¿Anarquistas en Inglaterra?
La existencia de desórdenes producidos por un puñado de anarquistas en Londres, difamando recientemente la estatua de Winston Churchill frente al edificio del Parlamento, me pareció tan infrecuente como percibir a miembros de la policía inglesa con bastones o toletes.
Es bien sabido que los países más civilizados del planeta admiran y hasta envidian, como auténtico modelo, el hecho de que el policía es un agente del orden sumamente estimado en ese país y que, tal vez por ello mismo, no porta armas de fuego, y ni siquiera toletes durante el desempeño normal de sus labores.
En una sociedad donde muchos consideran no solamente un derecho sino además un deber el protestar por aquellos que se estima como inaceptable o como una amenaza a la democracia, las manifestaciones son eventos comunes y esperados, con el debido respeto al derecho de terceros.
Algo diferente resulta la violencia programada por un número minúsculo de personas que salen de sus casas prometiendo de antemano que "van con el propósito deliberado de crear destrucción y caos". ¿Y cómo procede la policía y los Jueces de Paz frente a estas personas consideradas antisociales? Muy sencillo: procede a arrestar e investigar objetiva y descarnadamente los hechos y, con la Ley en la mano, impone multas en dinero o tiempo compensatorio de cárcel, tanto a quienes causan serios daños a personas y propiedades, como a los organizadores responsables por el descarrilamiento de lo que se presume un acto pacífico.
Bueno... esto es posible cuando no existen padrinos políticos ni económicos que garanticen actuar al margen de la Ley, ni quienes piensen siquiera que pueden actuar por encima de esa Ley. Por supuesto, allá no existen tampoco libritos ni cartillas que se apliquen como dogma o premisa mayor de carácter religioso ni político. Libertad sí, (¡por supuesto!), pero con responsabilidad cívica y ciudadana.
Al día siguiente de los actos vandálicos, la sociedad y en particular la prensa, la radio y la televisión responsables reaccionaron unánimemente y como un todo... pidiendo castigo ejemplar para aquellos incapaces de comprender que la libertad de que gozan hay que cuidarla. Y que, además y justamente, la deben a auténticos dirigentes nacionales, como un Churchill, quien supo unir al país contra el totalitarismo de Hitler, en momentos en que el resto de Europa, y gran parte del mundo, estaba de rodillas, era cómplice o se mostraba indiferente ante el monstruo.
Observando estos hechos, meditamos sobre nuestros países y el fenómeno anarquista, que se alimenta de repudio a la autoridad constituida y hasta de desconfianza fundada en una experiencia histórica de desgobierno, de poca evolución institucional y de frustración política que conduce al expediente revolucionario.
Recuerdo al respecto que un exilado de la República Española (liquidado por Franco) nos afirmaba en cierta ocasión que el gobierno constitucional había sido tildado de comunista, dentro y fuera de España, como consecuencia de las presiones internas y las declaraciones formuladas por poquísimos dirigentes de extrema izquierda. Este intelectual y profesor universitario se refería a las declaraciones incendiarias de quien ha pasado a la Historia como "La Pasionaria" y a las de sus camaradas leninistas que darían al traste con la República. Pero... agregaba él, la posterior caída en la larga dictadura franquista obedeció, sobre todo, al anarquismo rampante, muy extendido en las filas de la variada coalición republicana.
Buscando una explicación a estos desenvolvimientos, mucho se ha hablado de nuestra herencia histórica. Por ejemplo, refiriéndose a la España Primitiva, Fernando Díaz Plaja nos recuerda que "La disciplina, la entrega, se hacía a un hombre y, máxime, a una ciudad. Los españoles del tiempo no veían más allá de sus valles, de sus montañas, de su jefe nato... (Los jefes) tienen un grupo de fieles... que consagran sus vidas a la de su jefe, muriendo cuando él muere... no se alude a una cantidad vaga o lejana, la Patria, el Estado...".
¡Del individualismo absoluto el anarquismo no hay más que un paso! ¿No será lo jurídico y lo administrativo parte de los ingredientes esenciales de la grandeza de las sociedades nacionales? ¡Sin Ley, la República es una mentira!
Es bien sabido que los países más civilizados del planeta admiran y hasta envidian, como auténtico modelo, el hecho de que el policía es un agente del orden sumamente estimado en ese país y que, tal vez por ello mismo, no porta armas de fuego, y ni siquiera toletes durante el desempeño normal de sus labores.
En una sociedad donde muchos consideran no solamente un derecho sino además un deber el protestar por aquellos que se estima como inaceptable o como una amenaza a la democracia, las manifestaciones son eventos comunes y esperados, con el debido respeto al derecho de terceros.
Algo diferente resulta la violencia programada por un número minúsculo de personas que salen de sus casas prometiendo de antemano que "van con el propósito deliberado de crear destrucción y caos". ¿Y cómo procede la policía y los Jueces de Paz frente a estas personas consideradas antisociales? Muy sencillo: procede a arrestar e investigar objetiva y descarnadamente los hechos y, con la Ley en la mano, impone multas en dinero o tiempo compensatorio de cárcel, tanto a quienes causan serios daños a personas y propiedades, como a los organizadores responsables por el descarrilamiento de lo que se presume un acto pacífico.
Bueno... esto es posible cuando no existen padrinos políticos ni económicos que garanticen actuar al margen de la Ley, ni quienes piensen siquiera que pueden actuar por encima de esa Ley. Por supuesto, allá no existen tampoco libritos ni cartillas que se apliquen como dogma o premisa mayor de carácter religioso ni político. Libertad sí, (¡por supuesto!), pero con responsabilidad cívica y ciudadana.
Al día siguiente de los actos vandálicos, la sociedad y en particular la prensa, la radio y la televisión responsables reaccionaron unánimemente y como un todo... pidiendo castigo ejemplar para aquellos incapaces de comprender que la libertad de que gozan hay que cuidarla. Y que, además y justamente, la deben a auténticos dirigentes nacionales, como un Churchill, quien supo unir al país contra el totalitarismo de Hitler, en momentos en que el resto de Europa, y gran parte del mundo, estaba de rodillas, era cómplice o se mostraba indiferente ante el monstruo.
Observando estos hechos, meditamos sobre nuestros países y el fenómeno anarquista, que se alimenta de repudio a la autoridad constituida y hasta de desconfianza fundada en una experiencia histórica de desgobierno, de poca evolución institucional y de frustración política que conduce al expediente revolucionario.
Recuerdo al respecto que un exilado de la República Española (liquidado por Franco) nos afirmaba en cierta ocasión que el gobierno constitucional había sido tildado de comunista, dentro y fuera de España, como consecuencia de las presiones internas y las declaraciones formuladas por poquísimos dirigentes de extrema izquierda. Este intelectual y profesor universitario se refería a las declaraciones incendiarias de quien ha pasado a la Historia como "La Pasionaria" y a las de sus camaradas leninistas que darían al traste con la República. Pero... agregaba él, la posterior caída en la larga dictadura franquista obedeció, sobre todo, al anarquismo rampante, muy extendido en las filas de la variada coalición republicana.
Buscando una explicación a estos desenvolvimientos, mucho se ha hablado de nuestra herencia histórica. Por ejemplo, refiriéndose a la España Primitiva, Fernando Díaz Plaja nos recuerda que "La disciplina, la entrega, se hacía a un hombre y, máxime, a una ciudad. Los españoles del tiempo no veían más allá de sus valles, de sus montañas, de su jefe nato... (Los jefes) tienen un grupo de fieles... que consagran sus vidas a la de su jefe, muriendo cuando él muere... no se alude a una cantidad vaga o lejana, la Patria, el Estado...".
¡Del individualismo absoluto el anarquismo no hay más que un paso! ¿No será lo jurídico y lo administrativo parte de los ingredientes esenciales de la grandeza de las sociedades nacionales? ¡Sin Ley, la República es una mentira!