Anécdotas
Esta columna se distingue por su usual mención de anécdotas con el ánimo de proporcionarle entretenimiento a sus lectores. Ellas, como relato que son de un suceso particular cualquiera, pueden ser verídicas, están sujetas a cambios por parte de quien las relata e incluso pueden ser inventadas.
Hoy ofrecemos una del multimillonario Pierpoint Morgan (1837-1837).
El era reacio a dejarse entrevistar por periodistas. Uno de ellos en Londres le solicitó una entrevista y le hizo comunicar que no se la concedería. Cansado por la insistencia de aquél, le hizo llegar un mensaje: "Cada minuto del señor Morgan vale cien libras".
Al recibirlo, el periodista manifestó: "Díganle al señor Morgan que los minutos de mi tiempo valen bastante más y sin embargo, se los dedico".
Morgan accedió, señalándose fecha y hora. Al recibirlo ni siquiera le ofreció asiento. Se limitó a preguntarle "¿Qué desea usted de mí?".
- "Nada más que pagarle las doscientas libras por los dos minutos, reloj en mano, que le haga perder".
- "Está bien, pero usted mandó a decirme que sus minutos valen más que los míos".
- "Y así es. He apostado con mis compañeros de redacción quinientas libras a que usted me recibiría y hablaríamos. Afuera hay uno de ellos que me acompañó hasta aquí para cerciorarse de que sería recibido por usted. He ganado la apuesta. Le pago sus doscientas libras y yo me gano trescientas. Ya ve, pues, cómo mi tiempo vale más que el suyo".
Le dejó sobre el escritorio las doscientas libras y se fue.