Año con premio
Acabamos de tener, como cada cuatro años, un 29 de febrero. Este pasará a la historia por ser aquél en el cual cayó Aristide. Este año definirá si Bush seguirá o no en Washington. Los años bisiestos no sólo nos traen de "premio" un día más en el calendario, sino todo un calendario electoral para nominar al hombre más poderoso del planeta. El dispone del 40% del presupuesto bélico mundial y de más armas de destrucción masivas que el resto de ejércitos juntos. Sus FFAA poseen contingentes o bases en dos tercios de los miembros de Naciones Unidas. En los filmes de Hollywood suele aparecer como el adalid de la humanidad frente a invasiones extraterrestres, y en la realidad él decide qué países pueden ser intervenidos.
Él es conocido como el presidente americano. Unos 450 millones de latinoamericanos también son americanos, pero, al igual que más del 95% de la humanidad, no participan en esa elección. Esto, pese a que el mandatario a ser designado puede tener más poder sobre nosotros o nuestros países que muchos de por quienes votamos.
El actual ocupante de la Casa Blanca llegó a ésta con el respaldo de un cuarto del electorado estadounidense y tras haber quedado segundo. El colegio electoral le dio el triunfo por haber sacado 500 votos más en La Florida, aunque a escala nacional sacó 500,000 votos menos que su contrincante.
En la democracia que se propone como ejemplo y modelo para la globalización uno cualquier no puede ser candidato y menos ser electo. No se puede hacer nada sin una poderosa maquinaria y el aval de los grandes consorcios de prensa. El actual presidente buscara la reelección favorecido con un presupuesto de campaña de más de 150 millones de dólares. El único que le puede rivalizar es el del Partido Demócrata, que también ha amasado decenas de millones de grandes corporaciones.
Para conseguir dinero y poder, cualquier candidato presidencial norteamericano debe contar con el respaldo de varias corporaciones que le financien o protejan.
Posiblemente George W. Bush sea el personaje más impopular del mundo. Bush ha ocasionado la mayor protesta popular contra la presencia de un mandatario extranjero en la historia londinense cuando nos visitó hace poco. Hace un año él consiguió algo que nadie ha hecho: Cerca de diez millones de personas marchando contra él y su guerra en 600 ciudades del planeta.
Sin embargo, no es fácil que él pierda la reelección y, quien pudiese sustituirlo, es John Kerry, que no es muy diferente a él. Bajo el argumento de que hay que ganar como sea a los republicanos, la oposición demócrata ha decidido no levantar a ningún "radical" para coronar a un "moderado" que no asuste al campo medio. Kerry puede cuestionar la ocupación unilateral de Irak, pero apoyó la invasión y hoy pide un refuerzo de 40,000 tropas más.
Al mundo se presenta éste como un ejemplo de democracia, y el potentado saliente deberá demostrar su capacidad de exportar la democracia, aunque sea enviando a sus marines como premio.
* El autor ha sido profesor de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres (LSE).
Él es conocido como el presidente americano. Unos 450 millones de latinoamericanos también son americanos, pero, al igual que más del 95% de la humanidad, no participan en esa elección. Esto, pese a que el mandatario a ser designado puede tener más poder sobre nosotros o nuestros países que muchos de por quienes votamos.
El actual ocupante de la Casa Blanca llegó a ésta con el respaldo de un cuarto del electorado estadounidense y tras haber quedado segundo. El colegio electoral le dio el triunfo por haber sacado 500 votos más en La Florida, aunque a escala nacional sacó 500,000 votos menos que su contrincante.
En la democracia que se propone como ejemplo y modelo para la globalización uno cualquier no puede ser candidato y menos ser electo. No se puede hacer nada sin una poderosa maquinaria y el aval de los grandes consorcios de prensa. El actual presidente buscara la reelección favorecido con un presupuesto de campaña de más de 150 millones de dólares. El único que le puede rivalizar es el del Partido Demócrata, que también ha amasado decenas de millones de grandes corporaciones.
Para conseguir dinero y poder, cualquier candidato presidencial norteamericano debe contar con el respaldo de varias corporaciones que le financien o protejan.
Posiblemente George W. Bush sea el personaje más impopular del mundo. Bush ha ocasionado la mayor protesta popular contra la presencia de un mandatario extranjero en la historia londinense cuando nos visitó hace poco. Hace un año él consiguió algo que nadie ha hecho: Cerca de diez millones de personas marchando contra él y su guerra en 600 ciudades del planeta.
Sin embargo, no es fácil que él pierda la reelección y, quien pudiese sustituirlo, es John Kerry, que no es muy diferente a él. Bajo el argumento de que hay que ganar como sea a los republicanos, la oposición demócrata ha decidido no levantar a ningún "radical" para coronar a un "moderado" que no asuste al campo medio. Kerry puede cuestionar la ocupación unilateral de Irak, pero apoyó la invasión y hoy pide un refuerzo de 40,000 tropas más.
Al mundo se presenta éste como un ejemplo de democracia, y el potentado saliente deberá demostrar su capacidad de exportar la democracia, aunque sea enviando a sus marines como premio.
* El autor ha sido profesor de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres (LSE).