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Analogías en libro sobre relaciones de Panamá y Estados Unidos


Aparte del siempre presente discurso del Canal, Estados Unidos estos días pareciera que observa a Panamá a través de la analogía. En el lenguaje contemporáneo podría decirse que la república ístmica se proyecta al público de este país a través de una historia virtual.
En lo que concierne a las relaciones políticas entre los dos países, el caso más contundente lo constituye la controversia alrededor del nombramiento del embajador James Dobbins a encabezar la misión de su país en la conflictiva situación de Kosovo, en reemplazo de Robert Gelbard que fue nombrado embajador en Indonesia.
Pareciera que críticos dentro del gobierno, probablemente algunos altos funcionarios del departamento de Estado, a que el antiguo asesor de la Casa Blanca asumiera esa crítica función en base de su actuación durante la crisis de Haití de 1994 durante el primer mandato del presidente William J. Clinton.
Estos anónimos funcionarios reabrieron antiguas acusaciones de que el diplomático había engañado al Congreso con el propósito de proteger la política de Clinton favoreciendo el regreso del primer presidente democráticamente electo, Jean-Bertrand Aristide, después de que fuera derribado por los militares. Específicamente, el diplomático fue acusado de encubrir las misteriosas circunstancias que dejaron inconclusas la investigación del asesinato en 1995 de Mireille Durocher Bertin, una prominente figura de la derecha opositora al gobierno de Aristide.
Lo que no fue mencionado en ninguna de las numerosas notas periodísticas desde que Raymond Bonner del New York Times reveló la disidencia dentro del gobierno por el nombramiento de Dobbins, es el importante papel que el embajador tuvo en las controvertidas negociaciones con Panamá para el establecimiento de un Centro Multilateral Antidrogas (CMA).
Según informaciones confidenciales obtenidas por este periódico, Dobbins, junto con Thomas "Mack" McLarty, el entonces enviado especial para Latinoamérica y amigo personal de Clinton, se perfiló como uno de los más acérrimos defensores del proyecto, mucho después de que los más altos funcionarios del departamento de Estado habían abandonado el proyecto como "un estorbo más que una ventaja" para las relaciones bilaterales entre Washington y Panamá.
Dobbins no es la única víctima de la complejidad e indecisión que ha caracterizado la política de Washington hacia Haití.
En un ensayo publicado este domingo en el suplemento literario del The New York Times, la erudita experta Amy Wilentz tacha como "absurda" las órdenes impartidas a las tropas de Estados Unidos cuando éstas invadieron la isla caribeña supuestamente para defender las instituciones democráticas violadas por la dictadura militar, pero que en muchos casos terminaron en defensa de los militares.
En el ensayo, Wilentz, una ex corresponsal de la revista Time y autora de un excelente libro sobre el desarrollo político de Haití, elogia una nueva obra del escritor Bob Shacochis, La Invasión Inmaculada que ofrece un detallado relato sobre las improvisaciones y los errores de la bien intencionada invasión, muchos de los cuales evocan la invasión de Panamá ordenada por el presidente George Bush con el fin de capturar al dictador Manuel Antonio Noriega.
"Los mensajes políticos de este libro," escribe Wilentz, "no son profundos pero sí importantes: Washington malogró la misión, ayudando a regresar a Aristide al poder pero sin otorgarle espacio a los haitianos que hubiera significado el desarme de las fuerzas de seguridad

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