Año después, todo sigue igual
La movilidad de sus manos está limitada a un 60%. Dependía de ellas para tornar la madera en piezas de arte, pero recogió las herramientas y la ebanistería quedó atrás. Lo único que le recuerdan sus manos y brazos quemados es aquel 23 de octubre cuando saltó del bus en llamas. Corrió con suerte, la mayoría de los pasajeros quedó enjambrado entre cenizas, sin poder identificar siquiera.
Para Luis Contreras, hoy lo más punzante no es el recuerdo o las quemaduras, es la insensibilidad del pueblo y las autoridades ante semejante tragedia: ?fue un dolor para el pueblo panameño, nadie sale a protestar sus derechos, nadie dice nada, los del gobierno les gusta que el pueblo sea ignorante, que no pelee sus luchas?. Perdió la fe en el sistema y en los políticos ?nadie tiene derecho a jugar con el dolor ajeno?, me repite.
Pide ajusticiar a quienes, según él, sin estar capacitados ocuparon un puesto público y tomaron decisiones pasando por alto la seguridad de los usuarios.
A un año de la tragedia, Luis no parece estar errado en su sentir, casi todo sigue igual; cambios cosméticos en la ley incapaces de detener regatas, malos tratos, o desperfectos mecánicos que arriesgan la vida del pasajero. Sólo se acentuó la ironía, el miedo y la indiferencia de algunos que ven en los sobrevivientes del B-06 un problema conocido, pero estancado.
Qué lástima que no supimos aprovechar la oportunidad, que nos ponía en las manos, la peor crisis del transporte.