ANAM y ruido
Con satisfacción hemos advertido que la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) está preparándose para afrontar la amenaza que constituye del excesivo ruido para la salud de los asociados.
Hace algunos meses nos ocupamos del asunto y francamente nos sentíamos con una gran desilusión. Pareciera que en la mencionada institución solo se le estaba dando beligerancia a las aguas, los bosques, los gases y la humareda. Pareciera también que en la ANAM no se habían hecho eco de los pronósticos médicos de la sordera que amenaza a gran parte de nuestra población, a más de que provoca estrés, alteración del sistema nervioso, desvelos y hasta ataques al corazón y que la ANAM no se interesaba en sacar del suplicio a una sufrida población debido a la impiedad de homicidas conductores de autobuses, de taxis y de propietarios de almacenes y de supermercados que criminalmente aturde y desesperan a su clientela.
Como no escapa a nuestro leal saber y entender, la ANAM no cuenta con suficientes partidas para desempeñar su cometido. En anterior editorial, por esa misma razón, señalábamos que para trabajar adecuadamente, esa institución necesita un ejército de inspectores y si no se establecen en los presupuestos nacionales las partidas correspondientes para nombrarlos no será mucho lo que pueda rendir.
Apoyamos y seguiremos apoyando, decididamente, toda acción que en beneficio de la sociedad tomen los directivos de la ANAM. Dada la situación de abuso en que nos encontramos, se hace ya inaplazable tomar medidas lo suficientemente rigurosas y aleccionadoras para combatir el ruido.
Deseamos advertir a los propietarios de almacenes que tienen constantemente y a todo volumen una estruendosa música o propagandas estruendosas, que vayan rectificando. Si no lo hacen ahora que es tiempo para ello, que se vayan preparando para afrontar las demandas de sus propios empleados, en un futuro cercano, reclamándoles ser indemnizados por daños a su sistema auditivo.
Hace algunos meses nos ocupamos del asunto y francamente nos sentíamos con una gran desilusión. Pareciera que en la mencionada institución solo se le estaba dando beligerancia a las aguas, los bosques, los gases y la humareda. Pareciera también que en la ANAM no se habían hecho eco de los pronósticos médicos de la sordera que amenaza a gran parte de nuestra población, a más de que provoca estrés, alteración del sistema nervioso, desvelos y hasta ataques al corazón y que la ANAM no se interesaba en sacar del suplicio a una sufrida población debido a la impiedad de homicidas conductores de autobuses, de taxis y de propietarios de almacenes y de supermercados que criminalmente aturde y desesperan a su clientela.
Como no escapa a nuestro leal saber y entender, la ANAM no cuenta con suficientes partidas para desempeñar su cometido. En anterior editorial, por esa misma razón, señalábamos que para trabajar adecuadamente, esa institución necesita un ejército de inspectores y si no se establecen en los presupuestos nacionales las partidas correspondientes para nombrarlos no será mucho lo que pueda rendir.
Apoyamos y seguiremos apoyando, decididamente, toda acción que en beneficio de la sociedad tomen los directivos de la ANAM. Dada la situación de abuso en que nos encontramos, se hace ya inaplazable tomar medidas lo suficientemente rigurosas y aleccionadoras para combatir el ruido.
Deseamos advertir a los propietarios de almacenes que tienen constantemente y a todo volumen una estruendosa música o propagandas estruendosas, que vayan rectificando. Si no lo hacen ahora que es tiempo para ello, que se vayan preparando para afrontar las demandas de sus propios empleados, en un futuro cercano, reclamándoles ser indemnizados por daños a su sistema auditivo.