Andanada contra el bienestar general
La Comisión Europea y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) basada en París están regañando y amenazando con multas y listas negras a naciones y agrupaciones por sus políticas económicas. Usted pensaría que están escandalizados y amenazan a la Cuba de Fidel Castro, a la Venezuela de Hugo Chávez y a los dictadores de naciones africanas que han destruido el nivel de vida y la libertad de su gente, causando miseria, hambre y desesperación. No es así. Estos burócratas y líderes políticos europeos le están declarando la guerra a gobernantes que han logrado promover la prosperidad, fomentar sus economías, defender el espíritu de las leyes y la libertad ciudadana.
Según las más recientes estadísticas publicadas por el Banco Mundial, las seis economías con el mayor ingreso per cápita son: Luxemburgo, Liechtenstein, Estados Unidos, Bermuda, Suiza y las Islas Caimán. Todos son democracias de libre mercado. Se caracterizan por ofrecer un alto grado de libertad individual y económica a su gente. Todos también se caracterizan por proteger la propiedad privada, mantener bajos niveles de corrupción, gozar de sistemas judiciales independientes y honestos, muy pequeños mercados negros y muy bajos niveles de pobreza.
En un mundo racional sería de esperar que los demás países aplaudan tales éxitos y traten de imitarlos. Lamentablemente, vivimos en un mundo lleno de envidia, corrupción y deshonestidad intelectual. Las seis naciones más prósperas están siendo atacadas por un recién inventado y contradictorio “pecado”: la competencia desleal en impuestos. El delito, según la clase burocrática internacional, es que a pesar de haber creado bienestar, oportunidades y prosperidad, lo han logrado sin aplicar los excesivos impuestos de Francia y otras naciones de la “vieja” Europa.
Como era de esperarse, muchos ciudadanos de la vieja Europa han estado sacando sus ahorros e invirtiéndolos en esos mismos seis países exitosos, donde las inversiones no están sujetas a la rapacidad impositiva. Esos europeos actúan racionalmente para proteger su propiedad de la confiscación fiscal. Esto causa furia a las clases dirigentes de la vieja Europa y de manera irracional están exigiendo que los seis países exitosos aumenten sus impuestos, intercambien información con gobiernos corruptos y le cierren las puertas a quienes tratan de escapar de la esclavitud fiscal.
Si los seis países exitosos accedieran a ello, estarían reduciendo el nivel de vida de su propia gente. Claro que los burócratas europeos están conscientes de eso, pero su actitud es que si no pueden ser tan ricos como esos seis, hay que rebajarlos al bajo nivel de los países aplastados por los impuestos.
Cuando naciones de la vieja Europa tratan de dar marcha atrás y reducir impuestos son de inmediato atacadas por sus propios economistas estatistas.
El 24 de junio, el canciller alemán Gerhard Schroeder, fue increpado por la Comisión Europea por su plan de reducción de impuestos. El hecho que Alemania sufre una recesión y que sus impuestos están muy por encima de los niveles que lograrían la óptima recaudación y que permitirían acabar con la recesión parece no importarle a la CE. Hace algunos años, la Unión Europea censuró a Irlanda por sus bajos impuestos.
Bélgica, parte de la vieja Europa, ha proclamado su derecho unilateral de seguirle juicio a cualquiera que haya cometido crímenes de guerra en cualquier parte del mundo. Así, tribunales belgas han iniciado juicios contra el presidente George Bush, el secretario de Estado Colin Powell, el vicepresidente Dick Chenney y el general Tommy Franks.
Como el desgobierno en materia económica resulta en muertes (mayor mortalidad infantil, más corta expectativa de vida, etc.), debido a que existe una relación directa entre ingresos personales y bienestar, yo recomiendo que el mal manejo de la economía se añada a la lista de crímenes contra la humanidad. Tanto Fidel Castro como Hugo Chávez serían entonces enjuiciados por tales crímenes.
Nueva Zelanda promulgó hace varios años una ley bajo la cual los directivos del Banco Central serían despedidos si la inflación no se mantiene por debajo del nivel prescrito. Según el criterio belga, cualquiera puede ser considerado criminal. ¿Por qué, entonces, no castigar a las autoridades monetarias cuyas políticas crean inflación y empobrecen a la gente?
La mejor manera de mejorar las políticas económicas mundiales sería incluir en la definición de “criminal de guerra económica” a todos aquellos funcionarios de cualquier país que exijan se aumenten los impuestos y las regulaciones en otras naciones, cuyas poblaciones hoy gozan de los más altos niveles de vida.
*Presidente de Novecon Financial y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com
Según las más recientes estadísticas publicadas por el Banco Mundial, las seis economías con el mayor ingreso per cápita son: Luxemburgo, Liechtenstein, Estados Unidos, Bermuda, Suiza y las Islas Caimán. Todos son democracias de libre mercado. Se caracterizan por ofrecer un alto grado de libertad individual y económica a su gente. Todos también se caracterizan por proteger la propiedad privada, mantener bajos niveles de corrupción, gozar de sistemas judiciales independientes y honestos, muy pequeños mercados negros y muy bajos niveles de pobreza.
En un mundo racional sería de esperar que los demás países aplaudan tales éxitos y traten de imitarlos. Lamentablemente, vivimos en un mundo lleno de envidia, corrupción y deshonestidad intelectual. Las seis naciones más prósperas están siendo atacadas por un recién inventado y contradictorio “pecado”: la competencia desleal en impuestos. El delito, según la clase burocrática internacional, es que a pesar de haber creado bienestar, oportunidades y prosperidad, lo han logrado sin aplicar los excesivos impuestos de Francia y otras naciones de la “vieja” Europa.
Como era de esperarse, muchos ciudadanos de la vieja Europa han estado sacando sus ahorros e invirtiéndolos en esos mismos seis países exitosos, donde las inversiones no están sujetas a la rapacidad impositiva. Esos europeos actúan racionalmente para proteger su propiedad de la confiscación fiscal. Esto causa furia a las clases dirigentes de la vieja Europa y de manera irracional están exigiendo que los seis países exitosos aumenten sus impuestos, intercambien información con gobiernos corruptos y le cierren las puertas a quienes tratan de escapar de la esclavitud fiscal.
Si los seis países exitosos accedieran a ello, estarían reduciendo el nivel de vida de su propia gente. Claro que los burócratas europeos están conscientes de eso, pero su actitud es que si no pueden ser tan ricos como esos seis, hay que rebajarlos al bajo nivel de los países aplastados por los impuestos.
Cuando naciones de la vieja Europa tratan de dar marcha atrás y reducir impuestos son de inmediato atacadas por sus propios economistas estatistas.
El 24 de junio, el canciller alemán Gerhard Schroeder, fue increpado por la Comisión Europea por su plan de reducción de impuestos. El hecho que Alemania sufre una recesión y que sus impuestos están muy por encima de los niveles que lograrían la óptima recaudación y que permitirían acabar con la recesión parece no importarle a la CE. Hace algunos años, la Unión Europea censuró a Irlanda por sus bajos impuestos.
Bélgica, parte de la vieja Europa, ha proclamado su derecho unilateral de seguirle juicio a cualquiera que haya cometido crímenes de guerra en cualquier parte del mundo. Así, tribunales belgas han iniciado juicios contra el presidente George Bush, el secretario de Estado Colin Powell, el vicepresidente Dick Chenney y el general Tommy Franks.
Como el desgobierno en materia económica resulta en muertes (mayor mortalidad infantil, más corta expectativa de vida, etc.), debido a que existe una relación directa entre ingresos personales y bienestar, yo recomiendo que el mal manejo de la economía se añada a la lista de crímenes contra la humanidad. Tanto Fidel Castro como Hugo Chávez serían entonces enjuiciados por tales crímenes.
Nueva Zelanda promulgó hace varios años una ley bajo la cual los directivos del Banco Central serían despedidos si la inflación no se mantiene por debajo del nivel prescrito. Según el criterio belga, cualquiera puede ser considerado criminal. ¿Por qué, entonces, no castigar a las autoridades monetarias cuyas políticas crean inflación y empobrecen a la gente?
La mejor manera de mejorar las políticas económicas mundiales sería incluir en la definición de “criminal de guerra económica” a todos aquellos funcionarios de cualquier país que exijan se aumenten los impuestos y las regulaciones en otras naciones, cuyas poblaciones hoy gozan de los más altos niveles de vida.
*Presidente de Novecon Financial y académico asociado del Cato Institute.
(c)www.aipenet.com