Año de la cultura
Pretender construir un nuevo país, cuyas bases se sustenten en el trabajo honesto, la investigación, la creatividad y el respeto a los Derechos Humanos, pasa inevitablemente por redefinir la Educación y la Cultura nacionales.
No podremos jamás llegar a las metas propuestas, si no diseñamos un nuevo ciudadano, con valores elevados, menos relativista, más coherente y dispuesto al sacrificio.
Una forma de lograr esta hazaña es apostando a la cultura. Exponer a nuestros niños y jóvenes al arte, al pensamiento abstracto, a la creación espiritual nos dará la posibilidad de ganar una generación con expectativas que van más allá del materialismo que hoy nos consume. Sí, ese tipo de personas es más difícil de manipular, de arrastrar hacia el consumismo y la superficialidad. Perderá quien apuesta a esa manera facilona de hacer fortuna, pero ganará el país que soñamos.
Las aulas de clases, pero también los medios de comunicación, los museos, las bibliotecas, las salas de teatro y las galerías serían esas armas que no se han usado, y que tanta falta hacen, para construir el nuevo Panamá. De nada servirán todos los miles de millones de dólares en los bancos, y el crecimiento material, sin gente apta que viva su nacionalidad.