Ampliación y plan de desarrollo
"Ya tenemos un plan de gobierno", contestaron molestos algunos voceros de la actual administración, sorprendidos por una propuesta de la APEDE, justo en el momento en que era enviado a consideración del Legislativo, el proyecto de ampliación del Canal, para que se casara con la elaboración de un Plan de Desarrollo Nacional. Cuando distinguidos panameños, Mario Galindo y I. Roberto Eisenmann Jr., entre otros, se manifestaron en términos más o menos favorables al planteamiento, la idea tomó cuerpo.
No es lo mismo un "plan de gobierno" que una "estrategia de desarrollo nacional". En esencia, la última trasciende los cinco años de mandato presidencial y a cualquiera sea el partido o alianza política en el poder. En otras palabras, debe ser producto de un acuerdo nacional, similar al que dio origen al actual título constitucional sobre el Canal, tema sobre el cual todas las "fuerzas vivas" del país acordaron la fórmula vigente para administrar la vía con o mayor eficiencia que los Estados Unidos y libre de los vicios y defectos que contaminan el resto de la vida nacional. Aunque a algunos les choque, el modelo funcionó y es totalmente exitoso. Aquello parece otro país; un enclave del primer mundo en uno del tercero. Otros lo resienten y quieren votar que no, cuando debieran estar orgullosos y mirarse diariamente en el espejo del Canal eficiente, para decirse, que es posible ser mejor y que no hay razón alguna para no repetirlo para el resto de nuestras vidas y del país entero. Se podría afirmar que hay que "canalizar a Panamá".
Organicemos la discusión y adoptemos cuanto antes una estrategia nacional de desarrollo, sin retrasar ni condicionar el proyecto de ampliación, para que no nos sorprenda luego la improvisación ni la rebusca, cuando, terminada la ampliación y pagados los préstamos -si fuera el caso- queden para el país 28 mil millones de dólares anuales, o sea cuatro veces más que el presupuesto actual de todo el Estado. La cifra puede parecer exagerada; pero es indudable que quedará mucho dinero para tan pequeño país. ¿En qué gastaremos semejante caudal de riqueza? Bueno, de eso precisamente se trata.
No es lo mismo un "plan de gobierno" que una "estrategia de desarrollo nacional". En esencia, la última trasciende los cinco años de mandato presidencial y a cualquiera sea el partido o alianza política en el poder. En otras palabras, debe ser producto de un acuerdo nacional, similar al que dio origen al actual título constitucional sobre el Canal, tema sobre el cual todas las "fuerzas vivas" del país acordaron la fórmula vigente para administrar la vía con o mayor eficiencia que los Estados Unidos y libre de los vicios y defectos que contaminan el resto de la vida nacional. Aunque a algunos les choque, el modelo funcionó y es totalmente exitoso. Aquello parece otro país; un enclave del primer mundo en uno del tercero. Otros lo resienten y quieren votar que no, cuando debieran estar orgullosos y mirarse diariamente en el espejo del Canal eficiente, para decirse, que es posible ser mejor y que no hay razón alguna para no repetirlo para el resto de nuestras vidas y del país entero. Se podría afirmar que hay que "canalizar a Panamá".
Organicemos la discusión y adoptemos cuanto antes una estrategia nacional de desarrollo, sin retrasar ni condicionar el proyecto de ampliación, para que no nos sorprenda luego la improvisación ni la rebusca, cuando, terminada la ampliación y pagados los préstamos -si fuera el caso- queden para el país 28 mil millones de dólares anuales, o sea cuatro veces más que el presupuesto actual de todo el Estado. La cifra puede parecer exagerada; pero es indudable que quedará mucho dinero para tan pequeño país. ¿En qué gastaremos semejante caudal de riqueza? Bueno, de eso precisamente se trata.