se incrementaba vertiginosamente, a tal punto que una encuesta de la CID Gallup, promocionada por TVN y por El Panamá América, dejaba al Gobierno muy mal parado y a la Presidenta con muy poca hemoglobina política para aguantar las embestidas a las que todavía está siendo sometida. Creo que no fue casualidad que días después el presidente de la Cámara de Comercio planteara la salida del cargo a la Sra. Presidenta y que algunos editoriales de medios importantes se hicieran eco de semejante temeridad.
Lo cierto fue que a las pocas semanas, con bombos y platillos, Gobierno y partidos de oposición firmaban un documento sobre la seguridad nacional, documento que en su momento cuestioné por considerarlo nocivo a los intereses nacionales, en tanto recogía una serie de aspiraciones improcedentes y similares a las que los norteamericanos nos plantearon con insistencia cuando se negociaba el CMA. Para mí el documento que se firmó fue producto de las presiones y las amenazas que soterradamente hicieron los norteamericanos al gobierno de la Sra. Presidenta; documento que sirve de marco de referencia para que desde Panamá se pueda implementar el Plan Colombia que lleva a cabo el gobierno de los Estados Unidos y que implementa el Pentágono.
Fresca la tinta de la firma del documento de seguridad, los norteamericanos exigieron velocidad en la aprobación del Convenio de Fuerzas Visitantes para el adiestramiento y la capacitación de personal panameño en actividades que aún se desconocen. Estamos seguros que no enviarán a Panamá una delegación de Boys Scouts ni de Niñas Guías para esos propósitos, pues ninguna de estas instituciones juveniles portan armas, requisito sine quo non exigidos en el Convenio. Parece que al igual que al documento de seguridad, el Gobierno le daba larga al asunto, pues el mismo, para sorpresa de sus firmantes -me refiero a los de la oposición-, se venía discutiendo desde ¡noviembre del año pasado!, es decir, mucho antes de que se firmara el documento de seguridad. El lector recordará que entre esas dos fechas tanto el Premier como el Canciller habían firmado dos convenios que, hasta el momento, la oposición y la opinión pública desconocen.
Lo cierto es que ahora los gringos vuelven a apretar. Quieren el convenio de Fuerzas Visitantes, quieren taponear el Darién, desean 27 hectáreas para la nueva sede de la misión diplomática (una especie de "a new little canal zone"), siguen hostigando con la Hutchison Wampoa, con la inseguridad del país, con la corrupción de la sociedad panameña, el narcotráfico y el lavado de dinero; en resumen, la satanización generalizada. ¿Tendrá todo ello que ver con las audiencias que se han llevado a cabo en el senado norteamericano en las que se acusa a nuestro país de no cooperar con las autoridades de los Estados Unidos en la lucha contra las drogas y el blanqueo de dinero? ¿Tendrá todo esto que ver con las demandas y la inclusión de Panamá en la lista negra de los países del grupo de los 7 u 8 para que Panamá deje de ser un paraíso fiscal y se convierta en un recaudador de impuestos de esas naciones?
En su momento manifesté a algunos compañeros del partido que era conveniente hacer causa común con el gobierno de la Sra. Presidenta frente a las presiones y las amenazas que desde el Norte, y a través de sus aliados internos, se hacían sentir, y que para ello había que convencer al Gobierno, en este caso al ministro Spadafora, sobre las inconveniencias de producir un documento en medio de esa situación. No se podía ni se puede permitir que a escasos meses de nuestra liberación y de la entrega del Canal nuestro país esté dando imágenes políticas negativas cuando desde afuera y desde adentro se trate de romper con la armonía de nuestras instituciones políticas, pues para la sociedad internacional los panameños seremos importantes en la medida en que no permitamos ruidos en las riberas del Canal.
Desafortunadamente se hizo todo lo contrario, se hizo causa común con el Gobierno en la propuesta de seguridad que éste último apresuró sacar debido a esas amenazas y presiones. Sin embargo, considero que ahora lo que está en juego es mucho más serio. Se trata ahora de la seguridad del pan de muchos panameños que dependen de nuestra economía de servicios, donde el sistema bancario y el sistema de sociedades anónimas son sus pilares. ¿ No será el momento de hacer un llamado de unidad nacional ante un peligro que afectará verdaderamente la seguridad económica panameña y por ende, nuestra seguridad nacional? ¿ O es que cuando de seguridad se trata, solamente es la estadounidense la que vale?
Que no se diga ahora, como se dice en ciertos corrillos, que con este escrito estoy manifestando antinorteamericanismo. La periodista Betty Brennan, en escritos anteriores, ha señalado (palabras más o palabras menos) que con el CMA "los gringos querían hacer en y desde Panamá lo que les viniera en ganas"; y con las pretensiones de obtener el Convenio de Fuerzas Visitantes, están amenazando nuevamente a nuestro país. Creo que con los Estados Unidos y con otras naciones amigas debemos establecer acciones coordinadas en la lucha contra la delincuencia internacional. Lo que no podemos es hacer el papel de tontos, donde la parte más delgada del embudo nos toque a los panameños. Como diría el Dr. Eduardo Morgan, en su ensayo que leí por correo electrónico, que más que ensayo es un grito de alerta, sería imperdonable no cerrar filas, pues se estaría enterrando al istmo. Los líderes del país tienen la palabra.

101 años de Panamá América

 
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