“American Idiot”
"Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al cambio". (Octavio Paz).
Que sean nuestras primeras palabras para felicitar a Margarita por haber ganado en este famoso concurso. Las próximas palabras de aquí en adelante no son dirigidas en absoluto hacia su persona, sino al negocio de las llamadas en estos tipos de concursos.
Ya es común observar cómo ha proliferado el negocio de las llamadas para concursos y su influencia en las masas. Es increíble que teóricos de la comunicación hayan descrito por muchos años el comportamiento de las mismas. Muchos de ellos han llegado a la misma conclusión: "Las masas son heterogéneas por naturaleza, dispersas, descontroladas, anónimas, etc.", y agregamos, hasta estúpidas. Cómo es posible que en un programa de busca talentos a nivel internacional tenga un jurado para la preselección de cantantes por países y que al final del mismo, sólo puedan ofrecer críticas y que la votación sea valorizada por la cantidad de llamadas del público por su cantante de preferencia.
Imaginémonos un partido de fútbol en el que un equipo le gana al contrincante 5 goles a 1 y que el árbitro, al terminar el primer tiempo, señale que el partido se va a definir en su segunda parte por la cantidad de llamadas de los hinchas de cada equipo. ¿Tiene sentido esto? Irving Saladino ganó por su extraordinario salto que fue científicamente medido por un método, la longitud. El nadador especial César Barría, cruzo el estrecho de Gibraltar y fue medido científicamente por el cronómetro. Dos extraordinarias hazañas de panameños que estamos seguros que sus entrenamientos fueron prácticamente autofinanciados y que ningún ciudadano realizó alguna actividad masiva para recaudar fondos para estas glorias del deporte nacional. Ellos no ganaron por llamadas telefónicas.
Con American Idol, parte de la población se volcó desproporcionadamente a hacer actividades de toda índole para la recolección de fondos. La mayoría brindó su fuerza de trabajo gratis (increíble). La otra parte de la población gastó en tarjetas y, lastimosamente, no ganaron nada. Queda explícito que vivimos en una sociedad de consumismo, rodeados de problemas socioeconómicos reales y sin salida alguna. Así es nuestro bendito sistema.
Deberíamos como buenos cristianos aceptar los errores de nuestras acciones y utilizar nuestro sentido común. Caímos en la trampa de los "usureros de las llamadas", quienes son los verdaderos ganadores; se aprovecharon de nosotros y les hicimos su buenísima navidad. ¿Quiénes perdieron? Los que gastaron y no invirtieron en su propio provecho. Al final y de seguro, lo único que quedó fue un vacío económico en sus bolsillos y una ansiosa soledad. Como dijera el escritor español Gregorio Marañón: "La multitud ha sido en todas las épocas de la historia arrastrada por gestos más que por ideas. La muchedumbre no razona jamás".
Actualmente, hay una campaña humanitaria para salvar a un bebé llamado Juan Diego, quien necesita una operación urgente, pues tiene un problema cardíaco. Levantamos una de las latas de recolecta en una compañía que visitamos y palpamos que no podría haber ni siquiera cinco balboas para salvarle la vida a este infante. Reflexionamos por un instante con la lata en la mano y nos preguntamos, ¿cómo era posible recoger tanto dinero en tan poco tiempo para un programa internacional de cantantes "aficionados" y dejar de ayudar a Juan Diego? Nuestra conciencia está tranquila Juan Diego, nosotros invertimos por tu vida, por tu preciosa vida.
¿Y ahora qué, Panamá? Estamos listos en nuestra ociosidad masiva de esperar el próximo concurso televisivo de llamadas de cualquier tema para gastar. Nuestra economía está en "auge", ¡sigamos comprando tarjetas!, qué importa que no comamos hoy o mañana. Ganamos y tenemos que estar orgullosos de que en el continente americano somos los verdaderos "American Idiot".