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Amor salvaje


No dejo de pensar en el sublime amor materno innato en toda mujer. Aún en países desarrollados existen posibilidades de morir por complicaciones de embarazo o parto; ella se arriesga a ser ese pequeño porcentaje. La mujer tercermundista, consciente del alto riesgo que está corriendo, enfrenta la muerte, cara a cara, para traer al mundo el producto de su amor, incluso si es un embarazo no deseado.

Busco en el interior de mi corazón y mente una definición precisa y justa de qué es "Amor Materno", y concluyo que es: "El más salvaje de los amores"; pues ella no medita en las consecuencias de sus actos con tal de proteger al hijo, ni esquiva la muerte a cambio de la vida de su hijos. No habrá hijo suficientemente viejo y fuerte que ella no pretenda proteger. Por este amor tan sublime que hay dentro de cada mujer, aconsejo lo siguiente:

Evitar el machismo o violencia contra la mujer.

Exhortar a los candidatos presidenciales a no explotar ese monumental amor materno en campañas políticas, máxime si la madre está siendo acosado por la pobreza extrema y desastres naturales como el actual; es como pegarle a un niño y es secuestrar la dignidad materna.

Si ella entrega su vida por sus crías con más razón entregará su dignidad implícita en el voto electoral. Por favor, no abusen del majestuoso árbol caído en desgracia, si todos sabemos que ella enfrentaría heroicamente al tigre en defensa del hijo, pero sola no puede atacar el hambre, la desnutrición, infecciones y desastre naturales, pues son fantasmas invisibles.

Si le vas a ayudar, que ella no sepa de dónde viene el arma para combatir los males, si al final todas las glorias son para ellas porque sus sacrificios son infinitos. Lo justo es crear leyes y organismos para evitar o aliviar las tragedias de tantas madres panameñas que sufren penurias en este país riquísimo.

Que todo hijo, ame a su madre en vida y todos los días se sienta orgulloso de ella, aún después de la muerte, tal como me siento yo por mi madre (q.e.p.d.) y a quien dediqué el poema a mimadre en su lecho de muerte:

Oh, madre abnegada,

misionera de mi vida,

siendo tu misión cumplida

te pierdes en la nada.

Cual etapa impulsora,

una vez la altura ganada,

te quieres despedir ahora.

No me dejes madre querida,

todavía no llega la hora

de la triste despedida.

Es que mi alma te implora

que espere el milagro colosal

de poder presentar a mi futura señora,

un magnífico astro celestial

de distancia aterradora,

pero mi fe es nave sideral

que a dicha distancia devora.

No me dejes madre, señora

espera un poco, un poquito más

para que veas la luz segadora

de su angelical faz.

101 años de Panamá América

 
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