Ana de los 1,035 días
Los conflictos derivados de la intransigencia, la soberbia, el autoritarismo y considerarse factótum suprema de la presidencia del patronato del Museo Antropológico motivó que el INAC se viese precisado a rescindir el contrato de concesión administrativa con dicho patronato.
La creación de este patronato tenía como objetivo inicial, dinamizar y agilizar el proyecto de rescatar y rehacer el Museo Antropológico, adecuándolo para hacerlo moderno, atractivo y funcional. En esa dirección el reconocido arquitecto Virgilio Sosa hizo un magnífico anteproyecto, el cual nunca se implementó según la concepción original. Desde la conformación del patronato hasta el 31 de octubre de 2,000 hay un desfase entre objetivos y logros, a pesar de que el Estado asignó recursos económicos para cubrir los 1,035 días transcurridos (2 años y 10 meses) de enero de 1988 al 31 de octubre de 2000.
Se entiende que la creación del patronato y el contrato de concesión administrativa con el INAC implicaba que era tarea del primero gestionar las donaciones privadas para llevar a cabo este proyecto, y no que el INAC tendría que subvencionarlo totalmente. Al recibir el patronato los fondos del gobierno por un total de B/.644.000.00 ( B/. 250 en el gobierno anterior y B/.394,000.00 en el actual gobierno -(fuera del pago de cuentas de luz, agua y teléfono no cuantificados) una parte de los mismos se destinaron al pago de dispares salarios y a proveedores. Limitándose el patronato a subsistir del erario público sin realizar un mayor esfuerzo en la captación de donaciones que le permitiese mayor autonomía financiera para agilizar y llevar adelante el proyecto por etapas.
La ausencia de un liderazgo gerencial, tanto en recurso humano como en las proyecciones del recurso económico asignado, evidencia claramente una incapacidad de gestión, ya que las verdaderas necesidades técnicas y científicas del museo no fueron resueltas, debido a una excesiva e innecesaria burocracia de 27 personas para un museo con una sola sala funcionando (cuya planilla quincenal era de 7,000.00) contribuyó, en parte, a drenar los fondos recibidos. El recurso humano calificado fue maltratado, humillado, irrespetado y subestimado en su desempeño laboral. Fe de esta situación la pueden dar las 22 personas que fueron despedidas sin causas justificadas ni probadas, en el término de 11 meses. Se contrataba al personal, luego de manera caprichosa en base a estados de ánimo, por intrigas, etc., se les despedía sin permitirles la continuidad necesaria, con los consiguientes costos económicos (liquidaciones) y de conocimientos acumulados que se pierden con cada despido. El museo tuvo contratados en su momento a profesionales idóneos que estuvieron dispuestos a aportar conocimientos, experiencias, producción y buena voluntad para contribuir con el proyecto, pero no se les valoró en su justa dimensión y por mantener criterios técnicos correctos, fueron despedidos.
La centralización de poder omnímodo fue la causa fundamental del fracaso de la gestión del patronato. Había que delegar autoridad y responsabilidades. El concentrar y retener para una sola persona los cargos de presidenta y representante legal, directora del proyecto arquitectónico (sin ser arquitecta) y el de directora ejecutiva del museo, obstaculizó y malogró el proyecto; agravado porque ninguno de los 3 cargos o poderes que ostentó rendía cuentas a la asamblea general del patronato (ver el pacto social, capítulo 4, artículo 4). La centralización del poder fue lo que llevó a que el comunismo como sistema político sucumbiera. Con este antecedente, la presidenta del patronato, en pleno siglo 20, persistió en su miopía geopolítica e histórica en basar su estilo de gestión en actitudes que la historia resiente había negado. Además que el gen de don Belisario no le ha beneficiado en nada a doña Ana... todo lo contrario.
Luego de 2 años de estar el patronato en el museo, no fue hasta el 22 de febrero de 2,000 que se reabrió parcialmente una pequeña sala (con fondos de la Embajada de Alemania) a un elevado costo, exhibiendo la cultura guerrera de Barriles. En los 8 meses de exhibición el público que ha asistido solamente ha podido apreciar una pequeña muestra de nuestro rico y variado patrimonio cultural. Con los subsidios recibidos del gobierno y las donaciones privadas el patronato debería haber tenido abiertas por lo menos dos salas más (incluida la del oro, que ya fue auditada). Ello no ha ocurrido así y mientras tanto, miles de piezas arqueológicas languidecen en las bodegas del museo, ocultas del público que reclama poder apreciar su legado histórico-cultural.
Ante el lamentable desenlace y fracaso de un bello proyecto que pudo ser una realidad y el estado de cosas generadas, es imprescindible que se aclaren muchas cosas en torno al pobre resultado del patronato, el uso de los fondos estatales recibidos, la inspección in situ de los trabajos que se alegan se hicieron, el audito e inventario del contenido de las bodegas, etc. La Contraloría General tiene una papa caliente en las manos, ya que estamos hablando de la 2ª. Vicepresidenta de un partido político aliado al gobierno, que ha sido perjudicado políticamente con esta situación.
Parece que un sino fatal persigue a Ana I, (y última) con el INAC, ya que esta es la tercera vez que es destituida por la misma institución, solamente que en esa ocasión la situación es mucho más complicada, ya que los empleados del museo quedan sin empleo y sin liquidación por tiempo laborado, además de proveedores que demandan pago y servicios no cancelados. ¡Réquiem por Ana de los 1,035 días!.
La creación de este patronato tenía como objetivo inicial, dinamizar y agilizar el proyecto de rescatar y rehacer el Museo Antropológico, adecuándolo para hacerlo moderno, atractivo y funcional. En esa dirección el reconocido arquitecto Virgilio Sosa hizo un magnífico anteproyecto, el cual nunca se implementó según la concepción original. Desde la conformación del patronato hasta el 31 de octubre de 2,000 hay un desfase entre objetivos y logros, a pesar de que el Estado asignó recursos económicos para cubrir los 1,035 días transcurridos (2 años y 10 meses) de enero de 1988 al 31 de octubre de 2000.
Se entiende que la creación del patronato y el contrato de concesión administrativa con el INAC implicaba que era tarea del primero gestionar las donaciones privadas para llevar a cabo este proyecto, y no que el INAC tendría que subvencionarlo totalmente. Al recibir el patronato los fondos del gobierno por un total de B/.644.000.00 ( B/. 250 en el gobierno anterior y B/.394,000.00 en el actual gobierno -(fuera del pago de cuentas de luz, agua y teléfono no cuantificados) una parte de los mismos se destinaron al pago de dispares salarios y a proveedores. Limitándose el patronato a subsistir del erario público sin realizar un mayor esfuerzo en la captación de donaciones que le permitiese mayor autonomía financiera para agilizar y llevar adelante el proyecto por etapas.
La ausencia de un liderazgo gerencial, tanto en recurso humano como en las proyecciones del recurso económico asignado, evidencia claramente una incapacidad de gestión, ya que las verdaderas necesidades técnicas y científicas del museo no fueron resueltas, debido a una excesiva e innecesaria burocracia de 27 personas para un museo con una sola sala funcionando (cuya planilla quincenal era de 7,000.00) contribuyó, en parte, a drenar los fondos recibidos. El recurso humano calificado fue maltratado, humillado, irrespetado y subestimado en su desempeño laboral. Fe de esta situación la pueden dar las 22 personas que fueron despedidas sin causas justificadas ni probadas, en el término de 11 meses. Se contrataba al personal, luego de manera caprichosa en base a estados de ánimo, por intrigas, etc., se les despedía sin permitirles la continuidad necesaria, con los consiguientes costos económicos (liquidaciones) y de conocimientos acumulados que se pierden con cada despido. El museo tuvo contratados en su momento a profesionales idóneos que estuvieron dispuestos a aportar conocimientos, experiencias, producción y buena voluntad para contribuir con el proyecto, pero no se les valoró en su justa dimensión y por mantener criterios técnicos correctos, fueron despedidos.
La centralización de poder omnímodo fue la causa fundamental del fracaso de la gestión del patronato. Había que delegar autoridad y responsabilidades. El concentrar y retener para una sola persona los cargos de presidenta y representante legal, directora del proyecto arquitectónico (sin ser arquitecta) y el de directora ejecutiva del museo, obstaculizó y malogró el proyecto; agravado porque ninguno de los 3 cargos o poderes que ostentó rendía cuentas a la asamblea general del patronato (ver el pacto social, capítulo 4, artículo 4). La centralización del poder fue lo que llevó a que el comunismo como sistema político sucumbiera. Con este antecedente, la presidenta del patronato, en pleno siglo 20, persistió en su miopía geopolítica e histórica en basar su estilo de gestión en actitudes que la historia resiente había negado. Además que el gen de don Belisario no le ha beneficiado en nada a doña Ana... todo lo contrario.
Luego de 2 años de estar el patronato en el museo, no fue hasta el 22 de febrero de 2,000 que se reabrió parcialmente una pequeña sala (con fondos de la Embajada de Alemania) a un elevado costo, exhibiendo la cultura guerrera de Barriles. En los 8 meses de exhibición el público que ha asistido solamente ha podido apreciar una pequeña muestra de nuestro rico y variado patrimonio cultural. Con los subsidios recibidos del gobierno y las donaciones privadas el patronato debería haber tenido abiertas por lo menos dos salas más (incluida la del oro, que ya fue auditada). Ello no ha ocurrido así y mientras tanto, miles de piezas arqueológicas languidecen en las bodegas del museo, ocultas del público que reclama poder apreciar su legado histórico-cultural.
Ante el lamentable desenlace y fracaso de un bello proyecto que pudo ser una realidad y el estado de cosas generadas, es imprescindible que se aclaren muchas cosas en torno al pobre resultado del patronato, el uso de los fondos estatales recibidos, la inspección in situ de los trabajos que se alegan se hicieron, el audito e inventario del contenido de las bodegas, etc. La Contraloría General tiene una papa caliente en las manos, ya que estamos hablando de la 2ª. Vicepresidenta de un partido político aliado al gobierno, que ha sido perjudicado políticamente con esta situación.
Parece que un sino fatal persigue a Ana I, (y última) con el INAC, ya que esta es la tercera vez que es destituida por la misma institución, solamente que en esa ocasión la situación es mucho más complicada, ya que los empleados del museo quedan sin empleo y sin liquidación por tiempo laborado, además de proveedores que demandan pago y servicios no cancelados. ¡Réquiem por Ana de los 1,035 días!.