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¿América Latina sin brújula?


La probable llegada de Luis Inácio da Silva, “Lula”, a la presidencia de Brasil, la tendencia totalitaria de cepa comunista de Hugo Chávez y el fracaso de regímenes democráticos liberales como los de Argentina, llevan a diversos analistas a discutir si América Latina ha perdido la brújula política y anda a tientas sin encontrar su destino, dentro de las corrientes ideológicas contemporáneas.
No puede ocultarse, indudablemente, que las naciones sudamericanas de mayor consistencia económica y demográfica - concretamente Brasil y Argentina - soportan crisis que instan a buscar nuevos caminos de solución que por su gravitación geopolítica podrían arrastrar al resto del hemisferio, para bien o para mal.
Si al cuadro de crisis de Argentina y Brasil agregamos los descaecimientos de Perú con el vacilante gobierno de Toledo, la impopularidad creciente del régimen de Paraguay y la fragilidad financiera de Uruguay y Bolivia, llegaremos a la conclusión de que sólo Chile, con la coalición socialista- demócrata cristiana que sustenta a Ricardo Lagos, escapa a la inestabilidad que diezma al resto.
Sin embargo, resulta indispensable precisar puntos políticos importantes para ajustar los perfiles del panorama hemisférico. La realidad financiera de Brasil, con una deuda externa de 300 mil millones de dólares, no le da opción al posible gobierno de Lula de saltarse a la garrocha este apremio. Los asesores de Lula podrían negociar mayor flexibilidad en los términos de pago de la deuda, pero no pueden dejar de atender los compromisos financieros de cumplimiento ineludible. Negarse a pagar la deuda llevaría a Brasil a una tormenta que acabaría ahogándolo.
Por otro lado, la tentación izquierdista que acecha a Lula tiene en el gobierno desastroso y antidemocrático del venezolano Chávez, el antídoto más elocuente. Y si Lula mira a Cuba comprobará que, después de 40 años de retórica incendiaria, Fidel Castro cada vez se aproxima más a los empresarios de Estados Unidos, como revela su encuentro reciente con los ejecutivos de Cargill. En los casos de Perú, Paraguay, Bolivia y Uruguay, no podría mostrárselos al borde del abismo. Padecen trastornos más derivados de la personalidad de sus gobernantes que de asuntos estructurales.
América Latina está navegando en aguas agitadas, pero no todo está perdido si maduran los gobernantes y trabajan para que se reduzcan los desniveles socioeconómicos con más seriedad y menos populismo.

101 años de Panamá América

 
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