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Ante la indigencia y el trabajo infantil


En Panamá tenemos diversos textos legales: Ley No. 3 de 1994 (Código de la Familia), Ley 40 de 1999 (régimen especial penal para la adolescencia); Ley 15 de 1990 (Convención de los derechos del niño), entre otras legislaciones, sobre esta materia. Por medio de éstas se ha intentado, de muchas maneras, erradicar el trabajo infantil y la indigencia, pero no nos engañemos, frente a este punto no hemos tenido éxito.

Se sigue observando, cada vez más, la presencia de menores indigentes pidiendo limosnas, aún en compañía de sus padres, tal cual si fuera una conducta que deberían aprender para toda la vida.

En la gran mayoría de los casos, estos menores están solos y deben llevar determinada cantidad de dinero ,producto de mendigar, a sus hogares (que muchos los tienen) so pena de recibir un castigo ejemplar de no hacerlo; y los que trabajan en la economía "informal", se juegan la vida entre los automóviles en los semáforos.

El problema sigue estando ahí; no hemos visto empeño de autoridad alguna para acercarse a estos menores y los ayude a salir de las calles y, en consecuencia, busque a sus progenitores; en caso de no tenerlos, que el Estado se encargue de su crianza y educación.

Solamente nos queda seguir viéndolos impávidos en estas fechas de fin de año, con el rostro de la inocencia, acercándose a la ventana del auto para vendernos algo o únicamente para pedirnos una moneda.

Para terminar con broche de oro el año, nos encontramos con el Proyecto de Protección Integral de Niñez y Adolescencia, que busca "regular" la situación de los menores en Panamá, que entre sus motivos se encuentra que los niños y niñas y adolescentes no trabajen. A fin de cuentas, nos gustaría que todas las bondades de este proyecto se cumplieran, pero las anteriores legislaciones buscaban lo mismo, y aún seguimos con los problemas (y todavía así volviendo a legislar sobre temas ya legislados); pero en esta ocasión otorgando una serie de derechos de ciudadano mayor de edad a los menores, lo que nos parece muy delicado, frente a su precoz desarrollo psicológico y de madurez emocional, ya que el mismo pretende que el Estado abandone su deber de protección y tutelar a los menores, y les permita "actuar con criterio propio".

Solamente esperamos que este renovado interés de proteger el "criterio propio" de los menores, no constituya para los padres una "Espada de Damocles" que penda sobre ellos al momento de educar a los hijos, y que esperemos que el Estado responda a su función tutelar de la niñez, pero respetando los derechos de Patria Potestad.

"La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras". (Jean Jacques Rousseau).

101 años de Panamá América

 
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