Amor, dulce amor
Hoy estuve hablando sobre el amor, ese que se profundizó cuando me casé con Chito, (q.e.p.d.).
Cuando empecé a trabajar en el Chase Manhattan Bank, yo sólo tenía 15 años de edad y era mi tercer trabajo después de mi graduación.
Él había salido a desayunar porque como jefe de contabilidad entraba muy temprano y era, casi siempre el último en salir.
Debido a estos detalles él mismo se presentó y ese fue el comienzo de un amor de 50 años.
En su escritorio tenía un retrato grande de una joven que había trabajado ahí, que yo se lo hice quitar cuando acepté casarme con él “ahí le dije, sólo el mío”, y así lo hizo.
Aunque nos veíamos casi todo el día, en la noche me visitaba para hablar solamente del amor que nos unía y del futuro que nos esperaba.
En aquella dulce y segura época, todos los sábados de 7 p.m. a 11 p.m. los jóvenes salíamos a bailar, muchas veces hasta el amanecer y los noviazgos eran seguros y discretos.
Actualmente, el amor no ha cambiado, es dulce y halagüeño siempre; lo que sí es distinto es la seguridad sobre todo en las noches.
El que lea este artículo dirá “esta señora todavía está enamorada”; y lo estoy de mis recuerdos.
¡Feliz Año a mis lectores!