Anécdotas panameñas
Frente al clima prevaleciente de inseguridad personal, de noticias que día a día van de malas a peores, ante una sociedad sumida en el pesimismo colectivo, amigos muy amables que con frecuencia leen mis escritos, me han pedido que contribuya a refrescar un poco el ambiente publicando nuevamente algunas viejas anécdotas, agregándole otras de distinguidos panameños. He aquí, pues, algunas de ellas.
Doña María Herbruger de Linares, tronco de una numerosa y muy distinguida familia, suegra del Dr. Arnulfo Arias, era de naturaleza reservada, pero de mucho talento, corazón abierto y generoso. Tenía entre sus virtudes un fino sentido del humor. En una ocasión llegó muy preocupada una de sus nietas y le dijo: "Abuela, no sé qué hacer, pues a mi esposo le encanta el dominó y se la pasa jugando". Doña María calmó a la joven señora diciéndole: "Mijita, no te aflijas, dale gracias a Dios que él prefiere jugar al domino y no a las "damas"".
Gabriel, mi hermano, y yo nos dábamos ciertas tardes unos "tragos" con nuestros tíos Juancho, Pedro, Chencho y Gabriel Galindo, entre otros. En ocasiones íbamos, al caer la noche, a la casa del abuelo Mario a visitarlo, oír su conversación amena y a tomarnos el "arranque". Un buen día Gabriel y yo les propusimos con insistencia a los tíos "ir donde el abuelo". Chencho, muy considerado, le reportaba siempre a su esposa Mary en dónde estaba y hacia dónde se dirigía. Ese día, como era su costumbre, la llamó y le dijo que "iba a la casa de su abuelo". La respuesta fue muy corta y tajante: "Tú no tienes abuelo. El se murió hace muchos años". Nos quedamos, por supuesto, Gabriel y yo, sin la compañía de nuestro querido tío.
Pedro Vargas, el famoso "Tenor de las Américas" que tenía muchas y muy buenas amistades en Panamá, entre ellas la de mi familia, le gustaba cuando visitaba nuestro país, reunirse los domingos con un pequeño grupo de sus más íntimos amigos y pasar la tarde cantando, contando chistes y anécdotas. El parecía corto en el hablar, pero era muy ameno en la conversación y tenía mucho sentido del humor. En una ocasión, cuando se iniciaba en su carrera, nos decía que mientras viajaba por la Baja California en compañía de su amigo y pianista Alvarito, tuvo necesidad de ponerle combustible a su automóvil. En la gasolinera le preguntó al despachador: "Cuánto le faltaba para llegar a Indio", que era donde debía esa noche cantar. El joven se le quedó mirando sorprendido y le contestó: "Señor sólo la pluma, el arco y la flecha".
Don Ernesto De la Guardia, padre, mejor conocido como "Don Neco", entre sus muchas cualidades estaba la de ser una gran humorista. Son incontables las anécdotas conque a diario disfrutaron de ellas sus numerosos amigos. En una ocasión uno de ellos, muy serio, le dijo: "Neco, estoy sumamente preocupado, pues tu hijo -y aquí mencionó el nombre de uno de sus vástagos- está medio loco, no sé qué le está pasando". Don Neco, con una amplia sonrisa le contestó: "Me has dado una gran noticia. Ha mejorado sustancialmente de un día para otro, ayer no más pensé que estaba completamente loco. Muchas gracias, te agradezco la buena nueva".
A Don Neco se le acercó un día su hijo Eduardo y le preguntó sobre el parecer que le merecía su novia. Después de escucharlo con mucha atención, le dijo: "Hijo, ¿cómo se te ocurre pensar en casarte con una mujer más vieja que tú y más fea que yo? Ahí terminó el idilio.
Del Dr. Llorent. Aún muchos recuerdan su famosa entrevista en la Presidencia de la República con el Dr. Belisario Porras. Ambos eran adversarios políticos irreconciliables y se lanzaban constantemente dardos muy venenosos. En esa ocasión, el Dr. Llorent le dijo al Dr. Porras: "Mire Dr. somos dos águilas que se contemplan". Al Dr. Porras no le gustó para nada la comparación y le dijo: "Hombre, tú quieres decir un águila contemplando a un gallinazo". El Dr. Llorent ripostó: "Perdóneme, mi querido doctor, no he querido insultarlo".
A Gabriel Lewis le gustaba mucho coleccionar relojes de todo precio y calidad. Tenía Rolex, P. Phillip, Konstantin Choveron muy finos, y también poseía algunas imitaciones muy baratas. Un día caminando por las calles de Hong Kong, acompañado de su amigo José I. Blandón, se tropezó con un vendedor ambulante, quien fácilmente le vendió un "Rolex". Blandón le dijo: "Mire, don Gabriel, ese "Rolex" es una imitación". A lo que Gabriel le respondió con una sonrisa picaresca: "Eso no importa. Si yo me lo pongo la gente en Panamá piensa que es bueno; en cambio si tú te pones uno, aunque sea original, la gente se imaginará que es una burda imitación. Esa es la diferencia entre tú y yo mi querido amigo".
Volviendo a los relojes Rolex de Gabriel, en una ocasión, estando en Corea le recomendó a Ricardo Fábrega S. que se comprara un "Rolex" de "oro" de excelente imitación. Y "Ricky" le contestó que "si él se lo compraba, cuando llegaran a Panamá la gente iba a decir: "Mira, Ricky ya empezó a robar". Gabriel no le insistió y Fábrega regresó a Panamá con su viejo Seiko.
Doña María Herbruger de Linares, tronco de una numerosa y muy distinguida familia, suegra del Dr. Arnulfo Arias, era de naturaleza reservada, pero de mucho talento, corazón abierto y generoso. Tenía entre sus virtudes un fino sentido del humor. En una ocasión llegó muy preocupada una de sus nietas y le dijo: "Abuela, no sé qué hacer, pues a mi esposo le encanta el dominó y se la pasa jugando". Doña María calmó a la joven señora diciéndole: "Mijita, no te aflijas, dale gracias a Dios que él prefiere jugar al domino y no a las "damas"".
Gabriel, mi hermano, y yo nos dábamos ciertas tardes unos "tragos" con nuestros tíos Juancho, Pedro, Chencho y Gabriel Galindo, entre otros. En ocasiones íbamos, al caer la noche, a la casa del abuelo Mario a visitarlo, oír su conversación amena y a tomarnos el "arranque". Un buen día Gabriel y yo les propusimos con insistencia a los tíos "ir donde el abuelo". Chencho, muy considerado, le reportaba siempre a su esposa Mary en dónde estaba y hacia dónde se dirigía. Ese día, como era su costumbre, la llamó y le dijo que "iba a la casa de su abuelo". La respuesta fue muy corta y tajante: "Tú no tienes abuelo. El se murió hace muchos años". Nos quedamos, por supuesto, Gabriel y yo, sin la compañía de nuestro querido tío.
Pedro Vargas, el famoso "Tenor de las Américas" que tenía muchas y muy buenas amistades en Panamá, entre ellas la de mi familia, le gustaba cuando visitaba nuestro país, reunirse los domingos con un pequeño grupo de sus más íntimos amigos y pasar la tarde cantando, contando chistes y anécdotas. El parecía corto en el hablar, pero era muy ameno en la conversación y tenía mucho sentido del humor. En una ocasión, cuando se iniciaba en su carrera, nos decía que mientras viajaba por la Baja California en compañía de su amigo y pianista Alvarito, tuvo necesidad de ponerle combustible a su automóvil. En la gasolinera le preguntó al despachador: "Cuánto le faltaba para llegar a Indio", que era donde debía esa noche cantar. El joven se le quedó mirando sorprendido y le contestó: "Señor sólo la pluma, el arco y la flecha".
Don Ernesto De la Guardia, padre, mejor conocido como "Don Neco", entre sus muchas cualidades estaba la de ser una gran humorista. Son incontables las anécdotas conque a diario disfrutaron de ellas sus numerosos amigos. En una ocasión uno de ellos, muy serio, le dijo: "Neco, estoy sumamente preocupado, pues tu hijo -y aquí mencionó el nombre de uno de sus vástagos- está medio loco, no sé qué le está pasando". Don Neco, con una amplia sonrisa le contestó: "Me has dado una gran noticia. Ha mejorado sustancialmente de un día para otro, ayer no más pensé que estaba completamente loco. Muchas gracias, te agradezco la buena nueva".
A Don Neco se le acercó un día su hijo Eduardo y le preguntó sobre el parecer que le merecía su novia. Después de escucharlo con mucha atención, le dijo: "Hijo, ¿cómo se te ocurre pensar en casarte con una mujer más vieja que tú y más fea que yo? Ahí terminó el idilio.
Del Dr. Llorent. Aún muchos recuerdan su famosa entrevista en la Presidencia de la República con el Dr. Belisario Porras. Ambos eran adversarios políticos irreconciliables y se lanzaban constantemente dardos muy venenosos. En esa ocasión, el Dr. Llorent le dijo al Dr. Porras: "Mire Dr. somos dos águilas que se contemplan". Al Dr. Porras no le gustó para nada la comparación y le dijo: "Hombre, tú quieres decir un águila contemplando a un gallinazo". El Dr. Llorent ripostó: "Perdóneme, mi querido doctor, no he querido insultarlo".
A Gabriel Lewis le gustaba mucho coleccionar relojes de todo precio y calidad. Tenía Rolex, P. Phillip, Konstantin Choveron muy finos, y también poseía algunas imitaciones muy baratas. Un día caminando por las calles de Hong Kong, acompañado de su amigo José I. Blandón, se tropezó con un vendedor ambulante, quien fácilmente le vendió un "Rolex". Blandón le dijo: "Mire, don Gabriel, ese "Rolex" es una imitación". A lo que Gabriel le respondió con una sonrisa picaresca: "Eso no importa. Si yo me lo pongo la gente en Panamá piensa que es bueno; en cambio si tú te pones uno, aunque sea original, la gente se imaginará que es una burda imitación. Esa es la diferencia entre tú y yo mi querido amigo".
Volviendo a los relojes Rolex de Gabriel, en una ocasión, estando en Corea le recomendó a Ricardo Fábrega S. que se comprara un "Rolex" de "oro" de excelente imitación. Y "Ricky" le contestó que "si él se lo compraba, cuando llegaran a Panamá la gente iba a decir: "Mira, Ricky ya empezó a robar". Gabriel no le insistió y Fábrega regresó a Panamá con su viejo Seiko.