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Anel, tu tierra y tu gente nunca te olvidarán


Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. En términos generales, somos muy dados a ignorar lo bueno y sano de la gente, y a recalcar lo malo y negativo de éstas. En ésta época de elecciones nos hemos sumergido en campañas de descalificación y, en algunas ocasiones, con muy poca objetividad. En esta ocasión, quiero referime a algo que no tiene que ver con la política y que para nada es algo sólo de éste "instante".

Aguadulce, como todos nuestros pueblos, ha vivido sus épocas de gloria y de vacas flacas. Mi querido pueblo que tiene tanto que dar, está llamado, sin duda, a jugar un papel importante en el desarrollo de nuestra región, y le llegará su momento. Fe tengo de ello. Algunos aguadulceños se han ido y han olvidado por completo quién los vio nacer y crecer. Quizás algún día regresarán...

Sin embargo, hay quienes nunca se van aunque cumplan obligaciones en otras partes, y es el caso del Ing. Cholito De Bello, el Dr. Pachito Pimentel, el Sr. Andrés Avelino, los hermanos Sánchez Sarmiento, Armandín Fuentes. Rodolfito Tapia, y tantos otros que participan de cada fecha importante para su pueblo y que tienen presencia continua en sus familias y paisanos.

En esta oportunidad, quiero hacer mención especial del Lic. Anel Rodríguez Barrera, quien mostró siempre preocupación por su pueblo y su gente. Lo conocimos desde su infancia y aquel jovencito entusiasta de la escuelita Abelardo Herrera, que cantaba para San Juan el himno del padre Sidera, se mantuvo presente en Aguadulce.

Anel, me tomo la libertad de agradecerte por nuestro pueblo el que hayas compartido con nosotros tu gusto por la cultura y que de seguro esta labor hecha comprometerá a quienes te sigan a escuchar las voces que reclaman un espacio y un tiempo para la cultura y amor por nuestra tierra.

Gracias Anel por ser aguadulceño. Tu tierra y tu gente nunca te olvidarán. Es tan triste verte partir y saber que no nos acompañarás físicamente en las patronales, fundación, carnavales; pero, creemos que uno nunca deja lo que ama y tú, Anel, has amado tanto a Aguadulce que no lo dejarás jamás. Ojalá tu muerte no sea en vano, ojalá sirva para que quienes tienen la capacidad para hacer los cambios los hagan y para que nosotros los gobernados reflexionemos sobre el papel que cada uno de nosotros debe desempeñar para cooperar en nuestra seguridad y la de nuestros vecinos. No más violencia. No más muertes.

Levantemos nuestra voz. Queremos al Panamá conque Anel soñó. Una patria culta llena de música, colores y mucha paz.

101 años de Panamá América

 
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